Aria se quedó mirando el pequeño papel durante varios segundos.
“No te preocupes por sexto grado, Aria... preocúpate por lo que encontrarás dentro.”
Sonia fue la primera en acercarse.
—¿Quién te dio eso?
Aria negó con la cabeza.
—No lo sé.
Miguel tomó el papel con cuidado y lo observó.
—¿Estaba dentro de tu mochila?
—Sí... pero cuando salí de mi casa no estaba.
Lucila abrió los ojos.
—Entonces alguien lo puso aquí.
Aria miró alrededor del pasillo.
Había muchos niños caminando hacia sus salones, pero nadie parecía estar prestándoles atención.
—¿Y si la persona todavía está aquí? —preguntó Aria.
Sonia comenzó a mirar a todos lados como una detective.
—¡Tenemos que investigar!
Lucila sonrió.
—Sabía que este año no iba a ser aburrido.
Miguel suspiró.
—Apenas es el primer día...
Aria guardó la nota en el bolsillo de su mochila.
—Tenemos que descubrir qué significa.
Los cuatro comenzaron a caminar por los pasillos.
Pero de repente, una maestra apareció frente a ellos.
—¿Y ustedes cuatro? ¿No deberían estar en su salón?
Aria sonrió nerviosamente.
—Sí... es que estábamos...
Sonia rápidamente respondió:
—¡Buscando el salón!
La maestra señaló una puerta.
—Está literalmente detrás de ustedes.
Los cuatro voltearon.
Efectivamente, su salón estaba detrás de ellos.
Lucila comenzó a reír.
—Qué buenos detectives.
Todos entraron rápidamente al salón.
Aria se sentó junto a Sonia, mientras Miguel y Lucila se sentaban cerca.
Durante la clase, Aria intentó concentrarse en la maestra.
Pero no podía.
No dejaba de pensar en la nota.
¿Qué encontraría dentro?
Cuando llegó el recreo, Aria sacó nuevamente el papel.
—Miren esto.
Sonia, Miguel y Lucila se acercaron.
—¿Qué pasa? —preguntó Miguel.
Aria señaló la parte trasera de la nota.
—Antes estaba en blanco.
Todos se quedaron sorprendidos.
En la parte de atrás había aparecido algo escrito.
Una pequeña frase.
“BUSCA DONDE TODOS GUARDAN SILENCIO.”
Lucila frunció el ceño.
—Eso no tiene sentido.
Sonia comenzó a pensar.
—¿Dónde todos guardan silencio?
Miguel levantó lentamente la mirada.
—La biblioteca.
Aria abrió los ojos.
—¡Claro!
Los cuatro comenzaron a caminar rápidamente hacia la biblioteca.
Pero cuando llegaron...
la puerta estaba cerrada.
Aria miró el reloj.
—¿Por qué está cerrada?
Miguel miró hacia una pequeña ventana.
—Hay alguien adentro.
Todos se acercaron.
Dentro de la biblioteca había una figura moviéndose entre los estantes.
Aria intentó mirar mejor.
—¿Quién es?
De repente...
La persona se detuvo.
Giró lentamente hacia la ventana.
Y desapareció entre los libros.
Aria sintió un escalofrío.
—Creo que...
Sonia se acercó a ella.
—¿Qué pasa?
Aria apretó la nota entre sus manos.
—Creo que alguien sabía que vendríamos.
Los cuatro se quedaron mirando la puerta cerrada.
Y en ese momento...
desde el interior de la biblioteca se escuchó un ruido.
¡PUM!
Aria dio un pequeño salto.
—¡Eso no fue un libro!
Miguel intentó abrir la puerta.
Pero estaba completamente cerrada.
Entonces, algo apareció por debajo de la puerta.
Era un pequeño papel doblado.
Aria se agachó lentamente y lo recogió.
—¿Qué dice? —preguntó Sonia.
Aria abrió el papel.
Su rostro cambió.
—Dice...
Todos esperaron.
Aria tragó saliva.
“La primera respuesta está donde comenzó todo.”
Aria levantó la mirada.
—¿Dónde comenzó todo...?
Y por primera vez en mucho tiempo...
Aria volvió a sentir aquella enorme curiosidad que había tenido cuando era pequeña.
Porque las pistas...
habían regresado.
Y esta vez...
parecían estar esperándola.