Seductora Experta

CAPÍTULO 21: HERIDAS DEL PASADO Y PROMESAS DE FUTURO

CAPÍTULO 21: HERIDAS DEL PASADO Y PROMESAS DE FUTURO

PERSPECTIVA DE YUMA

Mi infancia nunca fue normal. Estaba cansado de ser testigo de las constantes discusiones entre Zahorí y Sebastián. Un día, harto de todo, me dirigí a la sala de estar decidido a enfrentarla, pero me detuve en seco al escucharla en una de sus "clases secretas" con mi madre.

—¿En serio es necesario que aprenda a controlar a los hombres, mamá? —preguntó mi hermana. —Este mundo está dominado por hombres, hija. Si quieres sobrevivir, tienes que aprender a usarlos a tu beneficio. Debes estar dispuesta a hacer sacrificios, incluso si tienes que entregar tu cuerpo —sentí un escalofrío—. Recuerda, ¿por qué haces todo esto? —Para proteger a Yuma —respondió ella con firmeza.

Mis ojos se abrieron de par en par. ¿Todo aquello era por mí? Mi padre, que apareció detrás de mí, me llevó aparte. Me explicó que la familia es lo más sagrado y que, por ella, estábamos obligados a guardar secretos. Desde entonces, viví rodeado de sombras y promesas de silencio, sabiendo que, si Zahorí se sacrificaba por mi seguridad, yo debía protegerla a toda costa.

Recuerdo perfectamente el día en que Zahorí llegó del colegio con Mirabel, una chica de intercambio de Venezuela. Tenía una voz que cambiaba constantemente y una personalidad arrolladora. Con los años, ella se convirtió en una hermana más. Cuando Zahorí se fue al extranjero, perdí el rastro de Mirabel... hasta hoy.

—¡No lo puedo creer! —exclamé, riendo al ver a "Arti" quitarse la máscara. Era ella, Mirabel—. ¿Todo este tiempo estuviste aquí?

—¡Me encanta verlos sin las máscaras, mis amores! —dijo ella, abrazándonos—. No saben cuánto esperaba este abrazo. —De haber sabido que eras tú, te habría aceptado esa cita que me pediste —bromeé.

Mirabel nos explicó que se había disfrazado porque tenía cuentas pendientes con la justicia tras golpear a Katy por intentar envenenar a mi hermana. Zahorí, siendo la mujer metódica que es, había conseguido pruebas para limpiar el nombre de Mirabel.

Esa misma noche, cité a Isabella en mi departamento. Necesitaba conocer la verdad de sus labios; necesitaba entender el infierno que mi hermana la ayudó a dejar atrás.

—¿Qué haremos esta noche? —preguntó ella, sentándose en el sofá con una sonrisa. —Isabella, me enteré de lo que pasó en Europa —le dije, tomándole la mano.

Su sonrisa se desvaneció. Sus ojos se cristalizaron al recordar aquel horror. —Fui engañada por un supuesto amigo —comenzó, con la voz rota—. Llegué a Europa pensando que tenía un trabajo de marketing, pero me drogaron y me forzaron a la prostitución. Intenté escapar tantas veces que perdí la cuenta, y cada vez recibía un castigo nuevo.

Se desabotonó la camisa, dejando al descubierto marcas y cicatrices atroces. Mi corazón se partió en mil pedazos. —Un día llegó Zahorí con la policía. Ella había estado infiltrada para desmantelar una red de tráfico humano. Me encontraron casi muerta, peleando contra quienes intentaban llevarme a un destino aún peor. Ella me salvó, me cuidó y me ayudó a empezar de nuevo con el restaurante. Le debo mi vida... nunca imaginé que terminaría enamorada de su hermano.

La besé entonces, no solo con deseo, sino con una promesa implícita de protegerla de todos los fantasmas de su pasado. —Prometo borrar cada una de tus marcas —susurré contra su piel. —Hazme tuya —respondió ella, entregándose al momento. —Te deseo —dije, deteniéndome con esfuerzo—, pero quiero esperar a que te sientas lista. Cuando ambos lo estemos.

Ella asintió, con una sonrisa serena. —¿Puedo quedarme a dormir? —Por mí, puedes quedarte todo el tiempo que quieras.

Esa noche, bajo las sábanas, no solo compartimos calor, sino una promesa silenciosa: la curaría de todas sus heridas, cueste lo que cueste.




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