Ryan
Durante todo el día la única idea que estuvo azotando sin piedad mi cabeza fue la de darle de cenar a Camille. Últimamente he creado una necesidad de ser yo quien le cocine la cena, quien la vea ingerir alimentos y es satisfactorio cada vez que cocino y ella se sorprende.
Aunque esta noche ha sido ella quien me ha sorprendido cuando me besó y me dejó convencerla de la forma más tonta posible, sin embargo, cualquier avance con Camille se siente una victoria diferente a todas las demás. Hay más emoción que cuando ganamos una maldita temporada de hockey, así de fuerte está la cosa con esta mujer. Es por eso que me divierto viéndola caminar y sé que todo será perfecto cuando llegue a mi casa, cuando pueda tenerla en mi espacio y esta hambre de ella se calme un poco, porque podré convencerla de dormir entre mis brazos, con mi camiseta. Con la sola idea siento que tengo más que suficiente, es por eso que cuando escucho un grito no sé de qué se trata, estoy lo suficientemente distraído con Camille para que algo más me importe, sin embargo, cuando la voz se vuelve exigente me hace fruncir el ceño al reconocerla. Giro y en mi cabeza suelto todas las maldiciones que puedo cuando una mujer vestida con un conjunto corto se acerca a pesar del frío que hace, ella lleva un abrigo pero las piernas al descubierto y la sonrisa que me dice que no quiero meterme en su juego esta vez.
Nadia llega hasta nosotros y la verdad es que han pasado muchos meses desde la última vez que decidió interrumpir en mi vida. Su cabello largo lo lleva suelto totalmente liso por su espalda, el rubio en ella siempre ha quedado bien, en combinación con sus ojos verdes, su cuerpo esbelto y bien trabajado y sus labios carnosos en una sonrisa coqueta que comienza a irritarme solo con verla.
Pensé que ella había entendido que ya no me interesaba nada con ella luego de que la encontré follándose a su entrenador de pilates.
—¿Qué haces aquí? —no soy amable porque con esta mujer no me nace serlo.
Fueron muchos años en los que pensé que tenía un buen matrimonio, pero lo único bueno eran los cuernos que me ponían en cuanto las puertas se cerraban. Nadia me hace un ridículo puchero que en algún momento me llegó a gustar, pero ahora mismo solo me irrita más.
—Pensé que sería buena idea venir a saludar a mi esposo, supongo que no te has olvidado de mí, cariño —hago una mueca en cuanto esas palabras salen de sus labios.
—Ya nos divorciamos —le recuerdo y ella sonríe.
—Eso no impidió que folláramos después. —Maldigo en voz baja porque esa mierda fue un completo desastre.
Después de nuestro divorcio sí, fui débil. Una noche en una fiesta me encontré con ella, charlamos un poco y luego de muchos tragos terminé enredándome con Nadia nuevamente, solo que la sensación de asco que tuve por mí y por la situación me llevó a aceptar que no soy capaz de volver a hacerlo una vez más.
Ella toca mi pecho y me aparto de ella, sus labios forman una sonrisa que me dice que piensa que yo no la he superado y por eso la estoy evitando, pero la verdad es que ella ya me da igual. No me gusta Nadia, no la quiero, no la amo, solo la tenía olvidada, sinceramente ni recordaba que yo fui un hombre casado con esta mujer alguna vez, porque desde hace más de un año, todo lo que gobierna mi cabeza es la mujer que justamente tengo a mi lado y que está mirando a Nadia de una manera que consigue asustarme un poco.
No quería que Nadia apareciera ahora, no cuando las cosas entre Camille y yo están avanzando, no cuando siento que por fin estoy cerca de llegar a ese punto que tanto he anhelado y siento que la presencia de mi exesposa acaba de arruinar mucho los avances que hemos tenido.
Camille viene de un matrimonio caótico donde la mierda de su ex la dejó por otra, no quiero que entre nosotros hayan dudas de ninguna porque no es lo que necesito y ella tampoco.
—Creo que fui claro. Ya no hay un nosotros y te pedí la última vez que nos vimos que si podemos no vernos nunca, sería mucho mejor, pero ya que estás aquí escucharé lo que tienes que decir para que te vayas —gruño molesto y ella finalmente posa sus ojos en Camille.
Parece que no la había notado hasta ahora, lo cual es estúpido porque Camille, donde sea que esté, consigue ser el centro de atención o llamar la mirada solo con su presencia.
—¿Y esta quién diablos es? —inquiere, veo que la doctora sale de su sorpresa inicial y frunce el ceño.
—Soy Camille Leblanc, espero que no se refiera nuevamente a mí de esa manera, señora. —Nadia sonríe un poco de forma falsa y mira de Camille hacia mí.
—Ah, con que es porque te estás follando a esta que tienes tantos aires de grandeza, Ry. ¿Debo darle consejos de cómo te gustan las mamadas para que te ayude? Se ve que no sabe mucho de esas cosas sucias que te gusta hacer cuando…
—¡Nadia! —le grito de una manera que hace que ella sale de su lugar, siempre evité gritarle en el pasado—. ¡Maldita sea, basta! Respeta a Camille o me olvidaré de respetarte a ti como mujer. Quiero que te largues de mi puta vida como lo hiciste antes, vete con quien quieras, pero déjame en paz —gruño.
—Ruff no me está follando, pero si lo hiciera no veo el maldito problema porque es un hombre soltero y tranquila, no necesito que me des clases de cómo hacer una buena mamada, porque si fueses tan experta, su apellido acompañaría tu nombre en este momento y no es así. Buenas noches. —Me quedo en blanco cuando Camille suelta eso y luego camina a paso seguro, dejándole la boca abierta a Nadia.
La veo subir a su auto y lanzarme una mirada que me hace saber que está cabreada, así que cuando se marcha, la cena que tanto pensé que iba a ocurrir se acaba de ir a la mierda por culpa de esta mujer.
—No la sigas —Nadia intenta detenerme cuando doy un paso en dirección al auto de Camille, así que me giro lentamente para mirarla porque realmente estoy comenzando a perder la poca paciencia que me queda.
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Editado: 04.10.2026