Secretos Enterrados

CAPITULO CUATRO

La habitación de Samantha estaba llena de ropa sobre la cama.

Vestidos, zapatos y accesorios estaban desordenados mientras ella observaba todo sin saber qué elegir.

—Llevas diez minutos mirando lo mismo —dijo Sofía desde la puerta.

Samantha suspiró.

—No sé cuál ponerme.

Sofía entró a la habitación y tomó uno de los vestidos.

—¿Y desde cuándo te importa tanto esto?

Samantha dudó un momento.

—Es una fiesta importante.

Sofía la miró con una pequeña sonrisa.

—¿Importante… o porque vas con Daniel?

Samantha rodó los ojos.

—No empieces...tu y Valeria no me dejan en paz con eso.

Sofía se sentó en la cama.

—Solo digo que nunca te había visto así por alguien...y que bueno que Valeria piense lo mismo que yo.

—No es por él —respondió Samantha rápidamente—. Es por la fiesta.

—Claro —dijo Sofía divertida.

Samantha la miró.

—De verdad.

Sofía levantó el vestido que tenía en la mano.

—Entonces ponte este — dijo mientras le mostraba el vestido.

Samantha lo observó.

—¿Ese?

—Sí. Es elegante, pero no exagerado.

Samantha dudó unos segundos… y luego asintió.

—Está bien.

Sofía sonrió satisfecha.

—Sabía que dirías que sí.

Samantha tomó el vestido y lo sostuvo frente a ella.

—¿Crees que me vea bien?

Sofía la miró de arriba abajo.

—Te vas a ver increíble.

Samantha sonrió un poco.

—Gracias.

Sofía se levantó y caminó hacia la puerta.

—Y relájate… solo es una fiesta.

Samantha asintió.

—Sí… solo una fiesta.

Pero cuando se quedó sola, volvió a mirar el vestido.

Samantha sostuvo el vestido frente a ella por unos segundos antes de colocárselo.

La tela caía con suavidad sobre su cuerpo, de un tono oscuro que, bajo la luz, dejaba ver un sutil brillo satinado. El diseño era sencillo, pero elegante: tirantes delgados que enmarcaban sus hombros y un escote delicado que le daba un toque femenino sin ser exagerado.

La tela se ajustaba a su cintura y descendía con naturalidad, marcando su figura de forma sutil. A un lado, una ligera caída de la tela añadía movimiento al vestido, haciéndolo ver aún más refinado.

Se miró en el espejo por unos segundos.

No era un vestido llamativo…

pero tenía algo que lo hacía imposible de ignorar.

Luego tomó los zapatos y se los coloco.

De tacón alto y firme, en un tono oscuro que combinaba perfectamente, le daban unos centímetros más de altura y una postura más segura.

Cuando terminó de arreglarse, volvió a mirarse.

Por un momento, casi no se reconoció.

Samantha salió de su habitación con cuidado.

Por un momento, dudó en avanzar.

Pero lo hizo.

Su mamá estaba en la sala, revisando unas cosas, mientras Sofía estaba sentada en el sillón con el celular.

—¿Ya estás li… —empezó a decir Sofía.

Pero se quedó en silencio.

Levantó la mirada lentamente.

—Ok…casi ni te reconocí.

Samantha frunció el ceño.

—¿Qué?...tan diferente me veo?— dijo volviéndose a mirar en el espejo que estaba en la sala.

Sofía se levantó despacio, mirándola de arriba abajo.

—No te creo.

—¿Qué cosa?

—Que eres tú.

Samantha soltó una pequeña risa nerviosa.

—No exageres.

—No esta exagerando —intervino su mamá, acercándose.

La observó con atención, con una expresión más suave.

—Te ves… hermosa mi niña.

Samantha se quedó en silencio por un segundo.

—¿En serio?

—Muy en serio —respondió su mamá.

Sofía asintió rápidamente.

—Demasiado.

Samantha rodó los ojos, pero sonrió.

—Gracias…

Su mamá acomodó suavemente un mechón de su cabello.

—Ese vestido te queda perfecto.

Samantha bajó la mirada, un poco apenada.

—No sabía si era mucho…

—Es perfecto —dijo Sofía—. Y más para con quién vas..te aseguro que dejaras a Daniel babeando.

Samantha la miró.

—Sofía…

—¿Qué? Es verdad.

Su mamá soltó una pequeña risa.

—Solo disfrútalo...

Samantha asintió.

—Lo intentaré.

El sonido de un auto deteniéndose afuera hizo que Samantha tomara aire.

—Ya llegó —dijo Sofía.

Samantha se miró una última vez en el espejo.

Cuando Samantha salió, intentó mantener la calma.

Pero entonces lo vio.

Daniel estaba apoyado junto al auto, vestido completamente de negro.

El traje le quedaba perfecto, ajustándose a su cuerpo con precisión, marcando su figura sin esfuerzo. La camisa blanca contrastaba con la oscuridad del traje, y la corbata negra le daba un aire aún más serio.

Todo en él se veía… impecable.

Como si ese mundo le perteneciera.

Samantha se detuvo por un segundo.

No era la primera vez que lo veía…

pero sí la primera vez que lo veía.

Daniel estaba esperándola junto al auto.

Levantó la mirada…

y por un momento se quedó en silencio.

Samantha lo notó.

—¿Qué pasa? —preguntó, un poco nerviosa.

Daniel no respondió de inmediato.

Sus ojos recorrieron su figura con calma, como si intentara procesar lo que veía.

El vestido, la forma en que caía sobre ella, la seguridad con la que ahora se veía…

Era diferente.

—Nada —dijo finalmente.

Pero su voz no sonó tan firme como siempre.

Samantha frunció ligeramente el ceño.

—¿Seguro?

Daniel negó con la cabeza, como saliendo de sus pensamientos.

—Te ves… bien ...muy bien.

Samantha no pudo evitar sonreír un poco.

—Gracias.

Sofia salió segundos después de Samantha quedando atrás de ella.

Sofía cruzó los brazos, intentando mantener la calma… aunque claramente no podía.

—Con razón estabas nerviosa.

Samantha rodó los ojos.

—No estaba nerviosa.

—Claro —respondió Sofía con una sonrisa divertida—. Yo también me pondría así si alguien así viniera por mí.




Reportar




Uso de Cookies
Con el fin de proporcionar una mejor experiencia de usuario, recopilamos y utilizamos cookies. Si continúa navegando por nuestro sitio web, acepta la recopilación y el uso de cookies.