Secretos de una fan 3

Capítulo 12 - Atando lazos

Sección 1: Al otro lado de la pantalla

ESCENA 1 INT. HABITACIÓN DE IRUMI - NOCHE

La habitación está en penumbra, solo iluminada por la luz azulada de la pantalla del celular. Irumi sostiene el dispositivo con ambas manos, apoyada contra el respaldo de su cama. En la pantalla, el rostro de Leila aparece cansado, con el cabello ligeramente desordenado, reflejando el agotamiento emocional de los últimos días.

IRUMI (Con voz suave, intentando medir cada palabra) Leila, te noté rara en la última llamada. Sé que no querés preocuparme, pero algo pasó. ¿Tiene que ver con Thomas? Él se fue de la banda, nos dejó a todos en el aire.

Leila suspira, un sonido que llega a través del altavoz como un quiebre en la calma de la noche. Se pasa una mano por la frente antes de mirar a la cámara.

LEILA (Con la voz trémula) Thomas vino a Tegucigalpa, Irumi. Apareció en la puerta, en la madrugada... quería que dejara todo y me fuera con él.

Irumi se queda estática. La revelación es un golpe que no ve venir. El silencio se estira entre Costa Rica y Honduras, cargado de incredulidad.

IRUMI ¿A Tegucigalpa? ¿Viajó hasta allá por eso? Leila, no tenía ni idea... él no nos dijo nada, solo llegó y se fue.

LEILA (Con los ojos brillando de humedad) Fue una locura. Me pidió que lo eligiera a él. Y aunque fue la decisión más difícil de mi vida, aunque hubo un momento —un segundo, Irumi— donde quise replantearlo todo y decirle que sí... no pude. Tuve que cerrarle la puerta, pero me siento tan... tan vacía.

Irumi siente cómo una punzada de dolor le atraviesa el pecho, pero, a diferencia de otras veces, no hay espacio para sus propias lágrimas. Esta vez, el papel de ancla le corresponde a ella.

IRUMI (Con una determinación firme) Leila, no te contengas. Si necesitas llorar, hacelo. No llores por haber dejado pasar esa opción, no llores por él. Llorá porque al fin soltaste el secreto. Yo sé que vos también querías... que no era tan secreto para las dos. Soltalo todo ahora, que nadie nos está mirando.

Leila ya no aguanta más. Se cubre la boca con la mano, ahogando un sollozo, mientras las lágrimas comienzan a surcar sus mejillas. Irumi, al otro lado de la pantalla, mantiene la mirada fija, con los ojos empañados pero inquebrantable.

IRUMI Escuchame bien. Levanta la mirada y mira hacia el frente. Sé que ahora duele, que se siente como un error, pero un día, dentro de mucho tiempo, vas a mirar hacia atrás y, con la paz en el alma, vas a decir: "¡Era lo que tenía que ser!".

Leila intenta controlar su respiración, sintiendo cómo esas palabras actúan como un bálsamo sobre su herida abierta. Irumi respira profundo y, esbozando una sonrisa cálida que apenas le permite la emoción, añade:

IRUMI ¿Y sabes qué? Cuando volvamos a vernos, no vamos a hablar de esto. Vamos a contarnos todo lo que logramos, cada paso, cada meta. Vamos a hacer una gran celebración, con una fiesta y música. Vamos a reír hasta que nos duela la cara, Leila. Porque esto no es un final, es solo el costo de lo que estamos construyendo.

Leila, con la cara empapada y una sonrisa sincera que finalmente quiebra su tristeza, asiente lentamente, conmovida hasta lo más profundo.

LEILA (Con un hilo de voz) Gracias, Irumi. Gracias por... por estar ahí.

Leila apaga la cámara. La pantalla se vuelve negra, dejando a Irumi a solas en su cuarto. Pero a pesar del silencio, la sensación de alivio flota en el aire. Han dejado atrás la carga del secreto y la idealización, y por primera vez, el futuro no se siente como una amenaza, sino como un territorio que, tarde o temprano, caminarán juntas.

Sección 2: entre sueños y compromisos

ESCENA 1 INT. HABITACIÓN DE IRUMI - CONTINUACIÓN

El silencio tras apagar la cámara no es pesado; al contrario, se siente como una bocanada de aire fresco. Irumi se cambia a una posición más cómoda en la cama, recuperando el aliento tras la intensidad de la conversación. Mientras que, del otro lado de la línea, Leila, aún con los ojos ligeramente enrojecidos, se frota las sienes antes de recuperar la compostura.

IRUMI (Cambiando el tono, con una chispa de esperanza en la voz) Pero no todo es drama, Leila. Tengo que contarte algo... Raúl y yo, al fin, estamos intentando que esto funcione de verdad. Tuvimos una conversación muy honesta en el parque. Vamos a ir "de igual a igual", sin pedestales, sin juegos.

Leila esboza una sonrisa genuina, una que llega hasta sus ojos, suavizando las facciones que hace apenas unos minutos mostraban tanto dolor.

LEILA (Suspirando con un alivio reconfortante) Irumi... no tenés idea de lo feliz que me hace escuchar eso. Me alegra que por fin estén en la misma página. A veces siento un poco de envidia, ¿sabés? Envidié esa capacidad tuya de poner en una balanza tu carrera y tu relación, de encontrar ese equilibrio que yo siento que se me desmoronó entre las manos.

IRUMI (Negando levemente con la cabeza, con un gesto de humildad) No te equivoques, no ha sido fácil. He tenido que sacrificar muchas cosas, Leila. He tenido que aprender a callar mis impulsos y a ser más paciente de lo que jamás pensé ser. A veces, la balanza se inclina tanto que sentís que vas a caer, pero lo que aprendí es que el equilibrio no es algo que se encuentra, es algo que se construye todos los días, con cada decisión y con cada renuncia.

Leila asiente lentamente, absorbida por la profundidad de las palabras de su hermana.

LEILA Supongo que tenés razón. Las dos estamos aprendiendo a caminar sobre terreno desconocido. Vos con Raúl, yo... intentando encontrar mi propia forma de seguir sin ese "pedestal" que Thomas me impuso. Es un proceso agotador.

IRUMI Lo es. Pero si algo nos ha enseñado este viaje, es que somos más resistentes de lo que creíamos. Solo recordá esto: no necesitás que nadie te ponga arriba, ni tampoco tenés que bajarte vos misma. Solo tenés que ser vos.



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En el texto hay: secretos, hermandad, fan

Editado: 11.06.2026

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