¿seguro que me amas?

Capítulo # 21

Capítulo # 21

Dante había llevado a su hermana a la clínica más cercana, no podía evitar tardar mucho más, al momento de haber llegado a la clínica fue atendida rápidamente al decirles que estaba embarazada.

Matteus volvió a llamar a su cuñado para saber en qué clínica se encontraban, por suerte su familia estaba con él y no lo dejarían solo.

Jenny al conocer a Dante quedo fascinada por lo atractivo que era y saber que era hermano de su cuñada le asombraba porque eso significa que su cuñada era una Martinelli.

—Y, ¿cómo está? —preguntó con nerviosismo Matteus.

—Estábamos hablando y de repente se le pegó un dolor, sin dudarlo, la traje a la clínica —le respondió preocupado de que su hermana perdiera al bebé.

—Me urge estar con ella —dijo angustiado él.

Un médico se dirigió hacia ellos y habló:

—Familiares de la señora Di Rossi.

—Soy su esposo —respondió Matt con el corazón latiendo a mil por el miedo que fuera algo malo.

—La señora se encuentra bien, solo fue una falsa alarma —explicó mirando a los presentes—. Es bueno reaccionar a tiempo, porque han llegado casos de que creen que es una simple molestia y no podemos salvar al bebé.

—¿Podemos verla? —preguntó Dante al médico.

—Sí, enviaré a una enfermera que venga por ustedes, la tendremos en observación por una hora más y la daremos de alta, es mejor prevenir que lamentar —dijo con sinceridad y alejándose de ellos.

Matt cayó sentado en la silla, aliviado en saber que su mujer e hijo estaban bien, que no pasaría nada malo y que su bebé nacería bien.

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En la habitación de Xenia.

Ella tocó su barriga con tanto amor y protección, sintió que exagero un poco, le aterraba la idea de perderlo, su ilusión más preciada y el anhelo de tenerlo entre sus brazos.

—Señora, no se sienta mal —dijo la enfermera que estaba atendiéndola y le comentó—. Hace unos meses, llego una chica como usted, con un dolorcito sin importancia para ella, pero estaba perdiendo a su bebé. La paciente creía que esas punzadas no eran de importancia y luego se lamentó muchísimo.

—Gracias, estoy demasiado exagerada por cuidar tanto mi embarazo —confesó con cierta vergüenza.

—No le dé vergüenza, la vida de un hijo es importante —le aseguró.

El doctor había entrado a la habitación y le sonrió a Xenia.

—Está un batallón esperando a entrar —comentó él.

—Quiero ver a mi esposo —pidió ella con unas ganas de tenerlo cerca de ella.

—Por favor, Dolores llama al señor.

—Sí.

El hombre esperó que saliera la enfermera, necesitaba hablar seriamente con su paciente.

—Todo está bien, es mejor que no haga muchos movimientos bruscos y trabajar hasta el mediodía, no quiero encontrármela aquí de nuevo.

—Sí, voy a bajarle un poco a mi trabajo —le dijo con cierta pena.

—Escúcheme bien, ser responsable es bueno y te llena de satisfacción —aconsejándola—, la vida de usted y la de su bebé no tiene precio, es mejor hacer las cosas con calma y evitar estrés.

—Gracias por sus consejos —dijo con tranquilidad.

La puerta se abrió y entrando desesperado Matteus en compañía de Dante.

—¿Estás bien? —preguntó su esposo, acercándose a ella y tocando su vientre.

—Amor, estamos perfectamente bien —le aseguró ella.

—Le expliqué a la señora que debe de bajarle el estrés un poco y descansar por el bien del bebé.

—Haremos todo lo que usted está diciéndonos —aseguró Matteus con su corazón, aún acelerado por el susto que vivió.

—Solo estará una hora más y pueden irse a casa.

—Bien —dijo Matteus.

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En la sala de espera.

Kenya miró el reloj y pronto su hija saldría de la clase de piano, tenía talento y querían que lo explote, que no fuera una niña tímida como algunas a su edad, pero protegiendo su inocencia.

—Amor, me voy a buscar a Andrea —le anunció.

—Ve.

Kenya había salido de la clínica en compañía de su guardaespaldas, desde que regreso a la vida de Alexis siempre estaban cuidándolas y protegiéndolas a su hermosa princesa, esa pequeña que le recordaba tanto a su difunta hermana.

Al subirse al auto, ella empezó a llamar a la profesora de piano, para anunciarle que iba por su hija, conoció a la profesora por medio de una compañera de trabajo que tenía una niña dos años mayor que Georgina, al escuchar lo bien que enseñó y lo dedicada con a los pequeños capto su interés y su esposo acepto que la niña tuviera clases de piano, había sido lo mejor porque sentía que Geo había aprendido mucho y esperaba que fuera una niña sana y feliz.

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En la casa de la profesora.

Georgina estaba lista para que su madre viniera por ella y disfrutaba de estar en sus brazos, su mamá vivía cargándola y llenándola de besos, era la mejor mami del mundo.

El timbre sonó y era Kenya por su hija, al encontrarla sonriendo también le sonrió, eso significaba que le encanto la clase y que estaría hablando por horas.

—Vamos amor, es hora de descansar.

Georgina se había despedido de su maestra de piano y se fue a los brazos de su madre.

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Valentino desde lejos observó a su hija Kenya con aquella sonrisa, como su nieta estaba encantada en los brazos de su madre, era increíble lo bien que se veía, estos años le habían servido para embellecerse y ser una Bianco, su hija bastarda, tenía un parecido a su abuela materna, sus hijas terminaron pareciéndose a su familia que a la familia de sus madres.

—Está hermosa su hija —comentó su mano derecha.

—Es toda una Bianco, aunque me pese —expresó seriamente y le ordenó—. Vámonos, tengo que ganarme el amor de mi niña.

—Si señor.

Encendiendo el auto para alejarse de la mirada de los guardaespaldas, Di Rossi y esperanzado que su jefe pudiera disfrutar a su nieta en las últimas semanas de vida.




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