Una hora después habíamos llegado a la base y el Arven llegó hasta el último lugar.
Cuando el vehículo cruzó las puertas de la última casa, Akal ya estaba esperando.
Se vio tranquilo porque pensaba que había salido todo bien.
Pero en cuanto vio el estado en el que regresábamos, la tranquilidad desapareció por completo.
Su mirada se detuvo en mí y en los demás.
—Médicos. Ahora.
No gritó, pero su voz fue suficiente para que todos se movieran rápido.
Me bajaron con cuidado y me llevaron directo a la enfermería. Kitochi intentó seguir, pero uno de los médicos la obligó a sentarse para revisar sus heridas. Jitori permaneció firme a pesar de la sangre en su uniforme.
Akal se acercó a él.
—Reporte de lo sucedido, les pedí que no buscarán un combate.
Jitori no dudó y lo miró.
—Un Apocat en la zona del edificio marcado. Más fuerte de lo esperado.
—¿Cómo lograron retirarse?— incrédulo preguntó el señor que tenía los ojos rubíes.
Kitochi respondió esta vez, con naturalidad.
—Bleir encontró una apertura. Fue rápida con la daga y logró herirlo. Eso nos dio tiempo.
Akal entrecerró los ojos.
—¿Solo eso?
—Sí, señor —confirmó Jitori.
No mencionaron la transformación de ellos, ni de la luz o lo que había sucedido conmigo.
Solo dijeron que fui hábil.
Que defendí al equipo.
Akal los observó unos segundos más, como si supiera que faltaba algo… pero decidió no presionar.
—Descansen. Luego hablaremos.
Mientras tanto, en la enfermería, yo seguía inmóvil.
Respirando.
No sé cuánto tiempo pasó.
Pero cuando abrí los ojos, el techo blanco de la enfermería fue lo primero que vi, no sabía que tuvieran una enfermería, aunque claro sería raro que no.
La luz era suave.
El aire olía a hierbas y desinfectante.
Intenté moverme y una molestia leve recorrió mi cuerpo, pero nada grave, más que todo como un dolor de cabeza.
Giré la cabeza.
En las otras camillas estaban los tres ayudantes que habíamos rescatado. Respirando con más estabilidad. La chica de cabello rojo tenía el brazo vendado. Los dos chicos parecían agotados, pero conscientes.
Lesiones menores.
Estaban vivos.
Eso era lo importante.
Entonces sentí algo tibio apoyado en mi brazo.
Bajé la mirada.
Mi hermano.
Estaba dormido al lado de mi camilla, con la cabeza apoyada cerca de mi mano, como si en algún momento hubiera estado sujetándome y el sueño lo venció.
Mi pecho se apretó.
Con cuidado, moví los dedos y rocé su cabello.
—Estoy bien… —susurré, aunque él no pudiera oírme.
Miré alrededor.
Esperando ver un uniforme azul.
O una mirada risueña.
Pero no estaban.
Ni Kitochi.
Ni Jitori.
A pesar de que recordaba… vagamente… que alguien me sostenía cuando desperté.
Que alguien me dijo que descansara.
Me incorporé un poco, ignorando la ligera punzada de la cabeza.
¿Dónde estaban?
Y, más importante aún…
¿Por qué sentía que algo había cambiado desde que cerré los ojos?
Me pare de la cama y tape a mi hermano que estaba dormido, salí de aquella sala y ví a Jitori fumando un cigarrillo. No me lo esperaba, pensaba que era de esos tipos estrictos y calmados.
—Tu? Fumando, vaya locura— le dije sacándolo de us pensamientos.
— Casi me matas de verdad — dijo asustado—. Que haces? aún es temprano.
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Editado: 02.03.2026