¿seguro que me amas?

Capítulo # 14

Capítulo # 14

Al llegar a la clínica, Fiorella había sido atendida en el área de ginecología rápidamente, al ver que no salían con ella. Josué había llamado a Máximo explicándole la situación, cuando había llegado corriendo y desesperado atrás de él, su suegro.

—Y, ¿cómo está? —preguntó Máximo con el corazón latiéndole a mil.

—No sabemos nada —habló Gerardo, se encontraba impaciente.

Hasta que vieron que había salido un médico a reunirse con ellos.

—Buenas noches —habló con seriedad y mirándolos—, tuvimos que realizarle un degrado, el feto se encontraba sin latidos.

Josué se había quedado pasmado y habló:

—¿El bebé se murió?

—Eso es correcto, cuando llegaron a la clínica ya el bebé estaba muerto. Pudo haber sido estrés, algo que la tenía angustiada o simplemente murió —expresó con sinceridad—. Esto suele pasar mucho.

—¿Y cómo está mi esposa? —preguntó Máximo angustiado por ella.

—Estable, si el embarazo hubiera llegado a término. Todo hubiera salido bien porque es una mujer completamente sana.

—Mi hija, ha cuidado una dieta estricta.

—Eso me dijo ella, eso no quiere decir que pueda tener un embarazo normal.

—Necesito verla —pidió Máximo con el corazón destrozado.

—Venga conmigo —dijo él.

Máximo fue guiado a la habitación de Fiorella, estaba desesperado y sintiéndose culpable por lo ocurrido. No la había cuidado como debía, al momento de abrir la puerta, se asomó y observó a una mujer diferente.

—Ella no es mi esposa —dijo con cierto asombro.

El médico lo miró confundido, se suponía que ella era la mujer que había llegado acompañada por unos hombres.

—Será que hay un error —dijo con cierta vergüenza.

Máximo se había puesto ansioso, porque no sabía nada de su mujer, en eso escucho su voz, y había salido corriendo por el pasillo y la vio venir con una enfermera.

—Fiorella —dijo él abrazándola con tanta protección y con cuidado, se había alejado un poco de ella y agarrado su rostro con sus manos, necesitaba mirarla a los ojos y saber la verdad—. ¿Qué tienes?

—Nada, un poco cansada —respondió con ganas de irse, su bebé estaba bien y solo tenía que descansar un poco más por el bien de su salud y que su embarazo llegara a finalizar.

—¿El bebé está bien? —preguntó con pánico y afligido.

—Todo bien —respondió sin entender por qué estaba en ese estado, lo notó alterado en cierto punto—. Es hora de irnos —anunció ella agarrándolo de la mano para que se fueran.

Al hacerlo, vinieron corriendo hacia ella su padre y hermano.

—Mi niña, no es tu culpa —dijo Pedro abrazándola.

—¿De qué culpa habló? —preguntó confundida a su cónyuge.

—El médico nos dijo que perdiste al bebé.

Fiorella lo miró con espanto, qué cosa tan horrible estaban imaginándose su familia por una mala información.

—No, el bebé está bien —informó con suavidad para tranquilizarlos.

Josué y Gerardo soltaron un suspiro de alivio, al saber que el pequeño o pequeña estaba bien de salud. 

—Quiero irme a casa y dormir por un buen rato —notifico agotada por todo lo que había tenido que vivir el día de hoy.

Gerardo había salido por el auto.

—¿Había dos Fiorella? —preguntó, confundido, su primo Josué.

—Sí —respondió ella, al salir de la clínica, notó que su hermano venía con el auto, le urgía acostarse a dormir.

Máximo, espero que su cuñado estacionara y ayudaba a su esposa a subirse en el auto. Observó que se encontraba muy agotada y la llevaría a la cama directamente porque odiaría que algo le pasara al bebé, ese bebé que llegara para agrandar a la familia y amaría con todo su ser.

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En la casa de playa.

Xenia se encontraba en brazos de su marido, ambos estaban en la cama.

—Xenia, ¿cómo se llamaba tu madre?

—Ximena —respondió acomodándose en sus brazos—. Yo me parezco mucho a ella físicamente.

—Su carácter lo heredo Dino, mi madre se le enfrentaba a mi padre y nunca le tuvo miedo —explicó entrelazando sus manos con las suyas.

—Carácter no es golpear Xenia —dijo con suavidad, he encantado de meterla tranquila en la cama y tuvo una idea—. Si llegamos a tener una nena, ¿te gustaría llamarla Ximena?

—No.

—No vas a colocarle un nombre parecido al mío —aclaro levantándose un poco y ella le sonrió—. No, Xenia, nuestros hijos no tendrán esa desgracia.

—Ya veremos —dijo divertida, lo jalo para que siguiera en la cama con ella, no quería que le quitara el calorcito que estaba brindándole.

—Te encanta tenerme en la cama —susurró acercándose a sus labios y la beso ardientemente.

Xenia se había acomodado en la cama para profundizar el beso, sabía que harían el amor como estaba besándola con aquel frenesí y la verdad estaba adorando hacer el amor con él, serían un matrimonio que disfrutaran del buen sexo y con los años tener su primer hijo.

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Al día siguiente.

Xenia no quería irse, su esposo la había convencido de que volverían pronto, a partir de ahora sería su lugar favorito. Era extraño que Xenia se aferrara a un lugar que habían visitado, desde que estaban casados no habían viajado porque no le gustaba dejarla sola y menos ahora con la situación que estaba su mujer, con esa gente que era su familia.

—Matt —dijo ella apagando el radio y haciéndole ojitos para que su esposo la mirara de reojo porque estaba manejando—. ¿Volveremos verdad?

—Sí —dijo agarrando su mano y besándola con cariño.

—Tengo un antojo de comer algo salado —soltó para notar su expresión y él solo sonrió—. ¿No te preocupa?

—No, estamos evitándolo y si llega a pasar, será bienvenido, Xenia. No soy tan infantil en buscar un culpable, cuando disfrutamos lo que hacemos.

—Me encanta escucharlo. Odio cuando los hombres culpan a las esposas por quedar embarazada como si el bebé solo fuera de la mujer —dijo moviéndose un poco para sacar galleta de la cartera.




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