Al abrir la puerta, me encontré con el señor Akal.
Su expresión cambió al instante. Primero sorpresa… luego una preocupación mal disimulada. Sus ojos bajaron lentamente hasta mi cuello. La marca de unos dedos que aún estaba ahí era demasiado visible para ignorarla.
Akal apretó la mandíbula.
—Ya apareció… —murmuró.
—Tenemos que hablar —le dije, sin rodeos—. Quiero saber qué es un don y qué está pasando. Por favor.
No me contradijo.
Solo asintió y me hizo pasar a una sala pequeña, fría, iluminada apenas por velas antiguas que estaba a unos pasos. De una repisa sacó un objeto envuelto en tela oscura. Al desenvolverlo, apareció un pergamino envejecido, cubierto de símbolos antiguos.
—Esto —dijo— es el origen de todo. No es una leyenda. Es el orígen.
Desenrolló el pergamino y comenzó a leer.
“En los vestigios más antiguos de este mundo existieron tres dioses, seres de poder inconmensurable. Dos de ellos, consumidos por su desprecio hacia los mortales, decidieron actuar sin el consentimiento del tercero. Así nació una maldición prohibida.”
Akal hizo una breve pausa antes de continuar.
“Seres malignos descendieron sobre los humanos de espíritu débil, poseyendo sus cuerpos y corrompiendo sus almas. A estas criaturas se las conocería como Inukais. No conocían compasión. Su avance no se detendría hasta que el último humano fuese alcanzado.”
Sentí un escalofrío recorrerme la espalda.
“El tercer dios, al descubrir la traición, no declaró guerra. En silencio, desafió al destino. Desde lo más profundo de su poder envió seis frutos sagrados, portadores de dones capaces de erradicar a los Inukais. Estos frutos cayeron en distintos rincones del mundo, dando origen a seis clanes.”
—Los clanes —interrumpió Akal— no nacieron por ambición… nacieron por necesidad.
Retomó la lectura.
“Solo aquel que comiera el fruto, o sus descendientes, podría ver a los Inukais. La sangre heredaría el poder, pero no sin precio. A los doce años llegaría el Despertar: el momento en que el don se manifestaría y decidiría si el portador era digno… o si sería consumido por él.”
Mi mente volvió a esa habitación cerrada.
A las tres presencias en un solo cuerpo.
“El día de la tragedia llegó. El cielo se abrió bajo una oscuridad imposible y los Inukais se esparcieron como una plaga. Los dos dioses reían, creyendo su victoria asegurada… hasta que las risas cesaron.”
Akal alzó la vista hacia mí.
—Los humanos comenzaron a ganar.
Volvió al pergamino.
“La verdad se reveló de inmediato: aquello solo podía ser obra del dios menor, Yaean. Furiosos, los dioses lo confrontaron y lo amenazaron con el Juicio del Purgatorio si no retiraba los dones.”
—Pero no podía hacerlo —dijo Akal con voz grave—. Esa magia… no se revierte.
“Yaean se negó. La magia divina prohibida no podía deshacerse. Sin opción, los dioses lo desterraron. Fue despojado de sus poderes y condenado a vivir como mortal durante quinientos años, cargando con el peso de su decisión.”
El pergamino crujió al cerrarse.
—Desde entonces —continuó Akal— los descendientes de esos frutos existen. Algunos dominan su don. Otros… se fragmentan.
Lo miré fijamente.
—¿Y su nieto?
Akal bajó la mirada.
—Su don es demasiado grande. No es solo poder… es división. Cada personalidad es una parte del fruto actuando por separado. Destrucción. Reconstrucción. Control. Y ninguna ha terminado de despertar del todo.
Toqué inconscientemente mi cuello.
—¿Y si pierde el control?
—Entonces —respondió Akal con frialdad contenida— ya no hablaremos de un don… sino de una catástrofe.
El silencio cayó pesado entre nosotros.
Ahora entendía por qué esa puerta estaba cerrada.
Akal sostuvo el pergamino unos segundos más, como si dudara.
—Hay algo más que no te he dicho —murmuró al fin.
Levantó la vista hacia mí. Sus ojos ya no tenían solo preocupación… había miedo.
—Este pergamino no fue escrito por humanos. Fue escrito por el tercer dios.
Sentí que el aire se volvía más pesado.
—¿Yaean…? —pregunté en voz baja.
Akal asintió.
—Antes de ser desterrado, dejó constancia de todo. No para los dioses. Para nosotros. Para los que vinieran después.
Apretó el pergamino entre sus manos.
—Pero está incompleto. Existe una segunda parte… una continuación que jamás fue encontrada. Algunos dicen que fue destruida. Otros creen que fue escondida, esperando a alguien capaz de entenderla.
—¿Y qué decía esa otra parte? —pregunté.
Akal tardó en responder.
—No lo sabemos...
Me miró con atención, como si midiera cada palabra.
—Con el tiempo, muchos olvidaron quiénes eran. Aprendieron a vivir como humanos comunes. Sin nombres. Sin símbolos. Sin guerras.
Pero el poder… nunca se fue.
—¿Insinúa que…? —empecé a decir.
—Que tú podrías pertenecer a uno de esos clanes —interrumpió—. O ser descendiente directa de alguien que eligió el silencio.
Mi corazón dio un golpe seco.
—Eso es imposible. Yo nunca desperté. Nunca sentí nada.
Akal negó lentamente.
—No todos despiertan igual.— dijo—.Algunos dones no aparecen con violencia. Algunos despiertan pero no son tan violentos quizás tienes un don que no sea dañino...
Mis manos temblaron.
—¿Por qué no me separaron antes? ¿Por qué nadie vino por mí?
—Porque los clanes que eligieron el silencio también eligieron olvidar —respondió—. Ellos decidieron vivir una vida normal, después de todo ya no había más guerras.
Se acercó un poco más.
—Pero las sombras están despertando otra vez, Bleir. Y cuando eso ocurre… los dones empiezan a reconocerse entre sí.
Pensé en el entrenamiento.
En los cuchillos.
En la facilidad con la que mi cuerpo había reaccionado.
—¿Entonces todo esto… no es casualidad? —susurré.
Akal cerró los ojos un instante.
—Nada lo es.
Y si la segunda parte del pergamino sigue existiendo… puede que no esté esperando a un dios.
Me miró fijamente.
— Pero, Yaean no bajo a la tierra?— pregunté dándome cuenta.
— Eso es cierto pero nadie sabe en dónde bajo.— respondió.
Akal guardó silencio unos segundos, como si dudara si debía continuar. Luego habló con voz baja, pero firme.
—Te contaré un poco de los clanes… aunque los humanos normales apenas saben que existen. Muchos ni siquiera los reconocerían si los tuvieran frente a ellos
fruncí el ceño, sin interrumpir.
—Son seis clanes antiguos —continuó Akal—. No gobiernan reinos ni levantan banderas. Existen en las sombras, y cada uno heredó un don distinto. No son poderes para presumir.
Akal levantó un dedo.
—El Clan Raizan.
Son la raíz. Su don está ligado a la estabilidad y a la permanencia. Son los primeros que combatieron con los Inukais, siempre iban al frente, su mayor destreza es la fuerza, Resistencia, y el fuego.... Duran más que cualquiera en el campo de batalla y por lo general son como ninjas en la actualidad.
Luego hizo un pequeño gesto con la mano, como marcando un camino invisible.
—El Clan Sendra.
Ellos siguen la senda correcta… o al menos, la que creen correcta. Su don les permite percibir direcciones, decisiones, caminos posibles. No ven el futuro, pero sienten cuándo algo se desvía de su curso natural. Si ven más allá tendrán consecuencias incurables.
Akal bajó un poco la voz.
—El Clan Ekyo.
Portadores del eco, sonido, estos pueden oír cualquier cosa ya sea a metros o kilómetros por cierto tiempo, si esa persona se pasa de ese tiempo puede quedar sordo. Mínimo tiene que descansar 15 minutos, también puede utilizar su voz para romper a una persona. Como un vaso de vidrio, para eso debe tener una práctica mayor.
—El Clan Lymar —prosiguió Akal—.
Ellos marcan el límite. Su don está hecho para contener, sellar y enfrentar amenazas como los Inukais. No destruyen… detienen. Por eso suelen aprender combate ya que su don solo puede retener.
—El Clan Huran.
Estás persona se dicen que si don es la huella y el agua, pero la verdad se sabe muy poco...
Finalmente, alzó la mirada.
—Y el Clan Nexar.
El nexo, no son los más numerosos, pero mantienen el equilibrio entre todos. Hacen armas, conjuros, sellos y entre otras cosas, poseen mucha habilidad y magia. Se sabe poco apesar de que somos aliados.
El silencio cayó entre ambos.
—Mi nieto es hijo de dos personas con diferentes don, su madre viene del clan Huran y su padre es un Raizan. Tal vez por eso es que tenga ese don tan peculiar.— dijo finalmente.
Me quedé limitada a pensar, con razón sus personalidades tienen diferentes dones, eso explica todo...... Es mucha información...era una mierda total...Me siento un poco marea.....
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Editado: 17.02.2026