La mañana después de la boda, en lugar de despertar entre las sábanas de un hotel romántico como habían planeado originalmente para su primera noche como esposos, Helena y Marco se encontraron sentados en la oficina de Tiago Nunes a las ocho en punto, con los documentos completos del proyecto de Alcântara extendidos sobre la mesa, mientras Ricardo Pinto y un especialista en seguridad informática de Aurora Tech revisaban simultáneamente los sistemas de comunicación de la prisión donde Val cumplía su condena.
-Lamento profundamente que tengan que pasar así la mañana después de su boda -dijo Tiago, revisando cuidadosamente cada cláusula contractual con la misma meticulosidad que había aplicado durante la crisis anterior-. Pero dado que el mensaje mencionó específicamente los contratos de Alcântara, necesitamos descartar cualquier irregularidad antes de que avancen con las firmas programadas para esta semana.
-Entiendo completamente, Tiago. La seguridad del proyecto es prioritaria -respondió Helena, aunque una parte de ella, la parte que apenas la noche anterior había estado bailando su primer vals como esposa, sentía la injusticia cruel de que incluso su día más feliz no pudiera estar completamente libre de la sombra de Val Costa.
El especialista en seguridad informática, un hombre joven llamado Rui Baptista, levantó la vista de su ordenador con una expresión que combinaba sorpresa y preocupación genuina.
-Encontré algo. El mensaje que recibió Helena no vino directamente de Val Costa desde la prisión, como sospechábamos. Fue enviado por alguien más, usando un servicio de correo anónimo, pero rastreamos la dirección IP hasta un despacho de abogados en Lisboa.
-¿Qué despacho? -preguntó Marco, con la tensión evidente en su voz.
-Machado y Asociados. Y, curiosamente, revisando los registros públicos, descubrimos que ese despacho representa a un pequeño grupo de inversores que compró recientemente, hace apenas tres semanas, varios terrenos adyacentes al área designada para el proyecto de Alcântara.
Ricardo Pinto frunció el ceño, procesando la información con una creciente inquietud profesional.
-Eso sugiere que alguien está intentando sabotear el proyecto no por venganza personal contra Helena o Marco directamente, sino por interés financiero especulativo. Si logran retrasar o cancelar el proyecto de renovación, esos terrenos adyacentes podrían perder valor significativamente, lo cual les permitiría comprarlos a un precio más bajo, o alternativamente, si el proyecto avanza sin su participación, podrían intentar negociar una compensación considerable amenazando con obstáculos legales.
-¿Y la conexión con Val? -preguntó Helena, aunque presentía que ya conocía parte de la respuesta.
-Vamos a investigar si existe alguna relación directa entre Val Costa y este grupo de inversores -respondió Rui-. Es posible que, incluso desde prisión, haya logrado establecer contacto con personas dispuestas a continuar su agenda de venganza, quizás a cambio de alguna compensación futura, o simplemente motivadas por su propio interés financiero en ver fracasar un proyecto que ella misma no pudo controlar.
La investigación se profundizó durante los días siguientes, revelando gradualmente una red de conexiones que confirmaba las sospechas iniciales: Val, incluso desde prisión, había mantenido comunicación limitada pero efectiva con un antiguo contacto de sus días como directora de proyectos, alguien que ahora trabajaba para el grupo de inversores interesados en sabotear Alcântara, proporcionándoles información privilegiada sobre la timeline del proyecto y sugiriendo estrategias específicas de presión, incluyendo la amenaza velada dirigida directamente a Helena en su día de bodas.
-Es sorprendente hasta dónde está dispuesta a llegar, incluso en su situación actual -comentó Marco, una tarde mientras revisaban las actualizaciones de la investigación en su apartamento, apenas días antes de que finalmente pudieran partir hacia su luna de miel pospuesta-. Pensé que, con ella en prisión, finalmente estaríamos completamente libres de su influencia.
-Yo también lo pensé. Pero supongo que hay personas cuya necesidad de control y venganza no se detiene ni siquiera ante consecuencias legales severas.
El inspector Ferreira, informado inmediatamente sobre los nuevos hallazgos, procedió con una investigación adicional que resultó en cargos nuevos contra Val por conspiración desde prisión, además de una investigación paralela contra el despacho de abogados y el grupo de inversores involucrados, quienes enfrentarían cargos por intento de manipulación de mercado inmobiliario y coacción.
-Esta vez, las consecuencias legales van a ser considerablemente más severas -explicó el inspector, durante una reunión final antes de que Helena y Marco finalmente pudieran partir hacia las Azores-. Conspirar desde prisión para cometer nuevos delitos generalmente resulta en la extensión significativa de la condena original, además de cargos adicionales que podrían mantenerla encarcelada por varios años más.
Helena sintió un alivio complejo ante aquella noticia: la satisfacción de saber que la amenaza finalmente enfrentaría consecuencias definitivas, mezclada con una tristeza persistente ante la comprensión de que Val, atrapada en su propia obsesión destructiva, parecía incapaz de encontrar ningún camino hacia la redención genuina.
-¿Crees que alguna vez logrará entender el daño que ha causado? -le preguntó a Clarys, durante una llamada telefónica mientras terminaban de empacar para el viaje pospuesto.
-Personas con ese nivel de necesidad de control y venganza rara vez logran esa introspección genuina, Helena. Pero eso no es tu responsabilidad ni tu carga. Lo único que puedes controlar es cómo respondes tú, y has respondido con una fortaleza extraordinaria, protegiendo lo que construiste sin dejar que su obsesión defina tu propia felicidad.
***
#4573 en Novela romántica
#1313 en Novela contemporánea
amor comfusion intriga, romance primer amor cosas de la vida, amor matemático
Editado: 08.10.2026