Seductora Experta

CAPÍTULO 24: SOMBRAS, LEALTADES Y EL PLAN DE LA VÍBORA

CAPÍTULO 24: SOMBRAS, LEALTADES Y EL PLAN DE LA VÍBORA

PERSPECTIVA DE RAÚL

Soy un hombre sin pasado, un huérfano que jamás conoció la calidez de un hogar. Desde que tuve uso de razón, la calle fue mi única madre y el robo mi único lenguaje. Cuando cumplí dieciocho años y me expulsaron del orfanato, aprendí que en este mundo solo sobrevives si eres más rápido y más silencioso que quienes intentan aplastarte. Un día, intenté entrar en la mansión de un comandante del ejército buscando algo de valor; me atraparon, pero en lugar de enviarme a prisión, vieron el potencial en mi capacidad de pasar inadvertido.

Me entrenaron para convertirme en un arma, un fantasma que servía a su país en guerras que nadie más quería librar. Después de cinco años de infierno, me destinaron a una misión final en Europa.

—Señor, ¿por qué Europa? Creo que hay operativos con más experiencia para esto —cuestioné, sintiendo que algo no encajaba. —La agente especial ha solicitado a alguien profesional, alguien en quien confiar, alguien que pueda actuar como una sombra. Dile que pase.

La mujer que entró en la habitación no encajaba con mis expectativas. Elegante, fría como el mármol, con una mirada que parecía atravesar el acero. Zahorí. Al principio, la subestimé. Fue mi mayor error. Ella no tardó en demostrarme que su mente era un arma mucho más letal que cualquier fusil que yo hubiera manejado.

—No juzgues un libro por su portada, Raúl —dijo, sin siquiera mirarme—. Y no, no leo tu mente, solo sé leer a la gente como tú.

Desde ese momento, supe que mi vida me pertenecía menos que antes. Cuando la misión terminó, me pidió ser su sombra permanente. Acepté sin dudarlo, jurándole una lealtad absoluta. Fue entonces cuando me entregó su orden más importante: proteger a Mirabel, su mejor amiga, a cualquier precio. Al ver su foto, sentí un vuelco inexplicable en el pecho. No sabía por qué, pero esa chica morena se convirtió, en silencio, en mi centro de gravedad.

Pasaron los meses. Yo era su guardián invisible. Sabía que Mirabel se disfrazaba de "Arti" para proteger a Zahorí, y aunque la regla era clara —jamás relacionarme con su círculo íntimo—, la cercanía me fue consumiendo. Me enamoré de ella sin poder decirle quién era.

Esa noche en el club, cuando ella confesó su amor por un "fantasma", mi mundo se detuvo. Yo era ese fantasma. Al verla borracha, la llevé a mi departamento, cuidándola con una devoción que rozaba la locura. Ella me llamó por mi nombre en sueños, y al despertar, nuestro primer beso confirmó lo que ambos habíamos estado negando.

Sin embargo, el destino es cruel. Al día siguiente, la noticia de la fuga de Katy nos golpeó como un rayo. La encontré en la oficina, tomada de la mano con Mirabel, quien tuvo que fingir que era su novio ante Sebastián para evitar un conflicto mayor. Cuando al fin estuvimos a solas, una bofetada fue el preludio de una confesión apasionada.

—Si este es tu método para decirme que estás molesta, será un placer ser molestado el resto de mi vida —le susurré antes de sellar nuestro pacto con un beso que sabía a futuro, a riesgo y a redención.

PERSPECTIVA DE KATY

He vivido toda mi vida bajo la premisa de que el mundo me pertenece. Mi padre es un magnate del narcotráfico y mi madre, la abogada más temida del país; juntos construyeron un imperio intocable. Y yo soy la heredera de esa maldad.

Desde que conocí a Sebastián, supe que sería mío. Era el trofeo perfecto. Sin embargo, mi verdadero objetivo inicial fue Yuma, cuya familia poseía un poder que eclipsaba cualquier cosa que Sebastián pudiera ofrecerme. Pero la estúpida de Zahorí siempre estaba ahí, como una sombra molesta, interponiéndose en mis planes. Me odiaba, sí, pero su odio era una moneda de cambio con la que yo no podía negociar.

Cuando descubrí mi embarazo del profesor de química, pensé que tenía la carta ganadora para atrapar a Sebastián. Pero Zahorí, esa bruja calculadora, desenterró mis secretos, amenazó a mis padres y me obligó a desaparecer. Me fui a Colombia, donde me convertí en la verdadera princesa de la mafia, puliendo mis métodos, aprendiendo a manipular no solo con dinero, sino con miedo.

Volver y encontrar a Sebastián casado con ella fue el insulto final. No solo me quitaron al amor de mi vida, sino que me encerraron en un agujero esperando a que me pudriera. Pero subestimaron mis conexiones. Los guardias que debían vigilarme no eran más que otros de mis amantes desechables. Escapar fue cuestión de una caricia y una promesa vacía.

Ahora estoy libre. Zahorí cree que puede proteger a todos, que puede esconderse tras sus guardaespaldas y su seguridad reforzada. Pero no sabe que ya estoy en las sombras, observándola. Sé lo del embarazo. Sé dónde vive. Sé cuánto le duele perder lo que ama.

Zahorí, esto apenas comienza. No te dejaré salirte con la tuya esta vez. Voy a destruir todo lo que has construido, pieza por pieza, y lo último que verás antes de desaparecer será a Sebastián suplicando por mi perdón. Disfruta tu felicidad mientras dure, porque el infierno ha vuelto a casa.




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