Las semanas que siguieron a la salida de Val Costa trajeron consigo una sensación de normalidad que a Helena, después de tanto tiempo viviendo en estado de alerta constante, le costó al principio reconocer como tal. El proyecto de Marvila avanzaba sin obstáculos hacia su fase final, la segunda etapa de restauración había comenzado con un presupuesto aprobado sin ninguna disputa, y por primera vez desde que había conocido a Marco, Helena podía caminar por los pasillos de Aurora Tech sin la sensación constante de estar calculando amenazas potenciales.
-Es extraño -le confesó a Marco una tarde, mientras almorzaban en la terraza improvisada que habían instalado en el tercer piso de la fábrica restaurada, con vista directa al Tajo-. No tener que preocuparme por la próxima jugada de Val. Casi no sé qué hacer con toda esta tranquilidad.
-Podrías intentar algo revolucionario, como simplemente disfrutarla.
-Suena arriesgado.
-El riesgo más grande que has tomado en meses. -Marco le sonrió, ese gesto que seguía desarmándola con la misma intensidad de siempre, aunque ya llevaban meses juntos-. ¿Sabes qué escuché esta mañana? Ricardo mencionó que el ayuntamiento quiere organizar una inauguración oficial para la primera fase completa, dentro de un mes. Van a invitar a la prensa, a representantes culturales de toda la ciudad. Quieren convertirlo en un evento importante para Lisboa.
-Eso es maravilloso, Marco. Después de todo lo que pasó, merecen ese reconocimiento tanto tú como el equipo completo.
-Merecemos, Helena. Este proyecto no hubiera llegado a ningún lado sin tus números defendiendo cada decisión ante el consejo.
Ella sonrió, sintiendo un orgullo genuino que ya no necesitaba disfrazar tras la fachada profesional que tanto había cultivado durante años. El proyecto de Marvila se había convertido en algo mucho más profundo que una simple línea en su currículum: era la prueba tangible de que sus números y la pasión de Marco podían coexistir, complementarse, construir algo que ninguno de los dos hubiera logrado solo.
***
Val Costa, mientras tanto, había desaparecido casi por completo del radar de la empresa. Los rumores en los pasillos hablaban de una salida negociada, sin escándalo público que pudiera dañar la reputación de Aurora Tech, aunque todos los que habían estado presentes en aquella última reunión sabían exactamente lo que había sucedido en realidad. Helena, para su propia sorpresa, no sentía la satisfacción vengativa que había esperado experimentar. Sentía, más bien, un alivio profundo mezclado con una especie de compasión distante hacia una mujer cuya ambición desmedida la había llevado a destruir su propia carrera.
-¿Crees que aprendió algo de todo esto? -le preguntó a Clarys, durante uno de sus almuerzos semanales, ahora libres de la tensión constante que los había caracterizado durante meses.
-Personas como Val rara vez aprenden lecciones de humildad de esta manera -respondió Clarys, con la perspectiva profesional que su formación en psicología le ofrecía-. Es más probable que reinterprete todo esto como mala suerte, o como una conspiración en su contra, en lugar de reconocer que sus propias acciones fueron las que la llevaron hasta ahí.
-Eso es triste, en cierto sentido.
-Lo es. Pero no es tu responsabilidad cargar con esa tristeza, Helena. Hiciste lo correcto defendiéndote, y el resultado fue justo. -Clarys le tomó la mano, sonriendo con esa calidez que solo una hermana mayor podía ofrecer-. Ahora, cambiemos de tema hacia algo mucho más interesante. ¿Cómo van las cosas con Marco, después de esa conversación tan seria que mencionaste?
Helena sintió que una sonrisa se le escapaba, casi involuntariamente, al recordar la noche en que Marco había hablado de construir algo permanente juntos.
-Bien. Mejor que bien, en realidad. Hemos hablado sobre buscar un apartamento juntos, algo más grande que mi espacio actual, con suficiente lugar para su desastre de planos y maquetas.
-¡Helena! -Clarys casi derramó su café de la emoción-. ¿Van a vivir juntos? ¿Cuándo pensabas contarme esto?
-Te lo estoy contando ahora mismo. -Helena rió, disfrutando genuinamente de la reacción exagerada de su hermana-. Todavía estamos en fase de planificación, viendo apartamentos, calculando presupuestos conjuntos. Nada está confirmado todavía.
-Escúchate, "calculando presupuestos conjuntos". Eso es tan tú y tan adorable al mismo tiempo. -Clarys sacudió la cabeza, con una sonrisa que reflejaba una felicidad genuina por su hermana menor-. Nunca pensé que vería el día en que Helena Duarte planificara una vida compartida con alguien, después de años insistiendo en que el amor era solo una variable manejable dentro de un sistema más amplio.
-Resulta que algunas variables no se pueden manejar del todo. Solo se pueden abrazar.
-Mira nada más. La analista financiera se volvió poeta.
Helena le lanzó una servilleta arrugada a su hermana, ambas riendo con la ligereza de dos personas que finalmente podían disfrutar de un momento sin la sombra de una crisis inminente cerniéndose sobre ellas.
***
La búsqueda de apartamento se convirtió en una nueva fuente de descubrimientos sobre la relación entre Helena y Marco, revelando contrastes que, lejos de generar conflicto, terminaban resolviéndose con una facilidad que sorprendía a ambos.
-Este me gusta -dijo Marco, deteniéndose frente a un apartamento en el barrio de Graça, con vistas panorámicas sobre los tejados de la ciudad-. Tiene carácter. Historia. Se nota que fue construido antes de que la eficiencia energética moderna arruinara toda la personalidad arquitectónica.
-También tiene tuberías de hace ochenta años que probablemente necesiten renovación completa, y una distribución que desperdicia al menos quince metros cuadrados en pasillos innecesarios -respondió Helena, revisando el plano en su tablet.
-Ahí está tu lado analítico arruinando el romance del momento.
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Editado: 08.10.2026