Seductora Experta

CAPÍTULO 18: JUEGO DE PODER Y PASIÓN

CAPÍTULO 18: JUEGO DE PODER Y PASIÓN

PERSPECTIVA DE SEBASTIÁN

Me parecía extraño que la fiesta de reencuentro se organizara con tanta premura, pero no tenía intención de faltar. Zahorí iría, y pensé que sería la oportunidad perfecta para llegar juntos, aunque mis planes se retrasaron por un exceso de trabajo que ella misma me dejó pendiente. Me tomó más tiempo de lo previsto terminar, pero logré cambiarme en la oficina, ajustándome el traje a toda prisa antes de partir hacia la villa.

El lugar, ubicado a una hora de la ciudad, ya lucía lleno. Al entrar, fui recibido con el bullicio de rostros conocidos y otros que el tiempo había borrado de mi memoria. Sin embargo, una figura se acercó a mí con una familiaridad que me resultó molesta.

—Vaya, Sebastián... veo que los años te han sentado de maravilla —dijo Katy, recorriéndome con la mirada de una forma que rozaba lo vulgar—. Estás mucho más guapo que la última vez. —La última vez que nos vimos, Katy, éramos apenas unos niños —respondí, manteniendo la distancia mientras metía las manos en los bolsillos. —Bueno, ahora eres todo un hombre hecho y derecho —añadió, sin dejar de observarme como si fuera una presa.

Estaba buscando una excusa para alejarme cuando un silencio repentino se apoderó del salón. Las miradas de todos se dirigieron hacia la entrada, y mi mandíbula cayó al suelo. Zahorí acababa de entrar. Lucía un vestido espectacular que le ceñía la figura con una elegancia letal. Sentí un vuelco en el corazón y, acto seguido, una punzada de celos al ver cómo los demás hombres dejaban de respirar al verla pasar.

Ella caminó con una seguridad arrolladora hasta quedar frente a nosotros.

—Buenas noches —saludó con una sonrisa gélida hasta detenerse frente a Katy—. Mira nada más, Katy... se nota que todas esas cirugías han dado sus frutos. Te ves... bien.

Katy estaba hirviendo de rabia, pero Zahorí no perdió su sonrisa. —Todo esto está muy lindo, pero me pregunto... ¿por qué invitaste a la generación de Sebastián? —¿Por qué no? —Katy se aferró a mi brazo, intentando marcar territorio—. Nuestra generación siempre ha sido muy cercana.

Zahorí recorrió el lugar con la mirada, asintiendo con ironía. —La verdad, todos parecen muy felices. Dime, ¿también invitaste a tu querido profesor? Katy se tensó de inmediato, apretando mis músculos con las uñas. Ese comentario fue un golpe directo al blanco. —¿Qué haces aquí, Zahorí? —espetó Katy. Zahorí me miró, ignorando por completo la pregunta de Katy. —¿A dónde más iría sin mi marido?

Zahorí tomó mi brazo, me atrajo hacia ella y me plantó un beso apasionado ante la vista de todos. Sentí la sorpresa de Katy y el calor que me recorría el cuerpo. Al separarnos, Zahorí la miró con suficiencia. —¿Qué? ¿No sabías que Sebastián y yo estamos casados? —Claro que sí, mi vida —seguí el juego, pasando mi brazo por la cintura de Zahorí para pegarla a mí, confirmando su autoridad sobre la situación.

—Si nos disculpan... tenemos cosas más importantes que hacer. Y creo que entiendes a qué me refiero, Katy —sentenció Zahorí, guiñándole un ojo antes de sacarme de allí.

Al llegar al apartamento, el aire entre nosotros estaba cargado de electricidad. —Supongo que tienes dudas —dijo ella, soltándose de mi brazo. —Sí, empezando por qué tanto se odian.

Se sentó en el sofá y suspiró. —Te lo diré así: ella te fue infiel muchas veces, especialmente con Marcos, el profesor de química. Tenían demasiada química, ¿entiendes? Y eso no fue ni la mitad de lo que hizo.

La vi caminar hacia la cocina y la seguí, incapaz de dejarla ir. —¿Y el beso? ¿Cuál fue el motivo real? Se detuvo, tomó un vaso de agua y me miró. —Katy siempre ha estado obsesionada contigo. Sabía que no debía acercarse, y me pareció la venganza perfecta: besarte frente a ella para dejarle claro de quién eres.

Me acerqué lentamente hasta quedar a centímetros de su rostro. —¿Estás segura de que fue solo por eso? —susurré contra su piel. La rodeé por la cintura, sintiendo cómo su cuerpo reaccionaba al mío. La giré y atacamos nuestros labios con la urgencia de quien ha estado aguantando demasiado tiempo. La pasión nos consumió, borrando cualquier duda o rastro de Katy, hasta quedar exhaustos.

Se refugió en mi pecho, y en ese momento, rodeado por sus brazos, supe que no importaba el pasado ni los reencuentros; cada día con ella era un paraíso del que jamás me cansaría.




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