El miedo me paralizó.
Entonces, una luz estalló frente a mí.
No era cegadora, era cálida. Envolvente.
Cuando pude volver a enfocar la vista, la sombra ya no estaba.
No pensé.
No miré atrás.
Me levanté del suelo casi por reflejo, ignorando el dolor que me subía desde el tobillo. Mis piernas se movieron solas, como si supieran exactamente qué hacer.
Correr.
El aire me quemaba los pulmones mientras avanzaba entre calles que ya no reconocía. Gente pasando a mi lado, nadie entendía que pasaba.
Yo tampoco.
Corrí.
Las luces del festival habían desaparecido. Las risas también. Solo quedaban sombras proyectadas en las paredes, faroles rotos y un silencio extraño entre gritos lejanos.
Giré hacia el oeste, tal como me dijeron.
Mis pasos resonaban contra el pavimento húmedo. Cada esquina era un riesgo de que me encontrará esa sombra.
Seguí corriendo.
Mis piernas temblaban, pero no me detuve. El dolor se volvió parte de mí, algo lejano, irrelevante. Solo importaba avanzar.
Entonces lo vi.
Un edificio viejo, entre construcciones destrozadas. No tenía luces llamativas ni señales, solo una puerta metálica entreabierta, marcas extrañas grabadas en la pared, guardias, símbolos de ayuda…
Reduje la velocidad sin darme cuenta.
Me acerqué.
Desde adentro se escuchaban voces, pasos, movimiento. Personas llorando.
Empujé la puerta con lo poco que me quedaba de fuerza y la escena me dejó inquieta, personas heridas, niños llorando y gente sin vida.
Vi a mi hermano menor y corrí con la poca fuerza
— Díos Luck estás bien!!— le dije con lágrimas en la cara— ¿ Dónde está nuestros padres?
Luck solo lloró y me abrazó, al instante también empecé a llorar pero debía consolarlo.
— Luck tranquilo estoy contigo.— lo consolé.
— E- ellos están muertos...— susurro Luck.
N-no debe ser mentira ellos no pueden, si tan solo no me hubiera separado, si tan solo me hubiera quedado con Luck, debió ser horrible, quiero llorar, pero no puedo, tengo que estar para el.
— Solo nos tenemos a nosotros dos, yo te voy a proteger, madre no le hubieras gustado verte llorar.— dije con la voz quebrada.
Asintió.
Después de calmar a mi hermano menor por un rato me dirijo a una oficina en una esquina.
— Disculpe, un hombre me envió aquí, dijo que yo debía ver al señor Akal ¿ Sabe quién es?— pregunté a una señorita que hablaba por un telecomunicador.
La señorita se sorprendió y dejó de hablar.
— Señor espéreme un momento — dijo.
— El señor no está aquí, está en otro refugio más asegurado.— respondió —, ahí vamos a mandar a las personas que estén bien por el momento, veo que lo suyo es algo importante.
— Enviaré un carro militar para que vaya ya mismo espere afuera para que la recojan— dijo amablemente.
— Gracias— Respondí desconcertada.
— Dale no te preocupes.
Busco a mi hermano y me dirijo hacia afuera donde la neblina ha bajado después de unos minutos. Veo llegar el carro y un señor se me queda mirando.
— Eres la chica a la que voy a llevar — una voz alta me respondió.
— Si, señor.— respondí.
—Sube, nos queda un largo camino por recorrer. — dijo suspirando.
Me subí al carro y me acomode con mi hermano. El empezó a manejar por toda la pavimentada, a medida que avanzamos veíamos carros chocados y mucha desesperación. Mi hermano se había dormido por completo, se lo merecía, yo me quedé pensando hasta dormirme.
Después de varias horas llegamos a un refugio fuera de la ciudad.
Parecía un conjunto de fincas protegidas. La primera zona estaba llena de personas ayudando y atendiendo heridos. La segunda, de gente entrenando. La tercera… era distinta. Personas bien vestidas, reunidas, planeando.
Apenas bajamos, un hombre alto y apuesto se acercó. Parecía tener unos treinta años. Sus ojos eran rojos, como rubíes, un cabello negro profundo y piel morena.
—Vienes a ver al señor Akal, ¿verdad? —dijo. Su voz grave hizo que varios se giraran.
—Sí —respondí—. Vengo a entregar esto.
Mostré el pergamino.
Un anciano de cabello largo y blanco apareció detrás de él. Se quedó inmóvil al verlo.
El anciano cerró el pergamino con cuidado, como si temiera despertarlo.
—Este mensaje… —dijo en voz baja— confirma que el ataque no fue un hecho aislado.
El hombre de ojos rojos frunció el ceño.
—Entonces los envíos han comenzado —murmuró—. Tal como temíamos, tocará mover personal del clan.
Yo no entendía nada, y nadie parecía dispuesto a explicarlo.
—¿Qué significa eso? —pregunté—. ¿Qué eran esas sombras?
El anciano me miró por primera vez con verdadera atención. Con sorpresa. No con miedo. Con algo distinto.
Percepción.
—Eso no es algo que debas saber aún —respondió con calma—. Has hecho bien en llegar hasta aquí, eso es suficiente por ahora.
Sentí alivio… y a la vez, una extraña incomodidad.
Como si me estuvieran observando más de lo necesario.
El anciano dio media vuelta.
—Llévenlos a la zona de descanso —ordenó—. Ambos necesitan atención.
—¿Y el pergamino? —pregunté.
—Quedará bajo resguardo —respondió—. Tú ya cumpliste.
Asentí, aunque algo en mi interior no estaba convencido.
Mientras nos guiaban, el anciano se detuvo de repente.
—Muchacha —dijo sin mirarme—. ¿Desde cuándo?
Me quedé quieta y sorprendida.
—No lo sé —respondí con sinceridad—. Desde hace poco.
El silencio se alargó.
—Interesante… —murmuró.
No preguntó más.
Nos llevaron a una de las casas pequeñas. Una cama, mantas limpias, luz tenue. Luck se quedó dormido casi de inmediato, exhausto.
Yo no pude.
La presión en el pecho seguía ahí.
Esa noche, cuando cerré los ojos, el sueño llegó sin avisar.
No era un recuerdo mío.
Era un campo seco, una tierra agrietada. Un hombre arrodillado con una gran cabellera dorada, sostenía algo diminuto en la palma de su mano: una semilla blanca, viva, palpitante.
#685 en Fantasía
#1004 en Otros
#175 en Acción
accion aventura, romance fantasía acción aventuras, romance +16
Editado: 17.02.2026