Secretos de una fan

Capitulo 8: ¡Dando el 110%!

Sábado 17 de abril. 08:28 AM

El pasillo está en penumbra. Amelia está pegada a la puerta de madera, con la oreja apoyada, intentando escuchar cualquier señal de vida.

Amelia: (Golpeando suavemente) Amor... ¿qué tienes? Sabes que puedes contar con mamá para lo que sea. Por favor, abre la puerta, me estás asustando.

Silencio absoluto.

Leila: (Sentada en el suelo del pasillo, abrazando sus rodillas) Es inútil, mamá. Llevo media hora intentando conversar con ella, pero no hace caso. Es como si no hubiera nadie adentro.

Amelia: (Suspirando, angustiada) Lo peor es que debo salir urgente. Tu padre me llamó y... bueno, es importante. No quiero dejarla sola así.

Leila: Ve tranquila. Llama a la abuela Retana, tal vez ella pueda hacerla entrar en razón. A la abuela nadie le dice que no.

Amelia: Lo haré ahora mismo. Mientras tanto, intenta hacer que coma algo, por favor. No cenó anoche.

Amelia sale apresurada. Leila se levanta y va a la cocina. Regresa con un plato.

Leila: (Pegando la boca a la rendija de la puerta) Irumi... ¿quieres comer patatas fritas? Son las de queso, las que te encantan. Incluso te traje salsa extra...

Nada. Solo se escucha el zumbido de la nevera a lo lejos. Irumi sigue sin mencionar palabra alguna, encerrada en su fortaleza de soledad.

[Escena: Mismo Pasillo]

09:56 AM

La puerta principal se abre y entra la abuela Retana, con paso firme pero mirada preocupada.

Retana: (Llegando frente a la puerta) Mi niña, abre la puerta. Aquí está tu abuela muy preocupada por ti. Traje rosquillas. Abre la puerta, por favor, o tendré que usar la llave maestra de la abuela, y no quieres eso.

Silencio.

Leila: Es muy extraño, abuela. Irumi es de goma, siempre rebota. Nunca se había deprimido así, ni siquiera cuando Erick la dejó el año pasado por aquella porrista. Lloró un día y al siguiente ya estaba haciendo chistes.

Retana: (Negando con la cabeza) Es cuestión de perspectivas, hija. Hay ocasiones en las que una acción duele más que mil palabras. Y hay personas que duelen más que otras.

Leila: Sabía que tú sabrías lo que sucede. Eres la sabia de la familia.

Retana: Te equivocas, cielo. No sé qué es lo que ocurre si no logro verle los ojos. El silencio es un idioma muy difícil de traducir.

[Sonido de teléfono fijo: ¡RIIING!]

Leila corre a contestar.

Leila: ¿Aló?

Amelia: (Desde el auto, se oye ruido de motor) Leila, ¿Irumi comió algo?

Leila: Es inútil, mamá. No nos escucha, ni siquiera a la abuela Retana. Sigue en huelga de hambre y de vida.

Amelia: Ay, Dios mío... Bueno, mantengan la calma. Ya casi llegamos a casa. Esperemos que lo que traemos ayude a que reaccione pronto.

Leila: ¿"Llegamos"? De acuerdo.

Leila cuelga.

Retana: ¿Qué dijo tu madre?

Leila: Dijo que ya venían de camino. Supongo que pasó por papá al trabajo, aunque es sábado...

Retana: Esperemos que vengan pronto. Esta muchachita no reacciona y mi paciencia se está agotando. Voy a buscar las llaves de repuesto.

Sábado 17 de abril. 10:17 AM

La puerta principal se abre. Amelia entra cargando bolsas, con una sonrisa nerviosa pero esperanzada.

Amelia: ¡Ya llegamos! ¡Leila, Retana!

Leila: (Saliendo de la cocina desanimada) Qué bue...

Leila se queda congelada. Detrás de Amelia entra una mujer joven, alta y con aire decidido, seguida de dos niños pequeños.

Leila: ¡Noelia!

Noelia: (Abriendo los brazos) ¡Hermanita!

Leila corre y se funden en un abrazo fuerte. Los niños, Keilan (5 años) y Karina (3 años), se abrazan a las piernas de Leila.

Leila: ¡Hermanos, niños! ¡Qué sorpresa! No sabía que vendrían hoy.

Noelia: Me hacían mucha falta. La situación allá se puso fea y decidimos adelantar el viaje. Pero dime... ¿cómo está Irumi? Mamá me contó en el auto lo poco que sabe.

Leila: (Bajando la voz) Mal. Aún no sale de su habitación. No habla, no come. Es como si se hubiera apagado.

Noelia: (Suspirando y quitándose la chaqueta) Déjame intentar. Nadie le dice que no a su hermana mayor.

[Escena: Puerta de la Habitación de Irumi]

Noelia se acerca suavemente a la puerta cerrada. Leila, Amelia y la abuela Retana observan desde atrás. Los niños miran con curiosidad.

Noelia: (Golpeando rítmicamente: Toc-toc-toc-toc) Irumi... Soy yo. Soy Noelia. Ya estoy aquí.

Silencio por unos segundos. Luego, se escucha el clic del cerrojo. La puerta se abre lentamente, chirriando.

Irumi aparece en el umbral. Tiene los ojos hinchados, el cabello enmarañado y lleva la misma ropa de ayer. Parece un fantasma de sí misma.

Irumi: (Con voz ronca) ¿Hermana?

Noelia: Aquí estoy, mi loca.

Irumi se lanza a los brazos de Noelia y entierra la cara en su cuello. No llora a gritos, solo tiembla en silencio.

Keilan: Tía Leila... ¿qué tiene la tía Irumi?

Leila: (Acariciando la cabeza del niño) Aún no lo sabemos, campeón. Está triste.

Karina: ¿Es algo malo?

Leila: Esperemos que no.

Amelia y Retana miran la escena con lágrimas en los ojos. Noelia hace una señal para que le den espacio y entra a la habitación con Irumi, dejando la puerta entreabierta.

[Escena: Sala de Estar - Minutos después]

Noelia sale de la habitación, cerrando con cuidado.

Leila: Hermana... tú estudiaste muchas cosas, ¿no estudiaste psicología por casualidad?

Noelia: No, lo siento. Soy administradora, no maga. Pero está destrozada. No dice una palabra, solo me abraza.

Amelia: ¿Y si llamamos al tío Rojas? Quizás le pueda dar algún calmante.

Retana: ¿Crees que se sienta mal físicamente?

Noelia: Es probable que le duela el cuerpo por la tensión, pero el problema no es físico. Tiene el corazón roto. Se le nota en la mirada.

Leila: Puede ser... ¿Y si llamamos a Oscar?

Todos miran a Leila.

Noelia: ¿Oscar? ¿El chico del que me hablaste por teléfono?



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En el texto hay: comedia, romance, secretos

Editado: 06.01.2026

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