Habían pasado cinco días desde el bofetón, Cinco días en los que el campus se había convertido en un desierto de hielo,Tobías Miller había cumplido su palabra: la indiferencia era su nueva arma, y era letal.
Lo veía pasar por los pasillos de la facultad, siempre rodeado de su grupo, riendo con Vanessa como si yo fuera una mancha de humedad en la pared que acababan de pintar, No me miraba. Ni una sola vez. Y lo peor era que ese vacío me dolía más que su arrogancia.
Pero mientras Tobías se alejaba, su sombra se proyectaba sobre mi vida de la forma más inesperada.
—¿Otra vez con el teléfono, Sofía? —pregunté, dejando mi bandeja de comida en la mesa de la cafetería con un golpe seco.
Sofía dio un respingo, ocultando la pantalla con una sonrisa culpable que me revolvió el estómago. Sus mejillas estaban encendidas y sus ojos tenían ese brillo que solo aparece cuando alguien te hace sentir que eres el centro del universo.
—Es Javi, Tam. Solo estamos... hablando —murmuró, volviendo a mirar el mensaje.
—Javi es el mejor amigo de Tobías, Sofía. Es un tiburón en entrenamiento. No "hablan", ellos ejecutan planes —le advertí, sintiendo una punzada de ansiedad—. ¿No ves que esto es parte de su estrategia? Quieren saber qué pienso—
—No todo gira en torno a tu guerra con Miller —me cortó ella, y por primera vez en años, su tono fue defensivo—. Javi ha sido... increíble. Me ayudo a conseguir los apuntes de la clase que perdí, me invitó a tomar un café y, sinceramente, es mucho más profundo de lo que aparenta. No me pregunta por ti. Me pregunta por mí.
Me quedé helada, Conozco a los tipos de Derecho. Conozco su capacidad para fingir empatía para ganar un caso. Pero al mirar a Sofía, vi una vulnerabilidad que me aterró. Javi estaba siendo quirúrgico, Estaba entrando en mi único refugio seguro, y lo estaba haciendo con una sonrisa encantadora.
En ese momento, la puerta de la cafetería se abrió y el aire pareció succionarse hacia un solo punto. Tobías entró, No buscó mi mirada. Caminó directo hacia la mesa central, donde Vanessa lo esperaba con una pose de reina consorte. Él se sentó, le pasó un brazo por los hombros y empezó a hablar con Ortega, ignorando mi existencia con una perfección clínica.
Era una tortura. Su indiferencia me obligaba a analizarlo, a buscar una grieta, un error, algo que me dijera que lo de aquella tarde y la fiesta no fue un espejismo. Pero no había nada. Tobías Miller había vuelto a su trono, y yo era solo un daño colateral que ya no valía la pena mencionar.
—Tengo que irme —dije, levantándome de la mesa. No podía seguir viendo cómo él se borraba de mi vida mientras su mejor amigo se filtraba en la de Sofía.
Caminé hacia la biblioteca, buscando refugio en los libros, pero al doblar el pasillo de los casilleros, me encontré con Javi. Estaba solo, apoyado en la pared.
—Vaya, la leona está de mal humor hoy —dijo Javi con una calma que me dio escalofríos—. Tranquila, Tamara. estoy en son de paz—
—Aléjate de Sofía, Javi —siseé, acorralándolo—. Sé lo que estás haciendo, Estás intentando desestabilizarme a través de ella.—
Javi se enderezó, y por un segundo, la máscara de "chico divertido" cayó. Su mirada se volvió seria, casi honesta.
—¿Crees que Tobías necesita que yo espíe por él? —rio con amargura—. Tobías está en su propio infierno de hielo, Tamara. Esto no tiene nada que ver con él.—
—¿Entonces qué? ¿De repente te interesa sofia?—
—De repente me di cuenta de que tu amiga es la única persona en este campus que no intenta usarme para llegar a Miller —respondió Javi, dando un paso hacia mí—. El interés es real, Tamara. Aunque te cueste creer que alguien en Derecho tenga corazón—
Se alejó dejándome con la palabra en la boca. Me quedé allí, en medio del pasillo, sintiendo que el tablero de ajedrez se estaba moviendo sin que yo pudiera hacer nada. Tobías me ignoraba, Javi estaba enamorado (o fingiéndolo muy bien) de mi mejor amiga, y yo... yo me sentía más sola que nunca en mi torre de análisis.
Al girarme para irme, vi a Tobías al final del pasillo. Me estaba mirando. Solo fue un segundo, una fracción de tiempo donde el hielo se resquebrajó y vi el fuego que todavía ardía en sus ojos oscuros. Un segundo de dolor compartido antes de que él volviera a ponerse la máscara y desapareciera tras la puerta de su facultad.
La guerra no había terminado. Solo se había vuelto subterránea.
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—Es una broma de mal gusto —le dije a la Decana Arrieta, apretando los puños sobre su escritorio de caoba.
—No es una broma, Tamara. Es una oportunidad —respondió ella sin levantar la vista de sus papeles—. La universidad necesita demostrar que el incidente de la fiesta fue un "error de juicio" y no un reflejo de nuestras facultades. Usted y el señor Miller liderarán el Seminario de Mediación y Resolución de Conflictos para los alumnos de primer ingreso. El miércoles a las seis—.
Salí de la oficina sintiendo que el suelo desaparecía bajo mis pies. No solo tenía que ver a Tobías, tenía que trabajar con él. Tenía que fingir madurez frente a cien novatos mientras por dentro solo quería gritar.
Al llegar a mi cuarto, Sofía estaba probándose un vestido rojo que le quedaba espectacular. Estaba radiante, con esa luz que solo te da la ilusión de algo nuevo.
—Tam, qué bueno que llegas —dijo, mirándose al espejo—. Javi me invitó a una reunión privada en el ático de la fraternidad de Derecho, Solo los "peces gordos" y sus parejas, Tienes que venir conmigo.—
—Ni loca, Sofía. Tengo que preparar el seminario con el "Rey del Hielo" y no pienso pisar territorio enemigo —respondí, tirando mi mochila al suelo.
—Te lo suplico amiga—Sofía se acercó y me tomó de las manos—. Por favor. Javi dice que es una reunión tranquila. Necesito que estés ahí para no sentirme fuera de lugar entre tanto tiburón de leyes. Hazlo por mí.—
Acepté por puro agotamiento mental. Me puse un vestido negro, sencillo , y me recogí el cabello en una coleta alta, lista para entrar a la boca del lobo.