Secretos de una fan

Capitulo 12: Yo soy tu fan #1

Domingo 25 de abril, 18:17. Casa de Irumi.

El sonido de la puerta cerrándose tras Raúl retumbó como un disparo en la sala. El silencio que siguió fue asfixiante.

—¿Qué pasó, Irumi? —preguntó Leila, rompiendo la tensión—. Raúl parecía un jet pasando en medio de todos.

Irumi se giró lentamente. Tenía los ojos inyectados en sangre y el maquillaje corrido. Sus piernas fallaron y cayó de rodillas al suelo, cubriéndose el rostro.

—¡Mamá, Leila! —gritó, con un dolor que nacía de las entrañas—. ¡Lo eché todo a perder!

Amelia corrió hacia ella, arrodillándose a su lado. —¡Irumi! ¿Qué pasa? Hija, ¿qué tienes?

Irumi alzó la vista, temblando incontrolablemente. Tomó aire, pero el llanto le ahogaba las palabras hasta que finalmente lo soltó: —¡Mamá!… ¡Tengo cáncer!

La palabra quedó flotando en el aire. Miguel soltó el periódico; Noelia se llevó las manos a la boca. El mundo pareció detenerse.

—Amor mío… —susurró Amelia, con lágrimas brotando instantáneamente, abrazando a su hija con fuerza—. Yo ya lo sabía… ¿Recuerdas el día que se cayó la olla? Ese día recibí el recado de tu tío.

Irumi se apartó bruscamente, mirándola con incredulidad y rabia. —¿Por qué tiene que ser así? —gritó al techo—. ¿Por qué a los malos no les sucede nada? ¿Por qué yo?

Miguel se acercó, intentando poner una mano en su hombro, aunque su propia voz se quebraba. —Amor, mi princesa… porque la vida es injusta… porque quizá Dios así lo quiere.

—¡Pues entonces odio a Dios! —rugió Irumi, rechazando el consuelo—. ¡Lo odio por darme esta enfermedad! Me voy a morir, mamá… me voy a morir.

—¡Irumi, no! —intervino Noelia, con voz firme pero llorosa—. Tú no te irás a ningún lado. Eres fuerte. Eres la reina, ¿recuerdas? La de la montaña rusa. ¡No dejes de luchar!

Irumi dejó caer los brazos, rendida. —¿Para qué seguir luchando si lo perdí? Perdí al hombre que amaba por mi estúpida condición.

—Llamaré a Óscar —dijo Leila, sacando su celular con manos temblorosas.

—¡No lo hagas, Leila! —suplicó Irumi.

—Irumi, él siempre estuvo a tu lado —insistió Leila—. Necesita estar aquí. Haz caso, por favor.

—Hagan lo que quieran… pero déjenme partir —susurró Irumi, ovillándose en el suelo.

—¿Mamá? —la vocecita de Keilan rompió el drama—. ¿La tía Irumi se va a morir?

Karina se aferró a la pierna de Noelia. —Mamá, no me gusta ver a la tía así.

Gabriel actuó rápido, empujando suavemente a los niños hacia el pasillo. —Es hora de dormir. Vamos, la tía estará bien. —¡Pero es muy temprano! —protestaron al unísono. —¡Hagan caso! —ordenó Gabriel, cerrando la puerta tras de sí para protegerlos de la escena.

Miguel cargó a Irumi en brazos, como cuando era una niña. —Vamos a tu cama, amor. No pienses en la muerte. Vivirás mucho más.

Ya en la habitación, Amelia la arropó. El dolor en el pecho de la madre era insoportable; quince años esperando por ella para verla sufrir así. —Tú eres la reina y no le temes a nada. ¿Recuerdas? —susurró Amelia.

—Mamá, no quiero morirme… no quiero… —sollozó Irumi, cerrando los ojos.

El llanto terminó por vencerla, sumiéndola en un sueño profundo y triste, mientras su familia, reunida alrededor de la cama, rezaba en silencio por un milagro al amanecer.

09:32 AM. Habitación de Irumi.

(Irumi despierta, desorientada. La luz de la mañana le molesta. Amelia está sentada a su lado, velando su sueño.)

IRUMI (Voz rasposa) Mamá… mamá…

AMELIA (Acariciándole la frente) Aquí estoy. Hola, mi amor. ¿Te sientes mejor?

IRUMI No… en absoluto no. Me siento vacía.

(Irumi intenta levantarse, pero Amelia la detiene suavemente.)

AMELIA Shh, tranquila. Quédate acostada.

IRUMI ¡Mamá! No quiero estar más acostada. Necesito aire.

AMELIA Tu tío vendrá en un rato para checarte.

IRUMI ¿No sería mejor ir al hospital? Allá tienen todo.

AMELIA No, mi vida. Hablé con tu tío y la psicóloga. Dicen que tus defensas están muy bajas por el estrés de ayer. No quieren arriesgarte a pescar un virus en el hospital ahora mismo. Es mejor que descanses aquí.

IRUMI (Suspira, frustrada) ¿Dónde está Leila?

AMELIA En el colegio. Quería quedarse, pero la obligué a ir. Le prometí que si sucedía algo le llamaría de inmediato.

IRUMI Quiero estar a su lado…

AMELIA Lo sé, mi niña. Ustedes dos parecen siamesas, no pueden vivir la una sin la otra.

(Silencio breve. Irumi juega nerviosa con el borde de la sábana.)

IRUMI Mamá… ¿crees que lo que hice ayer estuvo mal?

AMELIA ¿Contarle la verdad a ese muchacho?

IRUMI Sí…

AMELIA Si ese chico es tan idiota como para salir corriendo, entonces no. Hiciste bien. Te quitaste un peso de encima.

IRUMI ¡Mamá! No le digas así… él se asustó.

AMELIA Mira, amor. A veces la gente es intolerante o cobarde ante el dolor ajeno. Pero escúchame bien: tú no hiciste nada malo. No eres una "chica rara". Y esa peluca… es una copia perfecta de tu cabello hermoso.

IRUMI (Con lágrimas en los ojos) ¡Es mentira! ¡Quítame la peluca y mira lo fea que me veo! Estoy pálida, estoy calva… soy un monstruo.

AMELIA (La toma de las manos con firmeza) ¡Mírame! La belleza no es solo física. Tienes una luz, Irumi. Eres un poco hiperactiva, sí, y a veces terca, pero tu belleza reside aquí (le toca el pecho), en tu corazón dulce. Eso no se cae con la quimio.

IRUMI ¿De verdad crees que algún chico se vuelva a fijar en mí? ¿O que llegue a ser viejita… como el abuelo?

(Amelia sonríe con nostalgia ante la mención.)

AMELIA Claro que sí. Vas a vivir muchísimos años. Tantos como tu abuelo.

IRUMI Hace mucho que no lo veo… ¿Sigue igual?

AMELIA Sabes que su Alzheimer avanzó mucho, por eso está en el asilo especial. Pero… te contaré un secreto. Tiene una foto nuestra en su mesa de noche, con los nombres escritos atrás. Aunque su mente olvide, se aferra a esa imagen. Nunca se olvidará de nosotros del todo.



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En el texto hay: comedia, romance, secretos

Editado: 06.01.2026

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