Siento cómo el caos se esparce a mi alrededor: los gritos, el fuego… pero eso no me importa. Siento un extraño vacío en el pecho que se agranda a medida que la veo desaparecer. Tengo el impulso de ir por ella, aunque sé que es incorrecto. Me quedo en las sombras del caos provocado por la tripulación; los dejo hacer todo el trabajo mientras aprecio el fuego que consume a mi propio pueblo. Los veo correr, pánicos por el miedo de ver piratas en una zona tan tranquila como esta. Aunque haya dado órdenes estrictas de no dañar a nadie, el miedo que tienen no lo puedo evitar.
Así que sigo esperando, sin actuar en su ayuda, algo que me provoca mucha impotencia. Es tanta que termino dándoles la espalda y haciendo oídos sordos a los gritos que me rodean; gritos que disfrutaría si no se tratara de mi pueblo, el mismo que desde que nací me inculcaron amar. Al principio me negaba a mi destino… hasta que ya no tuve otra opción que entregarme.
—Teniente, los tenemos. Atrapamos a todos. No se lo esperaban, eso lo hizo más fácil —se ríe mientras me da la información.
Me volteo y veo a mi tripulación con personas amarradas, tanto hombres como mujeres, todos con un aspecto terrible. Noto que tuvieron que usar la fuerza con ellos; supongo que tienen mucha lealtad a mi tío, si se esforzaron tanto por pelear. Reconozco a la familia de Adelaida al instante por las diversas fotos que me dio Ulises antes de subir al barco.
—¿Y la fábrica?
—Ha sido quemada. Solo tomamos los papeles importantes y una que otra planta.
—Bien. Hicieron un buen trabajo. Regresen al barco y métanlos en los calabozos, y lleven las cosas a mi camarote.
—Sí, teniente.
Camino al caos sin ganas de seguir hablando. Ellos acatan mis órdenes y, de reojo, los veo moverse sin decir más.
Contemplo el desastre por un momento y camino directo hacia la casa de los White, voy con la misión de encontrar cualquier tipo de información que no vieran mis hombres sobre el origen de Adelaida o secretos acerca de mi tío que me ayuden. Voy directamente a las habitaciones de la propiedad; a simple vista parece una casa normal de una familia promedio de esta zona. No me dejo engañar y destrozo todo a mi paso, buscando cualquier cosa que me parezca sospechosa.
Llego a una oficina en la parte de arriba, me siento en la silla y abro los cajones. Miro los papeles, no encuentro nada comprometedor. Entonces lo veo: un falso fondo, te tengo. Al abrirlo… no puede ser, el collar con el escudo del reino de Lignum, que no se había visto en mucho tiempo, para ser exactos veinte años. Lo tomo, ya que su significado puede decir mucho. Me levanto y camino en la habitación mientras aprieto el collar en la mano. Busco por toda la habitación, dejo el cuarto destrozado y no encuentro nada más.
Decido irme, no antes de husmear en la habitación que he querido evitar. En el momento que entro lo siento, esta es su habitación. Decido entrar solo un momento. Miro las fotos y, por más que las miro, no encuentro el parecido con su familia. Me recuesto un momento en su cama y cierro los ojos, y me doy permiso de pensar en ella y al fin acepto lo que más temía: me gusta, es la única explicación que hay por la que estoy oliendo su almohada. Puedo oler algo floral.
Decido dejarme de tonterías y levantarme. Escucho que algo se cae cuando me pongo de pie, recojo el objeto: era una muñeca algo vieja. Me imagino a cierta chica durmiendo con ella y decido llevarla conmigo, con las fotos de esta familia tan particular.
Salgo de la casa y la veo una última vez antes que mis hombres le prendan fuego y arda, como todo el pueblo de Hidden.