Sedúceme Despacio (editando)

Una Nota Peligrosa

Hannah.

Si pudiera describir el momento más difícil de la separación, es ese cuando entre lágrimas prometemos mantenernos en contacto y vernos más seguido a pesar de la distancia. Después de una semana maravillosa donde todos los sentimientos se encontraron, nuestra vida retornaría nuevamente a los Ángeles, mi padre estaba destrozado y mis pequeños angelitos no deseaban dejarme ir. Margareth y Thomas estarían en contacto conmigo gracias al conglomerado el cual me esperaba con un sin fin de pendientes por realizar y supervisar. 

Volver a la ciudad me mantenía bastante preocupada y aquello lo pude experimentar al caer rendida sobre la cama de mi habitación la noche de nuestro regreso, durante varias noches escuché claramente la voz de mi madre, tan delicada y maternal, me descolocaba de una manera preocupante pues tenía la sensación de escuchar una advertencia. Era aséptica y busqué durante una tarde entera una razón coherente al asunto, cabe destacar que terminé leyendo artículos sobre la interpretación de los sueños.  

En cuanto a David y Joyce, era frustrante observar como dos adultos podían comportarse como niños pequeños, creaban a su alrededor una riña constante que me ponía los nervios de punta. Mis sentimientos por su parte eran un lío emocional pendiente a ordenar, tenía que poner las cosas claras para decidirme por alguno de los dos, el amor de mi vida o mi mejor amigo de la infancia. Sé a ciencia cierta que deseo y quiero con gran intensidad a David pero también tenía miedo de perder a Joyce en el proceso. 

Los pendientes de mi jefe me golpean en la cara la mañana del lunes, por pocos que fueran sus deberes son de gran importancia y entre ellos una reunión de directivos con su padre presente. Paty y yo no habíamos visto a los muchachos en toda la mañana y desistimos de preguntar, pues sabíamos que tampoco los veríamos por la tarde. 

—¿Piensas que se trate de Carlton? —Inquiere Paty con una suspicacia infalible, reconozco la ansiedad por su tono de voz.

Más que preocupación presentía que era un sentimiento de incomodidad, la relación de David y Theodore con respecto a Carlton ya era bastante complicada y su nuevo puesto en la empresa estaba en debate con los demás miembros de la mesa directiva. Su presencia traería consigo muchos problemas en presidencia, Carlton era un imán de malas circunstancias que perjudicaría a alguno de nosotros en cualquier momento.

—Si no es de él. ¿De quién se puede tratar? —Observo a Paty quien ha dejado el bolígrafo sobre la mesa, sus mejillas se ponen coloradas y retuerce sus manos. 

—¿Crees que tu madre esté intentando comunicarse contigo? Es mucha coincidencia que sueñes con ella desde hace varias noches. —Expresó. 

Le había contado mis sueños a Pat después de buscar respuestas en internet, claro que en vez de responder a mis preguntas terminé con muchas más en la cabeza. Mi amiga creía en el esoterismo y la lectura de las cartas, si mi madre estuviera viva ambas serían las mejores amigas, pues como alguna vez lo había mencionado ella también era una fiel creyente de los misterios de la vida. 

—Me gustaría no tener que preguntármelo.

No deseaba asistir a una cita, empezando porque no creía en esas fantasías llenas de ilusión y juegos mentales. Visitar a una clarividente no era una opción a la que deseara recurrir, sin embargo, a falta de opciones tenía claro lo que debía hacer, aunque en eso consistiera tomar por locas a Patricia y la mujer a la que visitáramos. 

—Tengo una vieja conocida a unas calles del centro, es parapsicóloga graduada y nos haría una cita esta tarde a la hora del almuerzo —sugirió—. Esto puede lograr sacarte de muchas dudas Hannah, algunas veces debemos creer en las señales que tenemos enfrente. —Animó. 

—De acuerdo.

Los papeles sobre mi escritorio comienzan a desaparecer conforme los minutos transcurren, las cosas en la Volkswagen son bastante fluidas según los informes que Thomas me ha hecho llegar esta mañana. Disfruto de un segundo de tranquilidad degustando de mi café, deliciosos instantes que se vieron apagados con la llegada de una invitada inesperada al despacho de presidencia. Sus caderas lucían un fino traje de tela blanca, su atuendo resaltaba sus piernas largas y definidas, su cabello rubio caía como una cascada sobre sus hombros y su rostro rígido no augura una visita de buena intensión. Parecía más una advertencia a un comentario destructor de ilusiones y autoestima.  

—¿Dónde está David? —Preguntó Sarah Oxborn con altanería.

—Buen día Señorita, el señor Lacroze se encuentra en una junta de directivos y no dispone de una hora fija de llegada. —Respondo con indiferencia, por mucho que esta mujer me provoque nauseas no soy quien para tratarle de una manera insolente como ella misma lo ha hecho. 

La mujer de los ojos azules me analiza con el desprecio dibujado sobre sus iris, su boca ligeramente abierta dibuja forma una mueca de disgusto e insolencia. Una de sus cejas se arquea perfectamente despreciando la cordialidad que adopta mi voz, no pretendo darle gusto si eso es lo que desea de mi parte. Tengo muy claro quien soy para esta empresa y como cualquier empleado merezco el mismo respeto, me importa muy poco lo que su presencia signifique y su apellido no logra intimidarme en lo absoluto. 

—Hannah Horch, te vi en los periódicos la semana pasada —se cruzó de brazos expectante—. Quién diría que una simple secretaria sin gracia alguna fuera la heredera de un imperio multimillonario, te has metido en el personaje querida. —Sonrió orgullosa de su insulto, aguardo la calma cuando es lo último que deseo perder en estos instantes. 

—Me gusta la discreción, no me atraen los escándalos. —Ataco con una simpleza increíble, Patricia estaba a punto de ahogarse con su café y podía jurar que deseaba reírse en su cara con gran satisfacción.

Sarah Oxborn entorna los ojos, pareciera que mi comentario la ha dejado fuera de base por increíble que pareciera, esta mujer posee dos facetas actuadas a la perfección. Frente a las cámaras es un ángel enviado por Dios y detrás de ellas es el diablo en persona, es comprensible que una mujer tan venenosa merezca todo el odio de parte de Theodore. 




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