¿seguro que me amas?

Capítulo # 18

Capítulo # 18

En la casa de playa.

Horas después.

En la habitación.

Xenia con cuidado le quitó la sábana a su esposo, estuvieron amándose toda la noche y demostrándose lo mucho que se amaban, al sonar la alarma ella alargó su mano y era la siete de la mañana, sintió como su esposo la agarró de la cintura y la pego a su cuerpo, no estaría mal hacer el mañanero y su mujer se había separado de él.

—Qué aguafiestas amaneciste —dijo con cierta burla.

—Tengo que salir y lo sabes —dijo observando como él estaba mirándola detenidamente y le sonrió—. ¿Qué miras?

—Lo hermosa que estás últimamente, tienes un brillo en sus ojos que me encanta.

Ella lo había besado tiernamente en la frente.

—Eres tan dulce —logró decir separándose de él y se iba al baño.

Matt observó cómo se alejó y dejando una pequeña mancha roja en la sábana, no era tan grande, pero, se había levantado porque conocía los dolores de vientre que sufría su mujer, cuando iba acercándose notó que su esposa estaba extrañada.

—¿Qué pasa? —preguntó confundido y observando que estaba mirando un papel higiénico que tenía unas manchas rosadas—. Es tu periodo.

—No es mi periodo Matteus, es algo más —le aseguró ella extrañada y boto en la papelera el papel, y fue en busca de su bolso que se encontraba en su habitación, miró que había otra prueba de embarazo y entró de nuevo. Observó la seriedad de su marido—. Tengo que salir de dudas.

Volvió a realizarse la prueba de embarazo con su marido presente y espero los minutos que eran correspondientes, cuando se había acercado se puso pálida.

—Matt, estoy embarazada —logró decir con temor que estuviera pasándole algo al bebé, su marido había sido demasiado apasionado.

Él se acercó y si era cierto, estaba embarazada.

—Tenemos que ir a la clínica, si te envían reposo lo tendrás Xenia —le habló con cierta preocupación.

La mujer solo asintió un tanto asustada, porque no tenía ningún síntoma y recordó los síntomas de su marido, abrió los ojos exageradamente y le comentó:

—Tú tienes todos los síntomas del embarazo.

Entonces Matteus había caído en cuenta que era cierto que su mujer había estado divinamente y él había sentido todos los síntomas de una manera exagerada, los vómitos, mareos y náuseas que venían de repente, porque los tenía él si la embarazada era ella.

Era tan extraño, se había alejado y llamo a su amiga, que había sido la ginecóloga de su mujer por tantos años, y lograron una cita de emergencia.

Ella se encontraba feliz y asustada, no quería vivir un embarazo, asustada, quería disfrutarlo y sentirse plena.

Matteus espero que su mujer saliera del baño y se había bañado rápidamente para irse a la clínica.

Mientras que Xenia le había enviado a su cliente que no llegaría a la hora de la cita si no un poco más tarde.

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Una hora más tarde.

En la clínica.

Xenia escuchó los latidos de su bebé, tenía seis semanas de gestación y todo estaba marchando perfectamente bien, el sangrado era normal por algunas semanas, que dejaría de botarlo.

—Nuestro hijo —dijo con emoción Matt, como ansiaba tener un hijo en unos meses, lo tendría.

—Todo está perfectamente bien, Xenia mucho cuidado y estaremos viéndonos seguido —expresó ella alegremente.

—Muchas gracias —dijo realmente feliz de saber que tendría un bebé del hombre que amaba.

—En unos meses estaremos programando una cesárea o parto natural —les informó mirando el calendario—, eres primeriza o se adelantan, o se atrasa el parto.

—Mientras que todo esté bien con mi mujer e hijo, para mí es suficiente —le aclaró alegremente.

—No te preocupes, amigo, todo saldrá bien —les aseguró.

—Puedo llevar mi vida completamente normal —dijo con cierto temor Xenia.

—Por supuesto, sin hacer movimientos bruscos —le aconsejó a la futura madre, estaba feliz por ellos porque habían esperado este momento por unos meses y había llegado en el momento justo.

—Vámonos —dijo Matteus ayudando a su esposa a levantarse para irse de una vez a la reunión que tenía su mujer.

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En la mansión Bianco.

Valentino observó las fotografías de su nieta, su corazón latía con tanta fuerza y asombro, como Georgina se parecía tanto a su difunta hija, pareciera que hubiera nacido de su niña en vez de esa bastarda.

—Necesito a esa niña —comentó con desesperación.

—Señor, la niña es alegre, ocurrente y muy divertida —le informó con seriedad—, estudia en una de las mejores escuelas y es la mejor de su clase, por lo que supe. Kenya le ha hablado tanto de su tía que la niña quiere seguir sus pasos en el modelaje. Su yerno es comprensivo y están en busca de un segundo bebé.

—Tengo que quedarme con esa niña, me urge tenerla a mi lado —aseguró él con ganas de cuidarla y quedársela. Sería un sueño hecho realidad si recuperara a su hija de nuevo.

—Comenzaremos con el protocolo señor —le anunció seriamente.

—Hazlo, es hora de traerla a casa —dijo con decisión.

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Xenia y Matteus salieron de la clínica, felices, desayunaron en un restaurante conocido y se fueron a reunir a la mansión Martinelli, Matteus se asombró porque esa familia era muy acomodada y no tanto eso, que no les gustaba socializar mucho.

—Buenos días, soy la abogada Xenia Ricci —anunció mirando al mayordomo.

El hombre se le había quedado mirando detenidamente y la hizo pasar junto con su esposo, al entrar ella se había quedado encantada como ese lugar era tan bonito y agradable.

—Señorita Xenia —habló el hombre mayor de unos cuarenta años y acercándose a ella—. No sabes cómo estaba esperándola.

—Es un gusto verlo —dijo formalmente Xenia y lo saludo con un apretón de manos, y espero unos segundos para presentarle a su esposo—. Mi marido Matteus Di Rossi.




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