Secretos entre las olas

VEINTIDOS

THEO:

— ¡Theo, por favor! —Zora me ha seguido por muchos metros—. Por favor, detente.

Yo muerdo mi labio con fuerza y me giro. —Ahora no.

Ella se acerca para estrecharme con fuerza entre sus brazos. Yo cierro los ojos y me obligo a no llorar. No quiero hacerlo, no debería hacerlo pues las lágrimas no solucionaran absolutamente nada.

—Theo, estoy aquí —susurra—. Tranquilo, te tengo.

—Me duele —confieso—. Yo siempre pensé que mamá era… sé que es un ser humano pero la veía perfecta y yo, no…

—No te enojes con ella —pide—. Sé que no es el mejor momento para decir algo así y puede que suene mal pero ella sigue siendo tu mamá y sigue amándote a pesar de haber engañado a tu papá. Eso jamás cambiará, ella te quiere, los quiere a todos ustedes.

— ¿Por qué no nos lo dijo antes? —Me arde la garganta similar a esas veces que bebes agua del mar—. Yo sé que mi familia no es la mejor pero ahora estamos rotos, ahora…

—No es cierto —acaricia mi cabello—. Aun se tienen, aun se quieren. Puede que estén heridos pero no acabados, aun son una familia.

—No sé si puedo hacerlo —afirmo—. No sé si puedo volver a esa casa y verla de nuevo, yo… ahora no.

—Entonces no lo hagas —Zora se separa y toma mis mejillas—. ¿Quieres dar unas vueltas en el auto?

Lo único que quiero es estar cerca de ella, mi lugar seguro. —Está bien.

Toma mi mano para dirigirnos de regreso a la casa, probablemente para ir por las llaves y así poder conducir. Zora sostiene mi mano con seguridad, como un ancla evitando que derive sin rumbo.

—Espérame aquí —pide antes de acercarnos más—. Ya regreso.

Antes que se aleje, doy un paso y rodeo su cintura con mis brazos. —Gracias Zora, gracias.

Me mira sonriendo, no como siempre, un poco triste. —Ahora vengo.

Veo que Zora corre a la casa. No sé qué pasaría con mis padres, si uno de ellos se ha ido a dormir a otra parte o si siguen discutiendo. No me interesa, ahora mismo solo quiero apartarme de mi presente y regresar en el tiempo cuando todo era más simple.

Recuerdo que Zora me preguntó algo así, sobre volver en el tiempo. Ahora lo comprendo, me encantaría experimentar una de esas navidades con mi familia completa donde nada parecía ir mal. Donde todos nos queríamos.

Un ruido me hace pegar un salto, giro mi rostro y veo que algo se mueve detrás de una barda. Entorno los ojos pero me es difícil descubrir lo que sea que se oculta pues está muy oscuro. Trago saliva, recordándome que por esta área no hay animales salvajes.

Creo.

— ¿Alguien por ahí? —pregunto desconfiado.

Un estornudo.

Me acerco, doy un vistazo a la casa verificando que Zora aún no ha salido. Doy unos pasos más hasta que finalmente distingo la figura.

Es Benny.

— ¿Ben? —ahora si me acerco—. ¿Qué haces aquí?

Él baja el rostro. —Estoy asustado, no me gusta cuando las personas gritan y yo solo he escuchado gritos de todos, no quiero que nadie pelee.

Benny siempre ha sido como mi hermano pequeño y estoy seguro que él nos considera sus hermanos mayores. Escuchar como las personas que lo han cuidado y querido ahora están en un mal momento también debe afectarle.

—Ben, no deberías estar por aquí tan tarde y solo, es peligroso —le digo.

Él se acerca a mí. —No es peligroso, no hay nadie.

Miro a un lado, Zora aún no viene. —Oye, está bien. Deberías regresar, todo estará mejor.

¿Lo estará? Ni siquiera yo me lo creo.

Benny mueve sus ojos al océano. —Siempre quise irme en un barco como en los libros —afirma—. Siempre pensé que podría hacerlo algún día.

—Quizás lo harás —respondo.

Él mueve su cabeza, negando. —Leí en un libro que los barcos se hunden algunas veces y si estás muy lejos de la tierra nadie te escuchará —su mirada se ha clavado en las olas—. La verdad no quiero que eso ocurra, no quiero estar en medio del mar sin alguien que me ayude.

—Eso pasa —contesto—. Algunas personas solo se pierden y nadie vuelve a saber de ellas, pero otras regresan con vida y una gran historia por contar —coloco mi mano en su cabeza—. ¿No te gustaría ser de esos? ¿De los valientes?

Resopla. —No soy valiente.

Recuerdo las palabras que alguna vez mamá me dijo: —La valentía no es no tener miedo, tampoco es afrontar las peleas con la frente en algo —respiro profundo—. Es hacerlo aun si te tiemblan las piernas, es despertarse un día más pues esta vida es para quienes se atreven a cambiar la historia.

Él sonríe. —Me gusta eso —asegura—. En los libros los héroes siempre sienten miedo y aun así, consiguen lo que quieren.

Y si no es lo que creían querer, es algo mejor.

—Estoy aquí —Zora afirma con las llaves entre sus dedos, junta el ceño cuando ve a su hermano—. ¿Qué haces aquí?

Benny sonríe. —Siendo valiente, hermana.

Me da una mirada y yo me encojo de hombros, Benny corre a la casa sin despedirse ni detenerse. Solo va y afronta su realidad.

Sin duda él es mucho más valiente que yo.




Reportar




Uso de Cookies
Con el fin de proporcionar una mejor experiencia de usuario, recopilamos y utilizamos cookies. Si continúa navegando por nuestro sitio web, acepta la recopilación y el uso de cookies.