No podía moverme, pero si escuchaba voces.
—
—¿Qué fue eso? —preguntó el chico moreno, con la voz todavía temblando.
El lugar estaba medio destruido. Polvo suspendido en el aire. Restos de concreto en el suelo.
Kitochi seguía sentada, con mi cabeza apoyada en sus piernas. Su uniforme azul estaba rasgado, manchado de sangre, pero su espalda seguía recta.
Jitori estaba de pie, aunque apenas. Se había apoyado contra una pared mientras presionaba una herida en su costado.
—Un Apocat —respondió él con calma forzada—. Y no era uno común.
La chica de ojos rubíes los miraba fijamente.
—Eso no fue normal.
Jitori no respondió de inmediato.
Sus ojos se desviaron hacia el arma caída a unos metros.
La daga.
Con el filo apenas dorado, como si nada hubiera pasado.
Kitochi también la miró.
Y luego, sin decir una palabra, apartó la vista.
—Ella lo distrajo —dijo finalmente, con tono ligero—. Fue suficiente.
—¿Distrajo? —repitió el chico de piel clara, con los ojos rubíes llenos de incredulidad—. Es una principiante, como ella podría????
Silencio.
Jitori dio un paso hacia la daga y la recogió con cuidado.
No cambió nada.
La observó unos segundos… y luego la guardó.
—Cayó cuando perdió equilibrio —dijo con voz firme—. El corte fue profundo. Eso fue todo.
No era mentira.
Pero tampoco era toda la verdad.
—La niña… —murmuró señalándome— Nos salvó y es lo importante.
Kitochi bajó la mirada hacia mí.
Había algo distinto en su expresión, me miraba como diciéndome que me iba a proteger o que nadie me tocará.
—Nadie dirá algo de lo que ocurrió con nosotros—respondió ella suavemente.
En ese momento, pasos rápidos resonaron afuera.
Arven.
Entró con el arma lista, evaluando la escena en segundos.
Su mirada pasó por los heridos. Por los escombros. Por la sangre.
Y finalmente se detuvo en mí.
Inconsciente.
—¿Qué ocurrió?
Jitori lo miró de frente.
—Un Apocat avanzado.
—¿Y?
—Se retiró.
Arven entrecerró los ojos.
—¿Se retiró?
Kitochi asintió.
—Sí. Después de que ella lo apuñalara.
El silencio se hizo más pesado.
Arven observó mi rostro pálido.
Luego a los demás..
Esperando más explicaciones, pero no hubo más nada.
Nadie mencionó la luz.
Nadie habló del grito desesperado.
Nadie dijo lo de Jitori y kitochi
—Cárguenla —ordenó Arven finalmente—. Nos vamos. Esto ya no es solo un rescate.
El chico moreno se inclinó y me levantó con cuidado.
Mi cabeza cayó contra su hombro.
Inmóvil.
—
A lo lejos.
En las sombras entre edificios rotos.
Algo observaba.
La criatura no había desaparecido del todo.
Su forma era más pequeña ahora. Inestable. La piel desgarrada aún emitía pequeñas chispas doradas que no lograba apagar.
Respiraba con dificultad.
—Ella… —murmuró con rabia—. La descuartizare o mejor jugaré con ella....
Se arrastró entre las grietas, moviéndose por túneles oscuros que no aparecían en ningún mapa.
Más profundo.
Hasta llegar a un lugar donde la luz no entraba.
Allí, una presencia aguardaba.
No se veía completamente. Solo una silueta sentada en algo que parecía un trono formado por restos de metal y piedra.
—Habla —ordenó una voz grave.
La criatura se inclinó con dificultad.
—Hay… un problema.
Silencio.
—Una humana —continuó con odio contenido—. Su arma… quema, ella, ella me venció, casi me mata...
La figura en el trono se mostró inquietante
Pero el aire vibró.
—Mierda, tenemos que hacernos cargo antes de que ellos dos lo sepan.
La criatura levantó la mirada, temblando.
—¿Qué ordena, mi señor?
Una pausa larga....
—Obsérvala primero.
El tono se volvió más oscuro.
—Eres muy blando..
Una voz de chica retumbó el lugar.
—Si ella es alguien que no está dentro de nuestro planes fácil.— dijo con autoridad— Hay que jugar con ella...
En la superficie, el vehículo se alejaba de la ciudad baja.
Arven manejaba a toda velocidad, por las heridas que tenían los demás.
Pensaron que las sombras iban a seguirlos pero desde que ocurrió lo que ocurrió no había ni una.
Todos estaban callados hasta que desperté de nuevo...
—Estamos a salvo?— pregunté.
—Sí, gracias a tí — respondió Kitochi con una sonrisa cálida.
Está vez la ví sonriendo un poco más alegre, aunque conservaba esa pizca de preocupación...
—No diré sus secretos —Dije sonriendo débilmente.
Jitori me vió y asintió, creo que me decía gracias, por lo que decía su cara.....
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Editado: 02.03.2026