El banquete transcurrió bajo una coreografía perfecta de cubiertos de plata y sonrisas de compromiso. Mi padre, Romeo, intercambiaba cifras de acuerdos comerciales con Atlas, mientras Elena y Aurora discutían los detalles protocolarios del enlace con una calma aterradora.
Yo, por mi parte, me dediqué a mantener la postura impecable que se espera del heredero de Krenchtym... mientras disfrutaba cada segundo del infierno contenido que tenía sentado a mi izquierda.
Juliette no tocó casi la comida. Se limitó a destrozar el solomillo con el cuchillo como si estuviera imaginándose mi cuello en su lugar, sosteniéndome la mirada cada vez que levantaba su copa de vino. Tenía esa barbilla levantada, desafiante, buscando desesperadamente una fisura en mi armadura para hacerme perder los papeles delante de las familias.
—La ceremonia principal será en la catedral de la capital —anunció Aurora, haciendo un leve gesto con la copa—. Esperamos que la prensa mantenga el respeto habitual, aunque con las filtraciones de esta mañana en Washington, el interés internacional se ha disparado.
—No se preocupen por la prensa, Aurora —intervine con voz pausada, girándome ligeramente hacia Juliette—. Mi prometida y yo sabemos manejar perfectamente la atención. De hecho, a ella se le da de maravilla acaparar las portadas.
Juliette apretó el tallo de su copa de cristal con tanta fuerza que por un segundo pensé que se rompería en su mano.
—Cuestión de magnetismo, Aldricht —sonrió ella, deslizando una voz dulce que chorreaba veneno purificado—. Aunque hay portadas que uno preferiría no protagonizar. Como las que me vinculan a ciertos compromisos arcaicos.
—Los compromisos arcaicos son los que sostienen las coronas, Juliette —sentenció Atlas con severidad, cortando el aire de la mesa—. Mañana por la mañana se firmará el acuerdo formal en el consulado. No habrá margen para retrasos.
Un silencio pesado cayó sobre la mesa. Vi cómo Juliette tragaba saliva sutilmente, aunque se negó a bajar la cabeza. Bajo la mesa, vestida con su tul y su rabia, noté el roce de su tacón de aguja buscando mi tobillo. Un movimiento calculado, directo, con toda la intención de hincarme el taconazo en el empeine.
Pero fui más rápido.
Antes de que su tacón tocara mi zapato, crucé la pierna con agilidad y atrapé su tobillo entre mis pantorrillas, inmovilizándole la pierna bajo la mesa con una firmeza impecable, sin cambiar un solo rasgo de mi expresión facial.
Juliette se congeló. Un ligero rubor de frustración le subió por el cuello mientras intentaba zafarse sin llamar la atención de los cuatro reyes que nos observaban.
—¿Pasa algo con la guarnición, mi amor? —le pregunté con voz sedosa, inclinándome apenas un milímetro hacia ella mientras sostenía su pierna firmemente encarcelada bajo la mantelería de lino.
—Nada —masculló ella entre dientes, con los ojos echando chispas—. Solo buscaba un poco de espacio.
—En mi espacio manda la corona, Vüllet —le murmuré al oído, disfrutando de su respiración agitada—. Y vas a tener que acostumbrarte a compartirlo conmigo durante mucho tiempo.
Hola mis lectores/as este capitulo lo hice corto
No quise a largarlo mucho, Aldricht cada vez
Me pone el trabajo más difícil. Pero les dejo este capitulo extra para que lean a mí querido Aldricht
¿Solo son enemigos o podrían ser dos cosas?
Hasta la próxima.📚