—Madre, ya me voy al instituto.
Tomé una manzana de la encimera mientras ajustaba la correa de mi mochila sobre el hombro.
—Sí, está bien. Ya sabes que tienes que llegar antes de las tres para ayudar a tu hermana en la fonda. Nada de estar comprando dulces, Madison. Ya sabes cómo son las cosas.
Ni siquiera era el primer día de clases y ya me estaban recordando mis obligaciones.
—Sí, ya lo sé. Trataré de llegar lo más temprano posible. Me voy.
Estaba a punto de abrir la puerta cuando volvió a hablar.
—No te distraigas con tus amiguitas. Cada vez que te juntas con ellas llegas tarde.
Cerré los ojos durante un segundo.
—Mamá...
—No te hagas la desentendida. Y hay de ti si llegas después de la hora. Te quedas sin cena.
—Pero es el primer día. No puedo aunque sea por hoy...
—No me importa.
Sus palabras fueron tan cortantes que me hicieron callar inmediatamente.
—Tienes que venir a ayudar. Tu hermana es quien paga parte de tu escuela. Lo menos que puedes hacer es colaborar.
Sentí un nudo en la garganta.
Claro que lo sabía.
Lo sabía perfectamente.
No hacía falta que me lo recordaran todos los días.
Asentí en silencio y salí de casa.
El aire fresco de la mañana golpeó mi rostro.
Respiré profundamente.
Solo unas horas.
Unas pocas horas lejos de casa.
Lejos de los reproches.
Lejos de las críticas.
Lejos de sentir que todo lo que hacía estaba mal.
Miré la hora en mi celular.
El autobús llegaría en cinco minutos.
Abrí Instagram para distraerme mientras esperaba cuando una notificación apareció en la pantalla.
CHAT GRUPAL
Mechas: Ya estoy saliendo de casa. ¿Dónde están ustedes?
Cane: Salgo dentro de cinco minutos. Tengo que esperar a mi hermano todavía. Ya saben cómo es de tardón.
Tú: Yo estoy esperando el autobús.
Mechas: Entonces nos vemos dentro de quince minutos. ¡Ya quiero verlas, chicas!
Tú: Yo igual. Hablamos en el insti. Ya llegó el autobús.
FIN DEL CHAT
Una sonrisa apareció automáticamente en mi rostro.
Solo ellas lograban alegrarme tan rápido.
Subí al autobús.
—Buenos días, señor Jones.
—Buenos días, Madison. ¿Lista para volver al instituto?
—Más que lista.
Él soltó una carcajada.
Me senté junto a la ventana y me coloqué los auriculares.
Los edificios comenzaron a desfilar frente a mis ojos mientras el autobús avanzaba.
Casas.
Tiendas.
Parques.
Personas caminando.
Todo parecía igual.
Y sin embargo, para mí era un nuevo comienzo.
Al menos durante unas horas.
Diez minutos después llegamos al instituto.
Bajé del autobús despidiéndome del conductor y observé el enorme edificio frente a mí.
Había estudiantes por todas partes.
Algunos corrían para abrazarse.
Otros gritaban emocionados al reencontrarse.
Incluso vi a un grupo tomándose fotografías.
Era imposible no sonreír.
Busqué a Melody y Jaylin entre la multitud.
Nada.
Ni rastro de ellas.
Probablemente seguían de camino.
Decidí entrar.
Pero justo cuando iba a cruzar la entrada escuché el rugido de un motor.
No era un sonido común.
Era fuerte.
Potente.
Como los autos deportivos que mi padre veía en televisión.
Volteé discretamente.
Y entonces lo vi.
Un automóvil negro acababa de estacionarse frente al instituto.
Varios estudiantes también lo observaban.
La puerta del conductor se abrió.
Y un chico bajó del vehículo.
No lo había visto jamás.
Ni en la ciudad.
Ni en el instituto.
Era alto.
Muy alto.
Cabello castaño oscuro.
Hombros anchos.
Y una expresión seria que hacía imposible adivinar qué estaba pensando.
¿Será nuevo?
La pregunta apenas apareció en mi mente cuando el chico comenzó a caminar directamente hacia la entrada.
Directamente hacia mí.
Mi corazón empezó a latir más rápido.
No porque sí.
Simplemente...
Simplemente era imposible ignorarlo.
Cuando levantó la vista nuestros ojos se encontraron.
Y durante un segundo olvidé cómo respirar.
Tenía unos ojos intensos.
Demasiado intensos.
Como si observaran más de lo que deberían.
Sentí calor en las mejillas.
Y por alguna razón mi cuerpo decidió dejar de funcionar.
Me quedé quieta.
Plantada en medio de la entrada.
Bloqueándole el paso.
El chico levantó una ceja.
Esperó unos segundos.
Y finalmente habló.
—¿Me darías permiso, por favor?
Parpadeé.
¿Me estaba hablando a mí?
—¿Di... disculpa?
Perfecto.
Había sonado como una completa idiota.
—Que si me das pase para entrar.
Escuché algunas risitas a mi alrededor.
Mi rostro ardió.
—Lo siento.
Me moví rápidamente hacia un lado.
Él pasó junto a mí sin decir nada más.
Y yo quise desaparecer.
Literalmente desaparecer.
¿Podía existir una forma más vergonzosa de iniciar el año escolar?
—¡Madison!
Reconocería esa voz en cualquier lugar.
Volteé inmediatamente.
Y vi a Melody corriendo hacia mí.
Una enorme sonrisa apareció en mi rostro.
Corrí hacia ella.
Nos abrazamos tan fuerte que casi perdí el equilibrio.
—Hola, tú. Te extrañé.
—Yo también te extrañé, Cane.
Nos separamos riendo.
—¿Y Jaylin?
Miré alrededor.
—Todavía no la he visto. Seguro llega tarde.
—¡Oye!
Ambas volteamos.
Jaylin caminaba hacia nosotras con una expresión indignada.
—Qué mala fama tengo.
Las tres estallamos en carcajadas.
—¡Jaylin!
—Hola, chicas.
Nos abrazamos nuevamente.
Era como si los meses de vacaciones hubieran desaparecido.
Todo volvía a sentirse normal.
—¿Qué hay de nuevo este año? —preguntó Jaylin.
Editado: 12.08.2026