La investigación del inspector Ferreira avanzó durante las siguientes dos semanas con una intensidad que mantuvo a Helena y Marco en un estado constante de tensión contenida, alternando entre la vida cotidiana que intentaban proteger y las actualizaciones periódicas sobre el caso que se construía metódicamente contra Val Costa.
-Tenemos algo importante -anunció el inspector Ferreira, durante una llamada que llegó un martes por la mañana, justo cuando Helena se preparaba para salir hacia una reunión de seguimiento del proyecto de Marvila-. Logramos obtener una orden judicial para revisar las comunicaciones telefónicas de Val Costa de los últimos dos meses. Encontramos llamadas frecuentes a un número que pertenece a un especialista en seguridad informática con antecedentes previos por hackeo no autorizado de sistemas bancarios.
Helena sintió que el corazón se le aceleraba, la confirmación creciente de que la amenaza que enfrentaban era mucho más calculada y peligrosa de lo que inicialmente habían imaginado.
-¿Eso es suficiente para presentar cargos formales?
-Estamos muy cerca. Necesitamos una pieza más de evidencia concreta: una transacción financiera que vincule directamente el pago por esos servicios ilegales con Val Costa. Estamos trabajando con el banco para rastrear esa conexión.
Cuando colgó, Helena se quedó sentada un momento en su escritorio, procesando la magnitud de lo que la investigación estaba revelando. Val no solo había actuado por resentimiento impulsivo; había planeado, con una premeditación escalofriante, contratar servicios criminales especializados para atacar directamente sus finanzas personales.
-Esto va mucho más allá de lo que imaginé al principio -le confesó a Marco esa noche, mientras cenaban en su apartamento, ambos con el apetito notablemente reducido por la tensión acumulada-. Val no solo reaccionó con rabia. Planificó esto con una frialdad que me resulta genuinamente perturbadora.
-¿Crees que hay alguna posibilidad de que se detenga por su cuenta, ahora que sabe que hay una investigación policial en curso?
-No lo sé. Personas con ese nivel de determinación vengativa no siempre responden racionalmente ante el riesgo de consecuencias legales. A veces, cuanto más acorraladas se sienten, más impredecibles y peligrosas se vuelven sus acciones.
Las palabras de Helena resultaron proféticas apenas tres días después, cuando un nuevo incidente elevó la situación a un nivel completamente distinto de gravedad.
***
Helena salía del edificio de Aurora Tech una tarde, ya oscureciendo, cuando notó que su coche, estacionado en el garaje habitual, mostraba signos evidentes de haber sido manipulado: los cuatro neumáticos completamente desinflados, con cortes precisos que descartaban cualquier posibilidad de accidente casual.
Sintió que el miedo, esta vez visceral y directo, le recorría el cuerpo entero mientras marcaba el número de Marco con manos temblorosas.
-Alguien saboteó mi coche -dijo, apenas él contestó, sin poder disimular el temblor en su voz-. Los cuatro neumáticos, cortados deliberadamente.
-Voy para allá inmediatamente. No te muevas de donde estás, y llama al inspector Ferreira ahora mismo.
Marco llegó en tiempo récord, encontrándola todavía junto al coche dañado, pálida pero manteniendo una compostura forzada que reflejaba años de entrenamiento controlando sus reacciones bajo presión. El inspector Ferreira llegó poco después, acompañado de un equipo forense que examinó cuidadosamente la escena.
-Esto es un salto significativo en el nivel de amenaza -dijo el inspector, observando los cortes precisos en los neumáticos-. Pasamos de ataques digitales y comunicaciones amenazantes a daño físico directo a su propiedad, en un espacio que usted frecuenta regularmente. Eso sugiere una escalada peligrosa en el comportamiento del agresor.
-¿Encontraron alguna cámara de seguridad que pudiera haber captado esto? -preguntó Marco, con una tensión evidente en cada palabra.
-El garaje tiene cámaras, aunque de calidad limitada. Vamos a revisar las grabaciones inmediatamente.
Las imágenes, revisadas esa misma noche en la comisaría, mostraban una figura encapuchada que había ingresado al garaje aproximadamente una hora antes de que Helena saliera del edificio, moviéndose con una familiaridad que sugería conocimiento previo del sistema de seguridad del lugar. Aunque la calidad de la grabación no permitía una identificación facial concluyente, la altura, la complexión y ciertos gestos particulares en la manera de moverse resultaron sospechosamente consistentes con Val Costa.
-Esto, combinado con la evidencia acumulada de las últimas semanas, es suficiente para solicitar una orden de arresto -dijo el inspector Ferreira, revisando las imágenes con atención profesional-. Vamos a proceder mañana mismo con la solicitud formal ante el juez.
Helena sintió una mezcla compleja de alivio y aprensión ante la noticia. Alivio porque finalmente parecía que la pesadilla podría llegar a una resolución concreta; aprensión porque conocía lo suficiente sobre la naturaleza impredecible de Val como para temer cómo podría reaccionar ante la inminencia de un arresto.
***
Esa noche, de regreso en su apartamento, Marco insistió en que ninguno de los dos saliera solo durante los días siguientes, mientras se procesaba la orden de arresto.
-No voy a vivir con miedo permanente, Marco. Eso significaría que Val ganó, de todas formas.
-No se trata de vivir con miedo permanente, Helena. Se trata de ser prudentes durante un momento específicamente peligroso, cuando sabemos que está a punto de enfrentar consecuencias legales serias. Las personas acorraladas son las más impredecibles.
Helena reconoció la sabiduría en sus palabras, aunque la frustración de tener que restringir su independencia, incluso temporalmente, le resultaba profundamente incómoda.
-Está bien. Pero en cuanto esto se resuelva, no voy a permitir que el miedo defina cómo vivo mi vida, ni ahora ni en el futuro.
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Editado: 08.10.2026