El vehículo avanzaba en silencio mientras el paisaje se volvía cada vez más gris.
Sobre nuestras rodillas estaba el mapa extendido.
—Entramos por el parque de la ciudad baja —dijo Jitori señalando el punto con el dedo—. Es amplio, pero abandonado. Mejor visibilidad.
Kitochi asintió.
—Desde ahí caminamos hasta el edificio marcado. No tomamos avenidas principales, eso puede ser más arriesgado.
Yo observaba el mapa intentando memorizar cada ruta de escape.
Arven, que conducía con la mirada fija al frente, habló sin girarse.
—Por cierto… Akal olvidó entregarles esto.
El vehículo se detuvo unos segundos mientras abría un compartimento lateral. Sacó un estuche largo y otro más pequeño.
Nos los pasó.
Cuando lo abrí, vi una daga impresionante.
Era sencillo, mango oscuro y hoja plateada.
Lo tomé.
Y en el momento en que mis dedos rodearon el mango…
La hoja cambió.
Se volvió negra.
Negra profunda, como si absorbiera la luz. Y el filo… el filo se tiñó de dorado brillante.
El aire se tensó.
Sentí las miradas sobre mí.
Levanté la vista.
Kitochi me observaba con una mezcla de sorpresa y curiosidad.
Jitori no mostró emoción, pero sus ojos se afilaron.
—Interesante —murmuró.
—Ehhh todo bien?— pregunté, bajando la mirada hacia el arma.
La hoja seguía oscura, vibrante, como si estuviera viva.
Nadie comentó más.
Pero el silencio cambió.
Jitori revisó su equipo. Dos dagas aseguradas a ambos lados de la cintura y una pistola en la parte trasera.
Kitochi llevaba un arco elegante, ligero, con flechas bien alineadas. También una daga pequeña sujeta al muslo.
—Si algo se acerca demasiado —dijo ella con una sonrisa ligera—. No pienso quedarme mirando.
Una hora después, ya estábamos entrando a la ciudad baja.
Habíamos llegado rápido.
El vehículo se detuvo en las cercanías del parque.
Bajamos con cuidado.
El aire era distinto allí. Más pesado. Más denso, Arven nos dijo que el se tenía que quedar y nosotros asentimos.
Caminábamos suaves, midiendo cada paso sobre el pavimento agrietado. Las estructuras alrededor estaban deterioradas. Ventanas rotas. Metal oxidado.
De pronto, Jitori levantó una mano.
Nos detuvimos.
Él giró apenas la cabeza.
—No hagan ruido —susurró—. Hay una sombra.
Mi piel se erizó.
—¿Un Inukai? —pregunté apenas moviendo los labios.
—Probablemente.
Mientras avanzábamos lentamente, Jitori habló en voz muy baja.
—Los Inukais tienen tres ramas principales.
Su mirada recorría los techos.
—Los indefensos. Son inestables, erráticos. No piensan. Solo reaccionan.
Un crujido sonó a lo lejos.
Mi mano se cerró alrededor de la daga.
—Los intermedios pueden luchar. Coordinan movimientos. Son más rápidos.
Kitochi tensó el arco, pero no disparó.
—Y los Apocat —continuó Jitori—. Esos son los complicados.
—¿Por qué? —pregunté.
—Porque pueden hablar.
El silencio cayó aún más pesado.
—Y a diferencia de los otros… —añadió Kitochi con voz seria por primera vez— …disfrutan comer personas.
Sentí un escalofrío recorrerme la espalda.
Pero seguimos caminando.
La sombra no se movió hacia nosotros.
Y finalmente, llegamos al edificio marcado.
La puerta estaba entreabierta.
Entramos.
Afortunadamente… no tuvimos que pelear.
Dentro, el ambiente era tenso.
Había un hombre herido, apoyado contra una pared. Sangre en el costado. Respiración pesada.
A su lado, una chica de cabello rojo intenso y ojos rubíes lo sostenía con firmeza. Sus ojos eran iguales a los del hombre que estaba junto a Akal el día que llegué por primera vez.
Eso no podía ser coincidencia.
Un poco más atrás había dos chicos.
Uno moreno, cabello negro y ojos cafés. Su uniforme era del mismo tono que el mío.
El otro era de piel clara, cabello negro y ojos rubíes… idénticos a los de la chica.
Supuse que eran hermanos.
Sus uniformes eran rojo, blanco y negro. Más llamativos. Más definidos y con estilo propio.
La chica de ojos rubíes nos miró con alerta inmediata.
—¿Refuerzos? —preguntó con voz firme.
Jitori dio un paso adelante.
—Venimos por ustedes.
El hombre herido intentó incorporarse.
—Llegaron tarde —murmuró con dificultad.
El ambiente estaba cargado.
No por combate.
Sino por algo peor.
Habíamos llegado.
Pero algo me decía…
que el verdadero problema aún no se había mostrado.
— Jitori, no sientes eso?— pregunté mirando a los alrededores.
— Sentir qué?— Dijo confundido.
Los demás miraron alrededor y no sentían nada.
— Debe ser tu ima....— decia Jitori antes de que le interrumpieran.
Un sonido rebotó por todas las paredes haciéndose más fuerte.
— Vaya, vaya, que sorpresita— dijo un avoz gruesa y aterradora.
— ¡¡ Estén alerta!!! — Dijo rápidamente kitochi.
Cogí mi daga y me prepare, los demás también se veían en posición de ataque.
— Por qué me miran así?— dijo aquella sombra repugnante, olía feo y era horrible — La comida nunca se ve horrible, así que tú ¡¡mirame lindo!!!
—Desgraciado jamás te miraría lindo.— dijo el señor herido.
Y antes de que reaccionamos el ya había sido comido por esa cosa y todos nos quedamos aterrizados ante semejante escena.
Pero Jitori reaccionó y dió unos tres disparos a la cosa repugnante y todos decidimos salir mientras eso se retorcía del dolor.
Cuando pensábamos que ya habíamos corrido lo suficiente esa cosa salto y ya estaba al frente de nosotros y el lugar se cerró en una oscura neblina.
— Cariño ven conmigo, prometo tratarte bien— dijo nuevamente.
Su voz nos hizo quedarnos paralizados y un escalofrío nos recorrió.
Que hago, que hago, no puedo moverme, tengo que moverme.....
— Maldita sea— dijo finalmente Jitori — Lo que pase aquí.
— Se queda aquí — respondió Kitochi.
De repente empezaron a cambiar algunas partes del cuerpo...
¿Que mierda?...
#685 en Fantasía
#1004 en Otros
#175 en Acción
accion aventura, romance fantasía acción aventuras, romance +16
Editado: 17.02.2026