¿seguro que me amas?

Capítulo # 9

Capítulo # 9

Al día siguiente, Matteus se había llevado Xenia a la clínica para que le realizaran unos exámenes como le había recomendado el doctor y como salía los exámenes, su mujer arrojo que se encontraba perfectamente y buscaría la ayuda de una psicóloga para que pudiera atenderla, no podía seguir viviendo con traumas el resto de su vida.

Xenia estaba rota por dentro y quería que ella sanara por completo, que fuera una mujer feliz.

Al llegar a su hogar, Xenia se había dado un baño para irse a la universidad, necesitaba despejar su mente.

—Hola, hola —habló Linda llegando a la mansión de uno de sus gemelos.

—Hola, madre —habló Matteus dándole un beso en la frente—. ¿Cómo estás?

—Bien hijo, vengo a visitar a mi nuera… Tienen bastante que no van a visitarme —les comentó trayéndole regalos para ellos—. Luego paso por Kenya y Alexis.

—Xenia se va para la universidad y yo me iré a la empresa —le comentó observando cómo se sienta en el sofá divinamente—, te tocaría quedarte a solas.

—¿Me estás botando? —le preguntó incrédula, como era posible que su hijo fuera de esa forma.

En eso venía Xenia vestida de casa.

—¿Y no vas a la universidad? —le preguntó confundido su esposo.

—Me enviaron por el grupo que no habrá clases, porque al profesor se le presentó una emergencia y solo era su clase —le respondió dirigiéndose a la cocina.

—Madre, te dejaré con Xenia —dijo él caminando hacia ella y dándole un beso en la frente a su madre—. Nos veremos en la tarde.

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En la cocina.

Xenia se había preparado unos panes rellenos y había sacado de la nevera un jugo de naranja, tomó un vaso y lo había llenado.

—Nuera —habló Linda asomándose como ella disfrutaba del jugo.

—Hola, señora Linda —habló Xenia con cierta vergüenza porque su suegra estaba disfrutando de verla comer

—Estás tan bella.

—Es que la universidad y eso, me tiene con mucha hambre —expresó con cierta sonrisa.

Ella se había sentado en la silla y veía venir a su nuera como se sentaba a comer, agradecía que no hubiera sirvientas que pudieran molestarlas.

—Estás muy bonita Xenia —dijo con sinceridad Linda, como en estos últimos meses su nuera había estado estudiando y se veía muy rozagante, la veía más alegre, comunicativa y más apegada a Kenya.

—Gracias, he estado esforzándome mucho para poder ser una gran abogada. 

—Lo serás Xenia, eres una mujer inteligente y responsable —le aseguró Linda entusiasmada.

—Muchas gracias, Linda —dijo agradecida y tomando un sorbo de jugo—. Usted ha sido buena conmigo y quiero ser una buena nuera.

—Tengo buenas nueras —confesó con una sonrisa—. Hasta Maurizio es bueno conmigo.

—Usted, tiene un carácter difícil —expresó con suavidad, notaba en su mirada incredibilidad, era que Xenia era muy sincera y eso le agradaba—. Es dulce cuando se necesita.

—Te quiero Xenia, espero ser una buena abuela con mis nietos en el futuro.

—Lo será, de eso no tengo ninguna duda —sonriéndole y ofreciendo un poco de pan—, coma.

—Se ve bueno —dijo ella comenzando a comer un poco.

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En la mansión Di Rossi Bianco.

Kenya había despertado y había encontrado a su esposo preocupado, la noche anterior había llorado mucho al saber lo de su hermana, siempre lo había sentido de esa forma, saber que se había quitado la vida porque ella no había despertado a tiempo, la hizo sentirse muy mal.

—Kenya, tienes que estar bien —le dijo sentándose a su lado y tocándole su vientre—, no permitiré que te pase nada malo.

—Me urge drenar todo lo que estoy sintiendo —logra decir con tristeza—. No pude verla enterrar, no estuve con ella por última vez, Alex… es tan duro para mí.

—Por eso, me negaba en decirte y enseñarte ese vídeo —confesó arrepentido por estar causándole ese daño a su mujer, se suponía que ella quería saberlo, que estaba preparada y que lo asimilaría un poco más.

—Algún día tenía que saberlo amor, no te sientas mal, por eso —lo miró tiernamente y lo abrazaba—. Te amo Alexis, nunca lo olvides.

—Yo a ti —aseguró él aferrándose a su abrazo.

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En la empresa Di Rossi Di Rossi

En la oficina de Matteus.

—Sandro —habló él mirando a su mano derecha—, te ordeno que ubiques a mi cuñado y suegro, que le hagas entender que no intenten acercarse más a mi mujer.

—Sí, señor —dijo sentándose y mira su mirada sombría—. ¿Quiere que investigue si en verdad está enfermo?

—Por supuesto Sandro, vas a investigar muy bien a esos dos y me dirás que está pasando realmente —decidido que si era mentira que tenía cáncer, lo haría pagar. Por su culpa, Xenia estaba sufriendo.

Sandro se había levantado y había salido de la oficina, dejando a su jefe a solas; en eso entraba Mario Greco, el esposo de su prima Blanca.

—Hola.

—Hola, primo —dijo él con una de las gemelas.

—Hola, Samira —dijo encantado como la niña iba hacia él y lo abrazo con tanto amor—. Eres tan dulce mi niña.

—Es un torbellino —comentó él sentándose como su hija estaba disfrutando de los brazos de su primo.

—Samira es muy apegada a ti —comentó él disfrutando a la pequeña como estaba sentada en sus piernas y sonriéndole con alegría—. ¿Y ese milagro?

—Quería que Xenia trabajara con nosotros —comentó, notaba su asombro—. He escuchado mucho de Xenia en la universidad de abogacía y me gustaría que hiciera sus pasantías en mi empresa, sabes que Amelia es una excelente abogada y vendrá a dar asesoría a mis abogados.

—Me encanta, Xenia se sentirá en familia —expresó feliz.

—Xenia es una chica muy hermosa e inteligente —afirmó Mario y observó como su hija se bajaba en las piernas de Matt, se había sentado en sus piernas—. Me alegra que Xenia estudié, es muy inteligente y eso lo supe que una vez estaba escuchando una conversación que teníamos Franco y yo, se incluyó dando una opinión que nos dejó sorprendidos y te felicito por todo el apoyo que estás dándole, no cometas el mismo error que yo cometí en ponerle trabas a Blanca.




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