¿seguro que me amas?

Capítulo # 3

Capítulo # 3

En la mansión Di Rossi Ricci.

Xenia miró con emoción, el auto que era realmente precioso y el color que le gustaba, definitivamente amaría manejarlo y disfrutar de la brisa, era perfecto para ella.

Matt disfrutaba verla sonreír, se sintió muy mal por lo que le había hecho, quería compensarla en todo lo que ella deseaba, sabía que había cometido un error muy grande por dejarse llevar; Xenia no merecía su primera vez de esa forma. Si hubiera intentado conocerla un poco más, a lo mejor serían una pareja completamente enamorada.

—¿Puedo dar un paseo? —preguntó Xenia con emoción y risueña.

Matt había asentido con la cabeza y observó cómo se subió en el auto, nunca la había visto sonreír así, desde que la había traído a la mansión, se veía tan feliz y radiante.

Al principio la entendía porque salía de un hogar horrendo de un padre y hermano nefastos. Desde que estaban casados ninguno se había intentado comunicar con ella y ellos sabían que mientras estuvieran casados, y era una Di Rossi no podían tocarla.

En eso había sonado su celular y contestó:

—Dime, Sandro.

—Señor, ya se paralizó la demanda de divorcio. No tiene que preocuparse, seguirá casado con la señora Xenia.

—Perfecto, anula el proceso de separación —le ordenó y sonrió al mirar como su esposa se iba feliz manejando, le hizo seña a uno de sus hombres para que siguieran a Xenia, siempre la tendría vigilada. Porque sabía que su suegro y cuñado eran una basura, que si la veían sola eran capaces de hacerle daño.

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Xenia disfrutaba del aire, era increíble la sensación que estaba sintiendo, por fin tenía un auto propio del color que tanto le gustaba, veía que estaba siguiéndola Ciro y no se extrañó, desde que era una Di Rossi y su esposo tenía amigos en la mafia, siempre estaba siendo vigilada constantemente. En cierto modo lo agradecía, porque así su padre y su hermano no se acercarían a ella.

Ella había dado una vuelta y regreso a la mansión, feliz y eufórica, porque comenzaría a estudiar y que tendría su propio transporte.

Matt la veía venir muy risueña y veía como detuvo el auto, se había bajado con cuidado y fue hasta él emocionada.

—¡Me encanta!

Matt la había abrazado con cuidado y ella le había respondido el abrazo.

—Estoy aliviado que te guste, deberíamos entrar a casa —le propuso él separándose de ella y observó que estaba muy feliz—, pronto comenzaras las clases y tienes que estar relajada.

—Sí, le pondré mucho empeño, quiero ser una excelente abogada —dijo con mucha emoción.

—Lo serás, se detuvo nuestro divorcio —comunicó y veía su asombro—. No te dejaré libre aún Xenia y menos por el daño que te cause.

—Matteus, por favor —dijo avergonzada—, no tienes que presionarte.

—No Xenia, tengo que recompensarte por el daño que te he causado —aseguró él sin soltarla.

—Yo solo quiero recuperar mi vida y ser una abogada —habló ella segura de sí misma.

—Y lo serás Xenia, eres una mujer inteligente y decidida —aseguró él soltándola, notó su sonrojo—. Discúlpame por dudar de ti en todo este tiempo.

—Ya olvídalo Matt, lo importante que ya no soy virgen —dijo completamente aliviada y tranquila de si llegaba el momento de divorciarse no sufriría porque sería una mujer preparada para protegerse de las garras de su familia—, me hiciste el favor.

Matt le había levantado el rostro y la había besado apasionadamente, logrando que Xenia quedara un tanto sorprendida y correspondía a su beso, no podía negar que su marido besaba demasiado rico y que si no la hubiera tratado tan mal de seguro no saliera de su cama.

—No sabes cómo me controlo, esposa mía —dijo con voz ronca.

—Matt —susurró con cierto temor.

Él sintió como el cuerpo de su mujer estaba tenso y la soltó con cuidado, no pensaba presionarla por nada en el mundo sin antes darle un beso en la frente.

—Iremos con calma, esperaremos que te llamen de la universidad.

—Quiero comenzar lo más pronto posible —enseñándole su entusiasmo.

—Podemos hacer algo, puedes estudiar en una universidad privada, no perderás tanto tiempo —le propuso él.

—¿Será? —con una mirada dudosa de adelantarse, sus notas eran muy buenas y quería esperar un poco—, esperemos un tiempo prudente, si no me aceptan entonces te digo.

—Bien —dijo volviéndola a besar y cargándola, viendo su sonrojo—, vamos a la habitación.

Xenia al escuchar la habitación se había quedado rígida y se empezó a imaginarse lo peor, no quería acostarse con él aún y no estaba preparada de nada.

Matt quería hablar con ella en privado, no quería hacerlo en medio de la sala y que pudieran escucharlos los empleados.

Cuando iban subiendo las escaleras el cuerpo de su mujer estaba muy tenso y se sintió muy culpable, todo era su culpa y necesitaba ayudarla.

Ella al entrar a la habitación se puso muy mal y se puso muy nerviosa, y aún más cuando Matt había cerrado la puerta con seguro.

—Necesitamos hablar —dijo acercándose a ella y vio cómo se alejó.

—Pienso, que debemos ir con una psicóloga —dijo él y veía el asombro de su mujer—. ¿Qué pensabas mente cochina?

Xenia había soltado una carcajada de felicidad y tranquilidad, pensaba que su marido la obligaría a que lo intentaran de nuevo.

—Matt, si estoy de acuerdo.

—Voy a pedirle ayuda a mi prima Blanca, sé que no se negará —dijo nerviosamente, no le gustaba pedir ayuda a nadie y menos ventilar su vida privada.

—Me daré un baño y —sintió como las manos de él la agarraban por la cintura—. Matteus.

—No sabes cómo deseo hacerte el amor —confesó besándole su cuello suavemente, logrando como ella se estremeciera—. Si me dejarás intentarlo un poco.

—Tengo miedo —le confesó aterrada.

—Podemos ir probando poco a poco —le propuso él, girándola y logrando que lo mirara a los ojos—. Podemos hacerlo como un juego.




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