Según Mis Cálculos Eres Mío

Capítulo 14: La inauguración

El edificio principal de Marvila, apenas semanas atrás un esqueleto de ladrillo cubierto de polvo y andamios, se había transformado en algo que ni Helena ni Marco hubieran podido imaginar completamente durante aquellas primeras discusiones sobre cronogramas y presupuestos. Las fachadas restauradas brillaban bajo la iluminación cuidadosamente diseñada para resaltar cada detalle histórico recuperado, las columnas centenarias que Marco había defendido con tanta pasión ahora sostenían un espacio que combinaba, de manera casi poética, la memoria industrial de la ciudad con una funcionalidad completamente moderna.

Helena llegó vestida con un vestido verde esmeralda que Clarys había insistido en elegir con ella, un color que, según su hermana, resaltaba la seguridad que Helena había ido construyendo durante los últimos meses. Se sentía, por primera vez en un evento de esa magnitud, genuinamente presente, sin la coraza analítica que solía protegerla en situaciones sociales de alto perfil.

-Estás increíble -le dijo Marco, encontrándola en la entrada, vestido con un traje oscuro que contrastaba con su habitual desenfado, aunque su sonrisa mantenía toda la calidez despreocupada que Helena había aprendido a amar-. ¿Lista para esto?

-Según mis cálculos, la probabilidad de que esta noche sea un éxito rotundo es extremadamente alta.

-Me gusta esa estadística. -La besó brevemente, sin importarle las miradas curiosas de los primeros invitados que ya empezaban a llegar-. Vamos, quiero presentarte a todo el mundo antes de que empiece el discurso oficial.

La noche avanzó entre presentaciones, brindis y elogios genuinos hacia el trabajo realizado. Ricardo Pinto, radiante de orgullo corporativo, presentó a Helena ante varios periodistas como "la mente financiera detrás del éxito del proyecto", un reconocimiento público que meses atrás, en medio de la crisis con Val, Helena jamás hubiera imaginado recibir con tanta naturalidad.

Fue durante uno de esos intervalos, mientras Marco conversaba animadamente con un grupo de representantes del ayuntamiento, que Helena sintió una presencia acercarse con una intención que no tenía nada de casual.

-Tú debes ser Helena. -La voz pertenecía a una mujer elegante, de cabello oscuro recogido con precisión, vestida con un traje negro que proyectaba una autoridad tranquila-. Inés Marques. He escuchado mucho sobre ti.

Helena sintió que el pulso se le aceleraba, reconociendo de inmediato el nombre que tanto había ocupado sus pensamientos durante los últimos días.

-Inés. Marco me habló de ti.

-Espero que no le haya faltado a la verdad en su relato. -Una sonrisa cortés, pero con un filo apenas perceptible, se dibujó en los labios de Inés-. Nuestra historia terminó de una manera... complicada.

-Marco fue completamente honesto conmigo sobre lo que pasó en Oporto -respondió Helena, con la calma estratégica que tanto había perfeccionado durante los meses de crisis con Val, negándose a permitir que la incomodidad del momento se reflejara en su postura-. Incluyendo la investigación que enfrentó por tu denuncia.

Algo en la expresión de Inés cambió, quizás sorprendida por la franqueza directa de Helena, quizás incómoda ante la confirmación de que su versión de los hechos ya no tenía el poder de sorprender ni desestabilizar.

-Entonces sabes que Marco tiene la tendencia de anteponer su visión idealista por encima de la responsabilidad práctica. Es encantador al principio, pero con el tiempo, se vuelve agotador vivir con alguien que nunca sabe cuándo detenerse.

-Curiosamente, esa misma pasión que tú describes como agotadora es exactamente lo que hizo que el proyecto de Marvila resultara en un éxito rotundo, tanto arquitectónico como financiero. -Helena mantuvo un tono calmado pero firme, sin ceder terreno-. Aprendí, trabajando con él, que la pasión y la responsabilidad no tienen por qué ser fuerzas opuestas. Solo necesitan encontrarse en el punto correcto de equilibrio.

Inés la observó con una atención renovada, como si estuviera reevaluando a la mujer que tenía enfrente.

-Val Costa me contó que tuviste tu propia crisis reciente, algo relacionado con conflicto de interés.

Ahí estaba, finalmente, la confirmación que Helena había sospechado desde que Marco le contara sobre la conexión entre ambas mujeres.

-Entonces sí hablaste con Val.

-Nos conocimos hace un par de años, en una conferencia sobre desarrollo urbano. Cuando me contactó hace unas semanas, mencionando que Marco estaba nuevamente involucrado en una relación que combinaba trabajo y sentimientos, sentí curiosidad genuina. -Inés se encogió de hombros con una elegancia calculada-. No fue una conspiración deliberada, si eso es lo que estás pensando. Simplemente compartimos experiencias similares con hombres que confunden pasión profesional con juicio objetivo.

-Val manipuló información completamente descontextualizada para sabotear mi carrera y nuestra relación por ambición personal. Eso no tiene absolutamente nada que ver con juicio profesional comprometido. -Helena sintió que su voz adquiría una firmeza que meses atrás, antes de conocer a Marco, quizás no hubiera logrado proyectar con tanta seguridad ante una confrontación de esa naturaleza-. Y con todo respeto, Inés, lo que viviste con Marco hace dos años no me dice absolutamente nada sobre lo que él y yo hemos construido juntos.

Un silencio tenso se extendió entre ambas mujeres, interrumpido finalmente por la llegada de Marco, cuya expresión cambió instantáneamente al reconocer a Inés junto a Helena.

-Inés. No sabía que ya se habían conocido.

-Estábamos teniendo una conversación reveladora -respondió Inés, con una sonrisa que no lograba ocultar completamente la incomodidad de haber sido confrontada tan directamente-. Tu nueva pareja es bastante... directa.

-Es una de las cosas que más admiro de ella -dijo Marco, rodeando a Helena con un brazo protector, un gesto que no dejaba lugar a ambigüedades sobre dónde estaban depositadas sus lealtades-. Inés, aprecio que hayas venido esta noche a representar a la asociación, pero espero que puedas separar cualquier resentimiento personal hacia mí de la profesionalidad que esta ocasión merece.




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