Sedúceme Despacio (editando)

Un apasionante viaje.

Hannah. 

—¿Y piensas que esté tranquilo sabiendo que estás con ese idiota en otra ciudad? —exageró Joyce, quien estaba frente a la ventana a las tres de la mañana el dichoso día de mi primer viaje de negocios—. Pues te equivocas, estoy intentando tolerar a Lacroze por ti pero simplemente es detestable. —Furioso deja la taza de café sobre la mesa, últimamente los cambios de humor de Joyce han sido muy notorios. Como si con esta pequeña aventura peligrosa con David, le doliera el corazón de una manera particular.

Bastante personal.

—¿Es por él o por mí? —Encaro, intrigada por su comportamiento tan errático. Mi mejor amigo no era un hombre insensato que hace un berrinche por una decisión tan simple.

Joyce guarda silencio, sabe que he atinado con la pregunta. He sentido últimamente que su protección va bastante al extremo, cosa que no debería ser de tal manera, yo era una adulta de veinticinco años y sabía perfectamente como cuidarme por mí misma.

—Hannah, creo que tú y yo hemos tenido un mal entendido desde hace muchos años —prosiguió, avergonzado. He dejado mi taza de café quieta, con la esperanza de escucharle—. Es verdad que te quiero desde niños, pero mi cariño es mucho más que... —Se vio interrumpido por el sonido de mi teléfono, era un mensaje de David avisando que se encontraba abajo listo para partir al aeropuerto.

—Joy... —No sé qué hacer, tengo la corazonada de que su confesión es importante, sin embargo, el trabajo estaba primero y odiaba ponerlo por delante de él. Su mirada capturó la mía, leyendo mis pensamientos como siempre lo había hecho, me sonrió—. Sé que tenemos que hablar, y no quiero que te sientas apartado de mí. Siempre serás mi persona favorita, la persona que siempre estará conmigo incondicionalmente. —Me animo a abrazarle, nos fundimos en esa calidez profunda y llena de vida. Siempre sentiré su dolor y su felicidad, siempre seríamos dos personas destinadas a estar juntas apoyándose mutuamente.

—Prométeme que cuando vuelvas me prepararás esos deliciosos strudels con crema batida. —Beso su mejilla soltando una risita, asiento enérgicamente.

—Te lo prometo, Joyce.

—Ich liebe dich.

(Te quiero.)

Los últimos días las emociones han estado a flor de piel, todos parecen estar pasando por la misma etapa de ansiedad colectiva. Parece que los cambios y reencuentros no han sido totalmente favorables. Hacía claramente referencia al encuentro con Carlton Lacroze, de quien no sabía absolutamente nada y lo único que había deducido era que formaba parte de la familia de mi jefe.

No me he atrevido a preguntar, algo me dice que su nombre no es grato de pronunciar para David o el mismo Theo, así que ya encontraría la manera de saber quien era en realidad. Al bajar del edificio, he notado que David está ahí esperando en su precioso bólido, y debía confesar que tenía buen gusto puesto que de esta colección, su auto era mi favorito.

—Buenos días, preciosa. —Me abrió la puerta, dejando un suave beso sobre la mejilla. Me adentro regalando una de los deslumbrantes sonrisas, y espero a que retome su asiento al volante.

—Buen día, señor Lacroze. Me gusta mucho su auto, el BMW serie 3 es mi favorito de la linea. —Halago, capturado una sonrisa atrevida. Nunca antes me había gustado tanto usar a favor mi conocimiento sobre el tema automotriz, con él me sentía a gusto comentarlo.

—Es un halago para mí, tengo el placer de conocer a la vicepresidenta del conglomerado —juguetea con diversión, sé que intenta hacerme flaquear—. Es una verdadera delicia de mujer, impresionante como exquisita. —Su voz se torna ronca al decir la última frase, un delicioso calor interno ha invadido mis partes más recónditas. Sé que juego con fuego y jamás me había parecido tan placentero quemarme.

—Será un buen viaje, querido.

                                     ***

Daba por hecho que el viaje sería pesado, he pasado todo el camino al aeropuerto tratando de investigar sobre ese hombre. Me negaba a preguntarle a Theo y David no sería la excepción, me quedaba una única personas que posiblemente sepa de quien se trata. Patricia era la última persona que podría ayudarme a salir de dudas, le mandaría un correo cuando nos encontráramos en Houston.

En el aeropuerto todo parece estar en calma, la mayoría de las salas de espera están vacías, no hay muchas personas esperando la partida de los aviones por lo que el lugar permanece sumido en un silencio total. David teclea un par de veces su teléfono mientras tararea una canción, hoy especialmente se ve tan atractivo, su sonrisa es tan hermosa que logra desestabilizar todos mis sentidos, y deseaba con locura poder sentir sus labios sobre los míos.

—¿Cuál es nuestra aerolínea? —Se me ocurre preguntar. Pero una mirada divertida se posa sobre su rostro dándome a entender que no sería como esperaba.

—La familia tiene un jet privado, nunca he viajado en una aerolínea comercial querida. —Expresó con cierta confianza, como si fuera totalmente lógico. A mí padre nunca se le habría pasado por la mente comprar un avión propio, es bastante extravagante.

—Los Lacroze son tan interesantes, de todos tú estás lleno de sorpresas. —Mordí mi labio provocando de su parte una mirada profunda, me sorprendía la complicidad que se forma entre nosotros. Es como si nuestros cuerpos en conjunto reaccionaran al placer, tal y como dos imanes atraídos por la fuerza.

¿Qué me estás haciendo David?

Mi sexy jefe me conduce con confianza hacia una sala particular de abordaje, una chica nos ha pedido nuestros pasaportes y nos ha dejado ingresar al avión. Podemos percatarnos de una azafata hablar con cierto miedo al teléfono, sin siquiera esperarse de nuestra presencia, puesto que al voltear su rostro parecía presenciar un muerto en vida, reacción causada inconscientemente por David Lacroze.




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