¿seguro que me amas?

Capítulo # 11

Capítulo # 11

Luego de hacer el amor en la playa, Xenia se sintió exhausta y le había pedido que fueran a la casa, ella se había dado un baño y se sintió muy refrescante.

Matteus había preparado un poco de comida para ambos, al mirar veía que su mujer se reunía con él y lo ayudaba en la cocina.

—Tengo unas ganas de comer sushi —expresó sacando un poco de agua de la nevera y comentó—. Para no vivir nadie aquí, está todo muy cuidado.

—Aquí duerme alguien —respondió con suavidad—. ¿Quieres que pidamos comida?

—Sí.

Él había sacado su celular del bolsillo del pantalón y había pedido dos órdenes de comida, para su mujer sushi y él quería comer hamburguesa, por si acaso había pedido dos, por si su mujer se le antojaba comer un poco más.

Xenia se había dirigido a la nevera y había sacado un helado.

—¿Quieres? —ofreciéndole, notó su negación con la mano—, últimamente tengo hambre de más.

—Porque haces tantas cosas Xenia —recordó con una mirada suave—, es hora de tomar unas vacaciones.

—Estoy estudiando —le recordó disfrutando del helado.

—Eso lo que me molesta —confesó, con una sonrisa burlona, su mujer hacía un gesto que no le creía—. Tengo que decirte algo.

—¿Qué pasa? —preguntó al notar su seriedad.

—Ayer le di una golpiza a tu hermano, estaba merodeando por la mansión —confesó, no iba a ocultarle nada a su mujer. Esperaba ver su reacción y ella solo soltó un suspiro—. ¿Por qué no te sorprendes?

—Porque no es la primera vez que escucho algo así —dijo sentándose en la silla y alejando el helado de ella—, mi hermano siempre se ha metido en problemas al punto que una vez pensé que iba a morirse.

—Nunca te he preguntado esto Xenia. ¿Tú ibas a los casinos, seguido?

—No, el primer día que fui te conocí, nunca he tenido a cercanía con nadie —le confesó, tenía que despejar esa duda que le rondaba en la mente de su marido—. Cuando te conocí a ti y Alexis fue la primera vez.

—Gracias a Alexis, coloque los ojos en ti —confesó él caminando hacia ella y girándola para levantarla de la silla, le acarició el mentón y la besó dulcemente en los labios—. Te elegí y tú a mí.

—Al principio, quería alejarme de ellos y conocerte a ti… Tuve la ilusión que podríamos ser una familia y mira todo lo que paso.

—Te confieso, que al decir que no eras virgen fue una decepción tan grande para mí —confesó con cierta vergüenza—, sentía que tú debías de ser solo para mí y saber que alguien pudo haberte tocado me ponía mal.

—Y yo no te di ninguna opción, me propuse a seducirte para lograr aseguró mi futuro contigo —comentó con cierta vergüenza y abajo la cabeza—. Llegue a pensar en embarazarme para seguro al menos mi futuro, conocerte cada día más y saber cómo era tu familia. Me hizo entender que no debía hacerlo y me siento tranquila que no lo hice porque, no quiero que estés conmigo por algo, quiero que me ames como yo te amo.

—Xenia —dijo completamente sorprendido por su confesión, la abrazó en modo protección por ser sincera con él, desahogarse, contarle lo que quería hacer y nunca lo hizo, era de admirable que tenga esa valentía de decírselo—. Yo te amo y desde hace tanto tiempo, pero, mi orgullo pudo más que mi corazón.

—Sé que los Di Rossi son orgullosos.

—Demasiado amor. Me gustaría mejorarlo.

—Te amo, así como eres, en todas las versiones eres lo mejor para mí —confesó besándolo con tanto amor y deseo.

Estuvieron besándose por un buen rato, hasta que escucharon el sonido del timbre, de mala gana se tuvieron que separar, Matteus se alejó de su mujer para recibir la comida, se había ido hasta la puerta y había recibido la comida, pago y se volvió a reunir con su mujer como estaba sacando la gaseosa.

Él había dejado la comida en la mesa y se había ido a busca de unos platos para empezar a degustar.

Xenia le sonrió tiernamente y se sintió aliviada, había podido decirle lo que sentía y pensaba, amaba cada momento a su lado y como anhelaba que todo era perfecto. Hasta que su familia no fuera un problema nunca sería feliz porque ellos no le importaban su felicidad o bienestar, solo el dinero, llevar una vida llena de lujos y apariencias.

.

.

En la mansión Di Rossi.

Pedro se encontraba confundido, había recibido una llamada de su hijo anunciándole que estaba en la ciudad y que su hija vendría también de visita, en unos días sería la boda de su sobrino Alexis, era el único que faltaba por casarse y legalmente, todos estaban ansiosos que llegara la boda para darle la bienvenida a la pequeña Georgina Andrea Di Rossi Bianco.

—Llegue —habló Linda llegando a la mansión de su hermano—, me llamaron, para qué hay reunión familiar.

—Ni te molestes en llamar a Matteus —habló atrás de ella su hijo Alexis con su mujer Kenya.

—Hola, mi barrigona —dijo cariñosamente Pedro acercándose a la joven y tocó su vientre con mucha ilusión—. Será una hermosa niña.

Kenya le sonrió con ternura, era tan lindo que la quisieran tanto a pesar del daño que había causado.

—Hola —dijo Gerardo llegando con su familia, en eso vio corriendo su hija Aimeé a los brazos de su abuelito.

—Mi muñequita —dijo estrechándola entre sus brazos y disfrutando de la hermosa nieta que tenía, amaba a sus nietos con toda su alma—. ¿Y está reunión?

—No sé cómo decírtelo —habló Gerardo mirándolo con cierta preocupación, se había reunido a la familia porque sabía que al saber del embarazo de Fiorella se pondrían como locos y la idea era que no la hicieran sentir mal.

—Esperen —habló Franco llegando con su mujer e hijos.

—Algo pasa —comentó Blanca, llegando también en compañía de sus hijas.

—Vamos a reunirnos en la sala y que los niños grandes vayan a jugar en el jardín —propuso Franco a los padres y todos habían aceptado.

Mariela se había quedado extrañada y había salido a cuidar a los niños, mientras que la familia se volvió a reunir, solo faltaba Josué, Fiorella y Matteus.




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