Seductora Experta

CAPÍTULO 17: SORPRESAS Y PREPARATIVOS PARA EL ABISMO

CAPÍTULO 17: SORPRESAS Y PREPARATIVOS PARA EL ABISMO

PERSPECTIVA DE ZAHORÍ

Me encontraba almorzando con Yuma en el restaurante de la familia de Isabella. Sin embargo, mi hermano estaba actuando de forma extraña; llevaba todo el almuerzo moviendo la pierna frenéticamente, con una tensión que se podía cortar con un cuchillo. Su nerviosismo estaba empezando a contagiarme.

—Bueno, ¿me vas a decir de una vez qué rayos te pasa? —le solté, perdiendo la paciencia—. No has dejado de mover la pierna en veinte minutos. ¿Acaso comiste más azúcar de la cuenta?

Yuma soltó una risa nerviosa y le hizo una seña a Isabella. Ella, que estaba cerca, se acercó de inmediato y, con una mirada cómplice hacia él, se sentó a su lado. De repente, todo cobró sentido.

—No me digas que... —me reí, acomodándome en la silla—. ¿Estás embarazada? ¿Voy a ser tía?

Ambos se pusieron escarlatas, negando con la cabeza vigorosamente ante la ocurrencia.

—Hermanita, verás... —Yuma tomó la mano de Isabella con una ternura que rara vez le había visto—. Isabella y yo somos novios oficialmente.

El silencio se apoderó de la mesa. Me quedé helada, procesando la información.

—Zahorí, perdóname —dijo Isabella, bajando la mirada—. Sé que es tu hermano y que debí pedirte permiso, después de todo lo que has hecho por mí...

La miré fijamente, sin parpadear. —¿Desde cuándo sientes esto por él? —pregunté, ignorando la mirada amenazadora que Yuma me lanzaba.

—Tu hermano empezó a gustarme desde la primera vez que vino al restaurante —respondió ella con sinceridad—. Te juro que, al principio, no tenía idea de que eran hermanos. —¿Y si lo hubieras sabido? ¿Igualmente te hubieras enamorado de él? —insistí, buscando la verdad detrás de sus palabras.

—¡Zahorí, ya es suficiente! —intervino Yuma, poniéndose a la defensiva. Le hice un gesto tajante para que guardara silencio. —Esta es una conversación entre Isabella y yo —le dije con frialdad—. Isabella, respóndeme. Es importante, especialmente considerando los contactos que tengo y lo que soy capaz de hacer si alguien le hace daño a mi hermano.

El aire en el restaurante parecía haberse agotado. Isabella me sostuvo la mirada, sin titubear. —Igualmente me habría enamorado. Lo amo, Zahorí. No me importa quiénes sean. Incluso si lo hubiera conocido en Europa, en medio de todo lo que viví allí, me habría vuelto a enamorar de él.

Conocía la historia de Isabella en Europa, sabía lo difícil que había sido para ella. Sus palabras sonaron tan reales que el muro que intentaba mantener se desmoronó.

—Bien —dije, tratando de mantener la seriedad, pero finalmente me rendí y les dediqué una sonrisa sincera—. Pues ya se estaban tardando.

Yuma soltó un suspiro de alivio tan sonoro que casi nos reímos todos. —¡Te has pasado, hermanita! ¡Casi me da un infarto! —se quejó Yuma.

Seguimos riendo mientras limpiaba las lágrimas de risa que se me habían escapado. —En serio, me alegra mucho que estén juntos —miré a Isabella—. Entonces, ¿te empiezo a decir cuñada?

Ella se sonrojó y negó con la cabeza. —No, por favor. Sígueme diciendo Isabella, o Isa, como prefieras. Quiero que sigamos siendo amigas. Extendí mi mano sobre la mesa para tomar la suya. —Tú y yo siempre seremos amigas, Isa. Pero ten esto claro: si le haces algo a mi hermano, te las verás conmigo —Yuma gruñó ante mi comentario, pero yo continué—: Y lo mismo va para ti, hermanito. Si llegas a lastimarla, no habrá lugar donde te puedas esconder.

Después de un almuerzo lleno de risas y planes, Yuma regresó a la oficina para terminar unos pendientes. Yo, por mi parte, me dirigí a mi apartamento para prepararme para la fiesta. Estaba genuinamente feliz por él; mi hermano finalmente había encontrado a alguien que lo quería por quien era, sin juegos.

El baño caliente fue el respiro que necesitaba antes del caos. Una vez lista, con el vestido adecuado y la mente preparada para el enfrentamiento, escuché el toque en la puerta. Era Arti.

—Te ves hermosa —dijo al verme, con una chispa de picardía en los ojos—. ¿Nos vamos?

Sonreí, sintiendo cómo la adrenalina comenzaba a subir. —Que empiece la diversión.




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