Según Mis Cálculos Eres Mío

Capítulo 8: La declaración

El abogado se llamaba Tiago Nunes, un hombre de unos cincuenta años que Helena conocía de su época universitaria, cuando ambos habían coincidido en un curso de derecho corporativo que ella tomó como electiva "por curiosidad estadística," según le gustaba bromear. Los recibió esa misma tarde en su despacho, un espacio pequeño pero impecablemente organizado en el barrio de Baixa, con estanterías repletas de códigos legales ordenados con una precisión que Helena apreció instintivamente.

—Cuéntenme todo, desde el principio —dijo Tiago, tomando notas en una libreta amarilla mientras Helena y Marco relataban, alternándose, la cronología completa: el primer encuentro en la fábrica, la evolución de su relación laboral, el momento en que se volvió personal, y finalmente, la queja anónima presentada ante Recursos Humanos.

Cuando terminaron, Tiago se recostó en su silla, revisando sus notas con expresión pensativa.

—Bien. Primero, las buenas noticias: no existe ninguna prohibición legal explícita contra relaciones personales entre empleados y colaboradores externos en la legislación laboral portuguesa. Lo que sí puede existir, y probablemente existe, es una política interna de la empresa que exige declarar conflictos de interés potenciales, incluidas relaciones personales que puedan influir en decisiones profesionales.

—¿Y si no declaramos esa relación a tiempo? —preguntó Helena, temiendo la respuesta.

—Depende de cómo se interprete "a tiempo". Si pueden demostrar que la relación personal comenzó después de que las decisiones críticas del proyecto ya estaban tomadas de manera objetiva, con documentación que respalde que esas decisiones se basaron en datos, no en favoritismo, tienen un argumento sólido. La clave va a estar en la cronología exacta.

Helena sintió un peso aliviarse ligeramente de sus hombros. La cronología, después de todo, era algo que ella podía documentar con precisión.

—La primera vez que discutimos como pareja, no como colegas, fue hace poco más de dos semanas —dijo, calculando mentalmente las fechas—. Todas las decisiones importantes del proyecto, incluyendo la presentación del cronograma inicial y la defensa contra la contrapropuesta de Val, ocurrieron antes o durante ese período de transición, cuando nuestra relación era estrictamente profesional o, en el peor de los casos, apenas empezaba a insinuarse.

—Perfecto. —Tiago anotó algo en su libreta—. Necesito que reúnan toda la documentación posible: correos electrónicos con marca de tiempo, registros de reuniones, cualquier evidencia que demuestre que las decisiones se tomaron con criterios objetivos y no por influencia personal. Cuanto más sólida sea esa documentación, más débil será el argumento de Val Costa, sea cual sea su verdadera intención con esta queja.

—¿Y en la entrevista formal? —preguntó Marco, hablando por primera vez desde que habían empezado a repasar los detalles legales—. ¿Qué debemos decir, exactamente?

—La verdad, con precisión y sin exceso de información. No mientan, porque cualquier inconsistencia puede usarse en su contra más adelante. Pero tampoco ofrezcan detalles innecesarios que puedan malinterpretarse. Respondan exactamente lo que se les pregunta, con hechos verificables, y eviten cualquier comentario emocional que pueda restarle objetividad a su testimonio.

Helena asintió, sintiendo que, al menos en el terreno legal, empezaba a recuperar algo de la sensación de control que tanto necesitaba.

—Una última pregunta —dijo Tiago, mirándolos con una expresión más personal, menos profesional—. ¿Están seguros de que quieren declarar esta relación abiertamente ante la empresa, incluso si legalmente podrían intentar minimizar su exposición? Porque una vez que lo hagan, no hay vuelta atrás. Toda la empresa lo sabrá, y eso puede traer consecuencias que van más allá de lo estrictamente legal: rumores, juicios de valor, presión adicional en un ambiente laboral que ya de por sí puede ser hostil.

Helena miró a Marco, quien le devolvió la mirada con una firmeza que no dejaba lugar a dudas.

—Sí —dijo ella, sin vacilar—. Prefiero enfrentar esto con la verdad completa que vivir escondiéndome, o dejando que Val Costa controle la narrativa con insinuaciones y medias verdades.

—Estoy de acuerdo —añadió Marco—. Además, no tenemos nada de qué avergonzarnos. Lo que sentimos el uno por el otro es real, y no debería tener que esconderse como si fuera un error.

Tiago sonrió, cerrando su libreta.

—Entonces esa va a ser su estrategia: transparencia total, respaldada por documentación irrefutable de la integridad profesional de sus decisiones. Les enviaré un resumen formal por escrito antes de la entrevista, y estaré disponible si necesitan asesoría adicional durante el proceso.

***

Los siguientes días transcurrieron en una especie de tensión contenida. Helena y Marco, siguiendo el consejo de Tiago, mantuvieron una distancia profesional cuidadosamente calculada en las oficinas y en el sitio de construcción, evitando cualquier gesto que pudiera malinterpretarse mientras la investigación estaba en curso. Pero esa distancia física solo intensificaba la necesidad de verse fuera del contexto laboral, y sus noches juntos se volvieron, paradójicamente, más intensas, más cargadas de una urgencia emocional que ninguno de los dos había experimentado antes.

—Odio esto —confesó Helena una noche, acurrucada contra el pecho de Marco en el sofá del estudio de él, mientras la lluvia golpeaba suavemente contra las ventanas—. Odio tener que actuar como si no sintiera nada cuando te veo en el trabajo. Odio que Val Costa tenga ese poder sobre nosotros.

—Solo es temporal —dijo Marco, besándole la frente—. En cuanto termine la investigación, y va a terminar a nuestro favor, podremos volver a ser nosotros mismos sin tener que escondernos.

—¿Y si no termina a nuestro favor? ¿Y si me reasignan del proyecto, o peor, si esto afecta mi reputación de manera permanente?




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