Sentencia del destino

capitulo 7

​El amanecer fue el momento más tranquilo de mi vida, La luz grisácea se filtraba por las ventanas de mi dormitorio, iluminando cada rincon de el , mis pensamientos solo tiene un nombre Tamara en el beso que nos dimos, sus rizos rojos desordenados y sus ojos verdes no salen mi mente, había ganado. el "Rey de Derecho" y la "Chica de Psicología" habían firmado un tratado de paz definitivo.

el sonido de la puerta me saco de mis pensamientos. me puso de pie ¿ quien será tan temprano?

sonreí al verla.

—Tamara,¿ me extrañabas?— dije en tono de broma

​—Tobías —dijo, y su voz no tenía rastro de la pasión de hace unas horas—. Lo de ayer... fue un error. Una descarga de adrenalina por la lluvia, No significa nada, No fuimos nosotros, solo fue el momento—.

​Sentí como si me hubieran dado un golpe directo al hígado, No muestrare dolor, solo ke sonrio. me acerque a ella con una lentitud felina, ocultando el vacío que se abría en mi pecho bajo una capa de absoluta indiferencia.

​—Tienes razón, Tamara —respondí, esbozando mi sonrisa más arrogante, la que uso cuando gano un partido frente a mis rivales—. Fue un buen desahogo. Supongo que los dos necesitábamos soltar tensión. No te preocupes, no voy a escribir un poema sobre esto—.

​Ella parpadeó, sorprendida por mi rapidez para aceptar su rechazo, ¿que esperaba que suplicara?, ¿que analizara mis sentimientos?. Pero le di exactamente lo que pidió: nada.

— Si eso era todo, no tenias porque molestarte en venir, para mi tampoco fue nada, ahora voy a ducharme— cerre la puerta y senti un amargo dolor recorrer mi cuerpo.

​Camino hacia la universidad en un silencio sepulcral. En cuanto cruce el umbral del campus, la máscara se soldó a mi cara. Volví a ser el capitán. Volví a ser el intocable.

​El primer golpe llegó en el campo de entrenamiento. El entrenador, un hombre que huele a sudor y a sueños frustrados, me esperaba en el centro del césped con los brazos cruzados. Todo el equipo estaba allí, formando un círculo.

​—¡Vaya, miren quién decidió honrarnos con su presencia! —gritó el entrenador, su voz resonando en las gradas vacías—. Miller, me han dicho que ahora prefieres los centros comunitarios al campo de juego. ¿Es cierto que estás aprendiendo a tejer con las abuelitas o solo estás perdiendo el tiempo con esa pelirroja que te tiene amarrado?—

​Las risas estallaron, Javi y los demás se burlaban abiertamente, disfrutando de mi caída en desgracia ante El entrenador , se acerca a mí, dándome un empujón en el hombro.

​—¿Te has vuelto blando, Miller? ¿O es que ya no tienes lo que hace falta para liderar a este equipo? Porque si prefieres la psicología al fútbol, puedes irte ahora mismo—.

​Me quedé inmóvil, Sentía la rabia hirviendo, pero la canalicé hacia la única salida que conocía: la crueldad.

​—No se confunda, entrenador —dije, mi voz vibrando con una autoridad que hizo que las risas murieran—. Lo de la chica fue un experimento, Un estudio de campo, si quiere llamarlo así. Me gusta saber cómo piensan los peones antes de moverlos en el tablero,Pero ya terminó, No hay nadie más enfocado en el trofeo que yo—.

​Para demostrarlo, esa misma tarde, el teatro de la universidad se puso en marcha.

​Vi a Tamara sentada en la cafetería con sus amigas. Ella me miró, buscando quizás un destello del chico de ayer. En su lugar, me vio entrar rodeado de mi equipo, A mi lado, colgada de mi brazo, iba Vanessa, la capitana de las animadoras. Vanessa es hermosa, popular y tan profunda como un charco de agua, pero era la pieza perfecta para mi contraataque.

​—¿Te gusta mi nueva adquisición, Miller? —me susurró Vanessa al oído, sabiendo que Tamara nos observaba.

​—Me encantas, Van —respondí lo suficientemente alto para que el sonido llegara a la mesa de quien me tenia el ego por el piso. Me incliné y besé a Vanessa en la mejilla, con una posesividad teatral, mientras mis ojos negros se clavaban en los de Tamara

—. Es refrescante estar con alguien que no intenta analizar cada respiración que doy. Alguien que simplemente sabe disfrutar del momento—.

​Vi a Tamara palidecer. Vi cómo cerraba su libro con un golpe seco y cómo sus manos temblaban ligeramente. Ella me había dicho que el beso no era nada, Yo le estaba demostrando que, para un rey, nada es más fácil de reemplazar que una distracción.

​Pasé el resto del día siendo el patán más brillante del campus. Me burlé de los estudiantes de primer año, lideré el entrenamiento con una agresividad que asustó a mis propios compañeros y no volví a mirar hacia la facultad de Psicología.

​Había vuelto a mi trono de cristal como decia ella, Hacía frío, sí, Me sentía vacío, por supuesto. Pero al menos nadie podía ver que, por dentro, todavía olía a lluvia y a vainilla. Había recuperado mi estatus, pero cada vez que Vanessa se acercaba a mí, el recuerdo del tacto de Tamara me quemaba como un ácido.

​El juego había vuelto a empezar, pero esta vez, las reglas eran mucho más peligrosas. Y yo estaba dispuesto a quemar el estadio entero antes de admitir que ella me había roto el corazón.

La frialdad no es una ausencia de sentimientos; es una herramienta de precisión. Y yo soy un cirujano con ella.

Pasé los siguientes tres días ignorando sistemáticamente la existencia de Tamara. No era difícil. Solo tenía que mirar a través de ella como si fuera de cristal, como si el rojo de su cabello fuera un error en mi campo visual. Me rodeé de ruido: Vanessa colgada de mi cuello, las risas huecas del equipo, el sonido metálico de las pesas en el gimnasio. Cada vez que sentía el impulso de buscarla, recordaba sus palabras aquella mañana: "No significa nada".

Me lo grabé a fuego. Si para ella no era nada, para mí sería menos que eso.

El jueves por la tarde, el destino o algún sádico profesor de ética decidió que mi racha de indiferencia debía terminar.

Me dirigía a la oficina de coordinación de Derecho cuando la vi salir de la biblioteca. Caminaba rápido, con la cabeza baja, pero se detuvo en seco al verme, Yo no reduje el paso. Mantuve mi postura erguida, la mandíbula tensa y esa mirada de superioridad que hace que la gente se aparte en los pasillos.




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