¿seguro que me amas?

Capítulo # 5

Capítulo # 5

En la mansión Di Rossi Ricci.

Xenia se había dado un baño y había salido, su esposo se encontraba sentando en la cama esperándola y con los brazos cruzados.

—Matt.

—¿Por qué tuvieron que sedarte? —preguntó levantándose de la cama y caminando hacia ella—. Dímelo.

—Me dolía muchísimo, ahora no siento tanto dolor —le respondió sintiendo como su esposo la guio a la cama.

—Tienes que descansar y no pensar mucho —le aconsejó él y dejándola acostada en la cama, se había separado para buscar la comida de su mujer—, tienes que comer algo.

—Siento un poco de hambre.

Él había salido de la habitación y había llamado a la empleada para que le trajera la comida, en menos de cinco minutos se lo trajeron.

Su mujer, al mirar la comida se le hacía agua a la boca, esperaba que su esposo se lo trajera para comenzar a comer y disfrutar un poco.

—Si mañana te sientes bien, me gustaría que fuéramos a ver algunas universidades privadas.

—Bien.

Matteus se había quedado con ella para que degustara de la comida y así esperar que estuviera bien para darse un baño y acostarse a dormir, se encontraba agotado por el día que había tenido el día de hoy.

Al momento de salir del baño, se había fijado que ella estaba entretenida mirando la televisión, se había cambiado rápido y se había colocado a su lado, había elegido un pijama de color azul.

Xenia, al sentirlo en la cama, había acomodado su cabeza en su hombro y se había acurrucado entre sus brazos.

—Hasta mañana —dijo él con la voz cansada.

—Hasta mañana —contestó con cierta sonrisa y cerró los ojos.

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En el departamento Di Rossi Bianco.

Alex observó como su mujer estaba disfrutando de una película romántica, había ido por palomitas de maíz y un poco de helado.

—¿Quieres dulce o salado? —le preguntó enseñándoselas.

—Las palomitas —respondió quitándole la taza y disfrutando de las palomitas.

Él se había colocado a su lado y disfrutaba del helado.

—Es hora de ponerle fecha a nuestra boda civil.

Kenya había dejado de comer, intentó procesar que Alexis quería convertirla en su esposa legalmente, en una Di Rossi. No se lo esperaba, se imaginaba que solo estaría con ella en concubinato y nada más. Nunca ser la señora de Di Rossi.

Ella no esperaba aspirar algo más, toda su vida había sido desdichada y nada bueno podría pasarle, hasta que lo había conocido a él y ahora tendría un bebé que los uniría para siempre.

—¿Estás seguro? —preguntó con temor, tenía que estar bromeando con ella.

Alex miró incrédulo y el asombro de su mujer, como que era sorprendente que quisiera hacerla su esposa y ser la señora Di Rossi. Entendió que había tenido una vida un tanto difícil en cierto punto, ella merecía toda la felicidad del mundo y nunca jugaría con algo tan importante como era el matrimonio.

—Claro que sí, eres la mujer de mi vida y quiero que seas mi esposa legalmente Kenya —afirmó dejando a un lado el helado y girándose para mirarla a los ojos—. Te amo y tendremos un bebé. ¿Por qué tenemos que esperar?

—Pero… —titubeó con tanto nerviosismo, odiaría que él se casará con ella por puro compromiso y porque debía de hacerlo. Comienzo a llorar—. Tengo miedo —confesó, atormentada y afligida—, tengo mucho miedo Alexis de no ser la esposa adecuada para ti, mi pasado me atormenta y no puedo evitarlo.

A él se le rompió el corazón de verla tan frágil y vulnerable, su mujer había pasado por tantas cosas que era un milagro que siguiera de pie, en especial como su propio padre la golpeaba de una manera tan cruel. Había sido un milagro que no perdiera a su bebé y que estuviera viva aún.

—Eres la esposa que deseo y no quiero que cambies Kenya, sé cómo siempre ha sido conmigo —pidió acariciándole el mentón y la besó dulcemente en los labios—. Llegaste para cambiar mi vida y verte a punto de morir, me hizo reflexionar —tocándole su vientre con cuidado—, te lo juro amor, no permitiré que nadie te haga daño y menos a nuestro bebé que fue concebido con tanto amor. Se mantuvo fuerte para no morir.

Las palabras sobraron, Kenya se había aferrado a sus brazos para drenar todo lo que estaba sintiendo, no creía que Alexis pudiera amarla tanto, al punto de pedirle matrimonio, sabía que lo había engañado para poder cometer su venganza y que su hermana fuera su mayor motivación, ahora que no estaba físicamente porque lo había sentido de esa forma. Quería cambiar y pedirle perdón a Emily por el daño que le había causado al robarse al bebé.

—Nunca dudes de mi amor Kenya, sé que tengo un carácter difícil y me afecto mucho la muerte de mi padre —abrió su corazón y la había abrazado con tanta protección—. Mi madre ha estado conmigo mientras que estabas en coma y como ha cambiado para apoyarnos.

—Te juro, que te haré el hombre más feliz del mundo —dijo besándolo con tanto amor, mientras que sus lágrimas seguían cayendo en sus mejillas.

Alex había profundizado el beso y la amaría siempre, en ella había encontrado todo lo que buscaba en una mujer y sería una excelente madre para su bebito.

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En la mansión Di Rossi Rodríguez.

Emily estaba disfrutando de la risa de su hija Evaluna como estaba jugando con su hijo Falco.

—Mi reina —habló Franco, llegando y desatándose la corbata, dejando a un lado el maletín y había besado a su amada esposa.

—Te extrañábamos —confesó su mujer sonriéndole.

—Por fin llegué —confesó sentándose en el sofá y como su preciosa hija estaba haciéndole cosquillas a su hijo—. ¿Y si tenemos otro?

—En tus sueños —le respondió su mujer juguetona y dándole un beso en los labios—. Sabes que no quiero más y ahora menos que me va tan bien en mi trabajo.

—Tengo una mujer de negocios —expreso orgulloso como su esposa había crecido en lo laboral y no se extrañaba que su hija también comenzaría a bailar profesionalmente.




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