MILÁN. 22/08/02
La carretera estaba en silencio, solo se escuchaba el rugido del motor y el viento golpeando contra las ventanas del auto.
Marcos y Lucía iban con sus hijos, Jonathan y Luciana, rumbo a un viaje. Sonrisas y risas llenaban el auto, ajenos a lo que ocurriría aquella noche.
En el asiento trasero, Jonathan miraba por la ventana con emoción.
-¿Falta mucho para llegar? -preguntó.
-Un poco más -respondió Marcos desde el asiento del conductor.
A su lado, Lucía sonrió al escuchar a su hijo.
-Ten paciencia- dijo Lucia, acomodando la bufanda de Luciana.
-Selá diveltido -respondió Luciana, moviendo su cuerpo alegremente.
-¿Habrá playa?
Jonathan asintió con entusiasmo.
-Papá dijo que sí.
Marcos los miró por el espejo retrovisor y sonrió.
Para él, ese viaje era importante.
Después de meses llenos de trabajo y responsabilidades, finalmente podría pasar tiempo con su familia.
Pero lo que ninguno de ellos sabía...
era que alguien ya conocía sus planes.
Mauricio Mancini, el padre de Lucía, no aceptaba esa relación. Sus ojos brillaban con odio mientras pensaba en un plan que cambiaría todo.
Un traidor dentro de la familia de Marcos había dado la información exacta del viaje.
En cuestión de minutos, la alegría del viaje se transformaría en caos.
-Prepárense -ordenó.
La noche continuó tranquila en la carretera.
Dentro del auto, los niños hablaban emocionados sobre el viaje.
Entonces...
A lo lejos, unas luces aparecieron en medio del camino.
Lo que Marcos frunció el ceño.
Algo no estaba bien.
El vehículo se detuvo de repente frente a ellos.
Lucía sintió un escalofrío.
-Marcos...que está pasando?!- dijo con miedo.
En cuestión de segundos, la alegría del viaje se transformó en caos.
Explosiones y gritos rompieron la tranquilidad de la carretera.
Marcos y Lucía no tuvieron tiempo de reaccionar.