Secretos de una fan

Capitulo 11: Mi mayor secreto

Domingo 25 de abril. 09:18 AM

El consultorio es blanco y huele a antiséptico. Irumi está sentada en la camilla, balanceando las piernas. El Dr. Rojas revisa unos expedientes con el ceño fruncido, pero sonríe al mirarla.

Dr. Rojas: Irumi, tus sentidos están funcionando de maravilla. Has mejorado tu masa muscular y, lo más importante, tus niveles de glucosa se han estabilizado. Agradezco que pongas tu empeño en mejorar tu salud dejando de comer tanto dulce.

Irumi: 😭😭😭 Tío, no me lo recuerdes. Yo que adoro el dulce... siento que me falta un pedazo de alma. ¿No podré comerlo más?

Dr. Rojas: No he dicho que no puedas comerlo nunca, pero debes mantener la dieta estricta. Ya tu madre sabe qué darte y qué no. Nada de excesos.

Irumi: Tío, dime una cosa... ¿a qué crees que se deban los mareos que he sentido los últimos meses? A veces siento que el piso se mueve.

Dr. Rojas: (Revisando los papeles de nuevo, pensativo) ¿Aún persisten los mareos?... Es extraño. Tus niveles de glóbulos rojos y plaquetas están perfectos. Todo se encuentra bien en tu cuerpo, el tratamiento preventivo está funcionando… No hay razón fisiológica para ello.

Irumi: Bueno... intentaré comer más sano y hacer más ejercicio de ahora en adelante. Quizás sea solo estrés.

Dr. Rojas: Esa es mi sobrina. Ya puedes marcharte. Y recuerda: estas citas extras son nuestro secreto. 😉 No queremos preocupar a Leila sin razón.

Irumi: Hasta luego, tío. Gracias.

Irumi sale del consultorio. Normalmente asiste cada mes, pero esta cita fue "especial", solicitada por el mismo Dr. Rojas fuera de agenda. Algo en la mirada del médico no termina de convencer.

[Escena: Cocina de la Casa Hernández]

10:00 AM

Amelia está cortando verduras. Irumi entra por la puerta trasera, fingiendo estar agitada.

Amelia: Amor, ¿dónde andabas? Saliste muy temprano.

Irumi: (Haciendo estiramientos falsos) Salí a correr un rato, mamá. Quiero llegar al siguiente chequeo médico oficial en perfectas condiciones. ¡Mente sana en cuerpo sano!

Amelia: Eso es muy bueno. Deberías llevarte a correr a Leila de vez en cuando, jaja. Esa niña se va a fusionar con la cama.

Leila: (Entrando a la cocina en pijama y rascándose la cabeza) ¿Qué yo qué? (Bostezo enorme) ¿Hablaban de mí?

Amelia: ¿Te parece bien despertar a esta hora, señorita?

Leila: Mamá, hoy es domingo. El día del descanso sagrado.

Amelia: Sí, pero tu hermana salió a correr como una niña que se preocupa por su salud… Tú duermes demasiado.

Leila: Sí, bueno... al menos yo no me duermo una vez al mes de la nada sin tener ni una pizca de sueño.

Irumi: (Poniéndose rígida) ¡Leila!

Amelia: (Volteándose bruscamente con el cuchillo en la mano) ¡Leila! ¡Respeta a tu hermana! Sabes que no hablamos de eso.

Leila: (Bajando la mirada) Lo siento, hermanita... no quise decir eso. Se me escapó.

El ambiente se pone tenso. De repente, el teléfono de la casa suena, rompiendo el silencio.

[RIIIING... RIIIING]

Amelia se limpia las manos en el delantal y contesta.

Amelia: ¿Hola?... Sí, soy yo... (Su rostro pierde color rápidamente) ¿Qué?... ¿Cómo dice?... Pero...

Las niñas la miran. Amelia tiembla. La mano que no sostiene el teléfono choca contra una olla de acero que estaba en el borde de la mesa.

[¡CLANG!]

El ruido metálico es ensordecedor. La olla rueda por el suelo.

Leila: ¡Mamá! ¿Qué pasó?

Amelia cuelga el teléfono lentamente. Se queda de espaldas unos segundos, respirando agitada. Cuando se gira, tiene los ojos llenos de lágrimas, pero una sonrisa forzada en los labios.

Amelia: Nada, mi amor... Es solo que... llamaron del juzgado. Ascendieron a tu padre a Juez Penal. Me alegró demasiado la noticia. Es... es mucha presión, pero es bueno.

Leila: ¿En verdad, mamá? ¡Eso es genial!

Irumi: ¡Eso hay que celebrarlo! ¡Papá Juez!

Amelia corre hacia ellas y las abraza con una fuerza desesperada, casi dolorosa.

Amelia: (Llorando en sus hombros) Sí, mis amores... hay que celebrarlo. Estamos bien. Todos estamos bien.

Irumi: Mamá... ¿estás bien? Me estás apretando muy fuerte.

Amelia: Sí, lo siento niñas. Es la emoción... Solo es la emoción.

Amelia esconde su rostro para que no vean el terror en sus ojos. Esa llamada no fue sobre un ascenso.

Domingo 25 de abril. 12:56 PM

La casa es enorme y silenciosa. Raúl camina de un lado a otro, sintiéndose atrapado en su propio lujo.

Raúl: ¡Erick!

El chófer aparece de inmediato.

Erick: Dígame, joven Raúl.

Raúl: Podrías avisarle a papá que voy a salir. No quiero interrogatorios si me cruzo con él.

Erick: ¿No quiere que lo lleve? El sol está fuerte.

Raúl: No. Necesito respirar un poco… caminar, pensar. Gracias.

Erick asiente y se retira. Raúl se queda solo, mirando su teléfono.

Raúl: (Pensando en voz alta) No dejo de pensar en lo que pasó en Puntarenas... Y en esa pregunta: "¿Sientes celos de Oscar?". Maldición. ¿Será Oscar el hombre indicado para Irumi? Él la hace reír, yo la hago llorar. ¿Qué debo hacer?... De nuevo hablando solo, me estoy volviendo loco. ¿La llamo a su celular?... Sí, eso haré. Tengo que escuchar su voz.

Raúl marca el número de Irumi. Tuuu... Tuuu... Tuuu... Nadie contesta. Lo intenta una segunda vez. Tuuu... Tuuu... Buzón de voz.

Raúl: (Frustrado) De seguro no quiere saber de mí. ¿Qué hice para que esté así conmigo? Bueno, sé lo que hice, o lo que no hice... Llamaré a Leila. Es mi última carta.

Busca el contacto que Irumi le había pasado hace semanas "por si acaso".

[Escena: Habitación de Leila]

Leila está leyendo un libro cuando suena su celular. Número desconocido.

Leila: ¿Bueno?

Raúl: Leila... soy Raúl.

Leila: (Enderezándose de golpe) Raúl. Vaya... ¿A qué debo el "honor"?

Raúl: Me disculpo por molestarte en domingo. Irumi me dio tu número hace tiempo y como ella no contesta, decidí llamarte. Estoy... preocupado.



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En el texto hay: comedia, romance, secretos

Editado: 06.01.2026

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