La puerta se abrió.
Mi corazón dio un pequeño salto.
Pero no eran ellos.
Era Akal.
Entró con esa postura tranquila que siempre tenía, pero sus ojos me revisaron con más atención de lo normal.
—Despertaste.
Asentí.
—¿Dónde están Kitochi y Jitori?— pregunté sin rodeos.
Akal me sostuvo la mirada unos segundos.
—Están bien.
Eso no respondía mi pregunta.
—¿Dónde están?
—En revisión. Y luego fueron llamados a dar el reporte.
Sentí algo extraño en el pecho.
—¿Están heridos?
—Nada que no puedan soportar.
Eso no me tranquilizó.
Bajé la mirada hacia mis manos.
Por un segundo recordé todo lo que había pasado....
Ese grito..
La espada.
Pero al parecer el viejo no sabía nada de eso, dudo mucho que si supiera no me hubiera preguntado.
Nadie parecía… sorprendido, tal vez ellos no le dijeron, quizás si dicen eso, su secreto será revelado....
—¿Qué dijeron? —pregunté sin mirarlo.
—Que actuaste con una gran astucia—respondió Akal con calma—. Que fuiste hábil con la daga y defendiste al equipo hasta el final, eso es admirable.
Levanté la vista.
Solo eso.
—¿Nada más?
Akal ladeó ligeramente la cabeza.
—¿Debería haber algo más?—preguntó — siendo sincero no me esperaba que tú defendieras, tal vez eres buena pero aún no puedo estar tranquilo...
Mi corazón empezó a latir más fuerte.
¿Acaso se dió cuenta?
Debe de haber algo malo, como para que Jitori y kitochi lo ocultaran.
¿O… de verdad no fue tan grave como yo lo sentí?
Negué despacio.
—No, aunque no lo creas, mis piernas respondieron por si solas...
El viejo me miró por unos segundos, como si entendiera ese sentimiento perfectamente.
—Descansa, luego hablaremos.
Cuando salió, la habitación volvió a quedar en silencio.
Miré a mi hermano.
Luego miré mis manos otra vez.
Se veían normales.
Pero yo sabía lo que vi, siento que estoy ya lo había vivido atrás, pero cuando?...
Y si ellos no dijeron nada… Tal vez fue una decisión para cuidarme, tengo que hablar con ellos.
Si me ocultan algo, por algo es.
Cerré los ojos lentamente.
Y una sola pregunta se quedó dando vueltas en mi cabeza:
Si la luz se había desaparecido, ¿por qué todavía puedo sentirla?
Siento...... una cálida sensación.
Me siento…
Rara.
Como si algo no encajara dentro de mí.
Intento respirar hondo, pero el aire pesa. La luz del techo se vuelve borrosa y ese calor en el pecho empieza a expandirse, lentamente… extraño.
¿Qué me está pasando?
Pi.
Pi.
Pi piiii—
El sonido del monitor estalla en mis oídos. Agudo. Constante. Insoportable.
Intento moverme, pero el cuerpo no responde como debería. Hace un momento estaba bien. Estaba consciente.....
¿Entonces por qué ahora todo se siente tan lejos?
El pitido se acelera.
Más fuerte.
Más rápido.
Y entre ese ruido que me atraviesa la cabeza escucho una voz quebrarse.
—¡HERMANA!
Mi visión se oscurece por los bordes. El techo desaparece. El sonido se mezcla con pasos apresurados y voces que ya no distingo.
Hace un segundo estaba bien.
No.
No llores, prometí........
En otro lugar.......
—No debió pasar así.
La voz de Kitochi rompió el silencio del pasillo.
Estaban lejos de la enfermería. Lejos de oídos curiosos.
Jitori estaba apoyado contra la pared, con el vendaje asomándose bajo su ropa casual. Su respiración ya era estable, pero el cansancio seguía en sus ojos.
—Pasó —respondió él con calma.
Kitochi se cruzó de brazos.
—La viste.
No era pregunta.
Jitori no respondió de inmediato.
Recordó ese momento que pensó que iba a morir, después solo vio esa luz acogedora y Bleir inconsciente. Jitori había observado a kitochi, era la segunda vez que la veía devastada.
El Apocat gritando como si lo estuvieran quemando desde dentro lo hizo reaccionar después.
—Sí —dijo finalmente.
Kitochi bajó la voz.
—Aunque las armas que nos den sean especiales, no llegan a tal ritmo.
—No.
—Y no fue solo la daga.
Jitori la miró por primera vez directamente.
—Lo sé.
Silencio.
El viento del amanecer todavía se colaba por las ventanas altas del pasillo.
—¿Crees que Akal lo notó? —preguntó Kitochi.
—Akal nota todo.
Eso no significaba que lo supiera.
—Entonces ¿por qué no dijo nada?
Jitori desvió la mirada.
—Porque está esperando.
—¿A qué?
—A que vuelva a pasar.
Kitochi apretó los dientes.
—El Apocat no huyó por una herida normal. Se estaba desintegrando.
—Lo sé.
Jitori cerró los ojos un segundo, se veía cansado de tanto pensar, se ve que no lograría dormir.
—Sino estoy mal, al reaccionar con la luz lo quemaba, pero no le afecta la luz del día o del sol.
Ambos guardaron silencio.
El recuerdo todavía permanece pero aún es muy extraño.
—Si ella puede hacer eso… —murmuró Kitochi— entonces debe de ser de un buen clan.
—¿Crees que lo sabe?
Jitori negó.
—No todavía.
Kitochi suspiró.
—Cuando despierte va a preguntar.
—Lo sé.
—¿Y qué vamos a decir?
Jitori se separó de la pared.
Su voz fue firme.
—La verdad.
Kitochi lo miró con atención.
—¿Y el resto?
Jitori sostuvo su mirada.
—El resto… hasta que sea necesario.
El silencio volvió a envolverlos.
A lo lejos, dentro de la base, todo parecía tranquilo.
Pero ambos sabían algo.
El Apocat iba a volver...
—Si esto es lo que creo —murmuró Kitochi finalmente—, entonces ya no estamos solos.
Jitori asintió.
—Ahora también debemos protegerla de lo que significa....
— Oye, ¿escuchas eso?— pregunto Jitori
— ¿Escuchar?
Jitori y kitochi se vieron y se dieron cuenta que venían desde la enfermería. Se apresuraron por llegar.
—Bleir... No, no creo que te haya pasado algo.
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Editado: 02.03.2026