Secretos del Corazón

Capítulo 6

Stevan dormía profundamente. Presentía que estaba teniendo una pesadilla, por la forma que sus cejas se juntan y comienza a balbucear cosas.

No logro entender del todo lo que dice.

Pero decido no despertarlo.

¿En qué momento me trajo hasta aquí?

Olvidemosnos de eso…¿por qué?

Y pudo haber dormido en un sillón o en otro lado…no a mi lado, en la misma cama chica de su cuarto con su cuerpo tan pegado al mío al punto que parecíamos…bueno parecíamos pareja no mejores amigos.

Aunque claro que el término “amigos” después de ayeriba a ser un poco....

Mis pensamientos son interrumpidos por el sonido de mi celular.

¡Maldita sea!

Me apuro a salir del cuarto para no molestar a Stevan. Miro la pantalla iluminada de mi celular para ver quien interrumpe mi momento romántico con mi crush de toda la vida. ¡Ah! Obviamente tenía que ser Melany.

—¿Dónde mierda estás? —es lo primero que dice. ¿Acaso saludar a las personas ya no es algo o …?

—Descuida, estoy en lo de los Rogers Luego de que te fueras Logan se levantó y cerró la fiesta, le pedí si podía quedarme a dormir porque pensé que tú y Nick…ya sabes…harían ruido —evito mencionar algunos detalles pero en teoría era verdad, ¿o no? Mi querida hermana decide decirme que no puedo faltar a clase…ajá. Ahora eso sí es estúpido.

Respiro profundo. Ya voy a lidiar con ella más tarde, pero justo cuando voy a girar para volver al cuarto, la puerta se abre. Stevan aparece, todavía medio dormido, con el pelo despeinado y los ojos entrecerrados.

Dios mío…es hermoso hasta cuando se despierta…

Se detiene en seco al verme.

—Ah… —murmura.

Nos chocamos levemente en el marco de la puerta. Él se corre hacia un costado, como si no supiera si debería hablarme o no. Yo tampoco sé qué decir. Así que simplemente me alejo.

Pero antes de irme, lo observo un segundo más.

Está ahí, con la camiseta arrugada, los ojos todavía hinchados del sueño… parece confundido. Tal vez porque se despertó y ya no me encontró en su cama. Tal vez porque no sabe cómo manejar todo esto. Tal vez… igual que yo.

Camino hacia el living intentando mantener la compostura mientras tomo mis cosas. Pero lo escucho venir detrás de mí.

—¿Querés desayunar algo? Puedo hacer café, o no sé… algo rápido —dice él, con una voz más clara ahora.

Me doy vuelta para mirarlo. Sus ojos buscan los míos. Tiene esa expresión que conozco bien: como si quisiera decir algo más, pero no encontrara las palabras correctas.

—No, gracias. Mejor me ducho y me preparo para el colegio —respondo, rápida, esquiva. No quiero quedarme mucho más. No mientras no entienda lo que está pasando.

Entonces se acerca. Me toma la mano.

Su mano cálida y grande envuelve la mía, y por un momento… por un segundo, creo que me va a decir algo importante.

Pero no lo hace.

La suelta enseguida. Como si se arrepintiera. Como si eso fuera suficiente.

Y yo me quedo ahí, inmóvil, con la piel ardiendo en la palma y el corazón latiendo fuerte. ¿Qué fue eso?

No entiendo.

Literalmente, no entiendo qué está pasando entre nosotros.

—Nos vemos —murmuro, bajando la mirada. Me coloco bien el buzo y salgo antes de que pueda decir algo más.

El aire de la mañana me golpea suave en la cara. Camino rápido hasta mi casa, como si pudiera escapar de todo lo que siento.

Me ducho. Me cambio. Trato de actuar como si nada.

Pero hay algo dentro mío que no se apaga. Algo que me dice que las cosas cambiaron. Que no somos solo amigos. Que hay una tensión entre nosotros que ninguno de los dos se atreve a nombrar.

Y esa pregunta sigue ahí, latente: ¿Y ahora qué?

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El ruido del recreo me resulta más molesto que de costumbre. O tal vez es que tengo la cabeza a mil. El yogurt me sabe a nada y me cuesta mantener el hilo de la conversación.

—¿Y entonces? —pregunta Josie, apoyando el mentón en la mano—. ¿Vas a contarnos de una vez qué pasó anoche?

—¿Qué cosa? —pregunto con fingida inocencia, dándole otra cucharada al pote.

—Ay, por favor. No te hagas la boluda —dice Lola—. Todos supimos que te quedaste sola con Stevan cuando Logan cerró la fiesta. No somos tontas.

—¡Ah! Eso… nada, hablamos un rato y después me quedé a dormir en lo de los Rogers. Fin de la historia.

Ambas me miran como si les hubiera dicho que vi un ovni.

—¿Nada? —dice Josie, desconfiando—. ¿Solo hablaron?

—Sí, Jos. Hablamos. ¿Qué te pensás que pasó?

—Yo no pienso nada —dice con una sonrisita—. Pero tengo curiosidad. ¿Estás bien? Estás rara.

Dudo un segundo. No sé por qué lo digo, pero lo suelto:

—Es que… tengo una amiga que está confundida.

Josie y Lola se quedan en silencio, dándose una mirada rápida.

—Ajá —dice Lola—. ¿Una amiga?

—Sí. Esta amiga está confundida porque hay un chico que le gusta, pero también son amigos. Y no sabe si debería dejar todo como está o… arriesgarse. Pero también él la confunde, aunque no de forma obvia. No dice nada directamente, pero hace cosas que… no sé, que la dejan pensando.

—Mmm —murmura Josie, claramente aguantándose la risa—. ¿Y esta amiga, por casualidad, se llama como vos?

—No —respondo enseguida, demasiado rápido.

—¿Y su apellido empieza con "As" y termina con "Troff"? —suelta Lola con una ceja levantada.

—¡Cortenla! No soy yo. Es una amiga. Punto.

Ellas se ríen y me miran como si hubieran resuelto un crimen.

—Decile a tu amiga —dice Josie, dramática— que si el chico la confunde, pero a la vez no, pero a la vez sí, es porque claramente está en una montaña rusa emocional. Y que lo diga. O que se baje. Pero que no se quede ahí en el medio haciendo equilibrio como una equilibrista emocional sin red.

—¿Y si no quiere decirle nada? —pregunto, bajando la voz.

—Entonces que deje de pensar en él cada cinco minutos —dice Lola—. Porque si no va a estar así para siempre: ni con él ni sin él.




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