Sentimientos

CAPITULO 8- Andrew Allen

—¿Por qué me están mirando así?

Me quité los auriculares y observé a mis dos primos.

Cristopher y Zacarías intercambiaron una mirada sospechosa.

Mala señal.

Muy mala señal.

—No lo sabemos —respondieron al mismo tiempo—. Tú dinos.

—No tengo nada que decir.

Me encogí de hombros y seguí caminando.

—No te hagas el inocente —insistió Cristopher—. Queremos una explicación coherente.

—¿Explicación de qué?

—De por qué le prestaste uno de tus auriculares a Madison.

Rodé los ojos.

Ya empezábamos.

—Porque me dio la gana.

—Mentira.

—No es mentira.

—Sí lo es.

—No.

—Sí.

—Maduraste menos que Duen —murmuré.

Cristopher ignoró mi comentario.

—Jamás prestas esos auriculares.

—Ni a nosotros —añadió Zac.

—Ni siquiera cuando viajamos juntos.

—Ni cuando te lo rogamos.

—Ni cuando amenazamos con lanzarte por una ventana.

—Eso nunca pasó.

—Porque no nos dejaste intentarlo.

Suspiré.

—Solo se los presté.

—¿Por qué?

—Porque sí.

—¿Por qué?

—Porque sí.

—¿Por qué?

—Porque sí.

—¿Por qué?

—Porque...

Me detuve.

—Porque iba a leer un libro en pleno viaje.

Ambos se quedaron en silencio.

Luego me observaron.

Luego volvieron a observarse.

Y después sonrieron.

Malditos.

—Ajá.

—Ajá.

—¿Qué significa ese "ajá"?

—Nada.

—Absolutamente nada.

—Los odio.

—No más que a Madison.

—No la odio.

—Claro.

—Claro.

—Déjenme en paz.

Zac soltó una carcajada.

—Además ustedes se odian.

—No nos odiamos.

—Se llevan fatal.

—Eso sí.

—Y jamás te habías comportado así con una chica.

—¿Así cómo?

—Como un completo imbécil.

—Gracias, Zac.

—De nada.

Bufé.

—Simplemente me gusta molestarla.

—¿Por qué?

—No lo sé.

Era la verdad.

No tenía idea.

Había algo en ella.

Algo extraño.

Algo que me hacía querer buscarla con la mirada.

Algo que me hacía querer discutir con ella.

Algo que me hacía querer verla enfadarse.

Y no entendía por qué.

—Te gusta.

—Te gusta.

Los miré como si acabaran de decir la mayor estupidez del mundo.

—¿Se golpearon la cabeza durante el viaje?

—Te gusta.

—No.

—Te gusta.

—No.

—Te gusta.

—No.

—Te gusta.

—Lárguense.

Cristopher empujó a Zac.

—Nos vamos.

—Antes de que nos golpees.

—Buena decisión.

Los observé alejarse.

Caminaron directamente hacia las chicas.

Jaylin comenzó a reírse de algo que dijo Cristopher.

Melody negó con la cabeza.

Y Madison...

Madison estaba escuchando.

Sonriendo ligeramente.

Por alguna razón me quedé observándola.

Quizás demasiado tiempo.

Porque de pronto levantó la vista.

Y nuestras miradas se encontraron.

Durante unos segundos nadie apartó los ojos.

Después ella dejó que sus amigas siguieran caminando.

Y para mi sorpresa...

Retrocedió.

Directamente hacia mí.

—¿Qué haces aquí solo?

Parpadeé.

¿Me estaba hablando?

¿De forma normal?

¿Sin llamarme idiota?

—Vaya.

Levanté una ceja.

—Tú hablándome sin insultarme.

—No te emociones.

Arrugó la nariz.

Por alguna razón me pareció gracioso.

—Solo te vi aquí parado como un árbol deprimido.

—Gracias por la descripción.

—De nada.

Se acomodó un mechón detrás de la oreja.

—Pensé que podía molestarte un rato.

—¿Es tu nuevo pasatiempo?

—Tal vez.

Sonrió.

Y por un instante olvidé responder.

—Es divertido pelear contigo.

Parpadeé.

—¿Divertido?

—Sí.

—Tenemos conceptos diferentes de diversión.

—En casa no puedo hacerlo.

La observé.

Había algo extraño en su tono.

Algo que no entendía.

—¿No puedes pelear con tus hermanos?

Soltó una pequeña risa.

Pero no parecía una risa feliz.

—¿Pelear?

Volvió a reír.

Esta vez con amargura.

—Si peleo con ellos...

Se quedó callada.

Luego habló más bajo.

—No como una semana.

Mi cuerpo se tensó.

Ella pareció darse cuenta de lo que había dicho.

Porque abrió mucho los ojos.

—Olvídalo.

Retrocedió un paso.

—Será mejor que vaya con los demás.

Y se marchó.

Rápido.

Demasiado rápido.

Me quedé inmóvil.

Mirando el lugar donde había estado.

No como una semana.

No.

Debí escuchar mal.

Nadie castigaba así a una persona.

¿Verdad?

No tenía sentido.

Pero la expresión de su rostro...

El miedo en sus ojos...

No parecía una broma.

—Chicos, acérquense por favor.

La voz del profesor me sacó de mis pensamientos.

Todos comenzaron a reunirse alrededor de él.

Yo hice lo mismo.

Aunque mi atención seguía buscando a alguien entre la multitud.

La encontré.

Estaba unos metros delante de mí.

Con la cabeza baja.

Jugando nerviosamente con las mangas de su sudadera.

—Como ya es de noche, formarán grupos de tres para las habitaciones.

Mis primos aparecieron a ambos lados.

—Dormiremos juntos.

—Como en los viejos tiempos.

—Qué emoción.

—No pareces emocionado.

—Porque no lo estoy.

—Mentiroso.

Zac fue por la llave mientras Cristopher seguía molestándome.

—¿Qué te pasa?

—Nada.

—Mentira.

—Nada.

—Mentira.

—Cristopher.

—Andrew.

—Cállate.

—No.

—Por favor.

—Tampoco.

Respiré profundamente.

Contar hasta diez no funcionó.

Hasta veinte tampoco.

—Te vimos hablando con Madison.

—¿Y?

—Y ella fue quien se acercó.

—¿Y?




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