CAPÍTULO 22: UNA NUEVA VIDA Y UNA VIEJA PESADILLA
PERSPECTIVA DE ZAHORÍ
Todo parecía demasiado perfecto. La empresa estaba en su mejor momento, Yuma e Isabella eran felices, mis amigos me eran leales y mi relación con Sebastián era, simplemente, el paraíso. Sin embargo, esa perfección me aterraba.
—¿Y esa cara, mujer? —la voz de Mirabel me sacó de mis pensamientos—. Pareces haber visto un fantasma. —Pienso que soy muy feliz y tengo todo lo que siempre quise —respondí, sintiendo un nudo en el pecho—. Siendo sincera, eso me tiene aterrorizada. Siento que, en cualquier momento, perderé todo esto. —Todo va a estar bien, Zahorí. No nos vas a perder —aseguró ella con una sonrisa.
Estaba a punto de responder cuando unas náuseas violentas me obligaron a correr al baño de la oficina.
—¿Estás bien? —preguntó Mirabel tras la puerta. —Es la tercera vez esta semana. Creo que tengo algún parásito —murmuré, limpiándome el rostro al salir. —O tal vez, en lugar de un parásito, es un bebé.
Mis ojos se abrieron de par en par. La risa irónica que intenté soltar se quedó atrapada en mi garganta. Tras una visita urgente a mi ginecóloga y treinta minutos de ansiedad, la noticia fue confirmada: estaba embarazada de doce semanas.
Al volver al apartamento, encontré a Sebastián. Nos acostamos juntos y, mientras acariciaba mi vientre, me confesó cuánto deseaba formar una familia conmigo. No le dije nada todavía; necesitaba procesar que, de nuestra luna de miel, había nacido una vida.
Al día siguiente, tras confirmarle la noticia a una eufórica Mirabel, el caos se desató. La puerta se abrió bruscamente y entró Raúl, mi contacto de inteligencia, con el rostro desencajado.
—Lo siento, Zahorí, tenía que interrumpir —dijo, con la respiración agitada—. Katy ha escapado de la cárcel. Viene por ti. Fui a tu casa, pero estaba hecha un desastre... parece que estuvo allí hace apenas una hora.
El pánico se apoderó de mí, pero antes de que pudiera colapsar, abracé a Raúl. Fue un gesto instintivo, una reacción de pura adrenalina.
—¿Desde cuándo Zahorí Collis es tan cariñosa? —preguntó una voz gélida desde la puerta. Sebastián estaba allí, con los brazos cruzados y una mirada capaz de matar. —Sebastián, verás... él es Raúl... —intenté explicar, pero no sabía cómo abordar los celos en un momento así.
—Mi novio —intervino Mirabel, caminando hacia Raúl y plantándole un beso apasionado que nos dejó a todos en shock. Raúl le siguió el juego con maestría. —¿No sabía que tenías novio, Mirabel? —preguntó Sebastián, bajando la guardia. —Hay muchas cosas que no sabes de mí —respondió ella con un guiño.
Sebastián volvió su mirada hacia mí, confundido. —¿Y por qué tu "novio" estaba abrazando a mi esposa? Suspiré, sintiendo que el peso de la verdad era demasiado grande. —Katy se escapó y viene por mí. Raúl es mi sombra, quien me mantiene viva. Tengo miedo, Sebastián. Tengo miedo de perderte a ti y a lo que estamos construyendo.
Las lágrimas brotaron sin control. Sebastián se acercó en un segundo, envolviéndome en sus brazos. —Amor, no me vas a perder. Te prometí protegerte y cumpliré mi palabra. Mirabel, duplica la seguridad y las sombras. Cualquiera de nosotros podría ser un objetivo.
Raúl y Mirabel asintieron y se retiraron. Antes de cruzar la puerta, Sebastián se detuvo y miró a Raúl con firmeza. —Y Raúl... para la próxima, es Zahorí de Gray.
Raúl asintió con respeto y salió. Sebastián se volvió hacia mí, con una mirada posesiva y tierna a la vez. —Qué celoso eres... —reí entre sollozos. —Tengo que proteger lo que es mío —respondió, dándome un beso profundo—. Espero que podamos salir bien de esto.
Lo miré, pensando en el bebé que crecía en mi vientre. Tenía que ser fuerte. Por nosotros, por nuestra familia y por el futuro que apenas comenzaba.
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Editado: 10.07.2026