Sentimientos

CAPITULO 12- Jaylin Evanson

Por alguna razón que desconozco, me acabo de despertar.

Sí, ya sé que eso no tiene nada de raro.

El problema es la hora.

Son las cinco de la mañana.

¡LAS CINCO DE LA MAÑANA!

Yo jamás me levanto a esa hora por voluntad propia.

Cuando tengo clases me despierto a las siete y ya me parece una tortura. Los fines de semana puedo dormir hasta las diez si nadie me molesta. Pero cinco de la mañana... eso es territorio desconocido.

Me incorporo lentamente en la cama y miro a mis amigas.

Melody está abrazando una almohada como si fuera un peluche gigante.

Madison duerme boca abajo ocupando más espacio del que físicamente debería ser posible.

Sonrío.

Por una vez, el mundo está en silencio.

Los primeros rayos del sol se filtran por la ventana de la habitación, tiñendo las paredes de tonos dorados. Afuera todo parece tranquilo. Demasiado tranquilo.

Y hermoso.

Tomo una chaqueta, mis audífonos y el celular.

Salgo sin hacer ruido.

El aire frío golpea mi rostro apenas abandono el hospedaje.

Respiro profundamente.

Se siente bien.

Muy bien.

Camino sin rumbo fijo por los senderos del campamento mientras los pájaros comienzan a cantar.

Entonces vuelve a aparecer esa idea.

La misma que lleva semanas rondando mi cabeza.

Semanas.

Quizás meses.

Una idea que jamás me atreví a hacer en casa.

Porque mis padres me lo prohibieron.

Porque dicen que es una pérdida de tiempo.

Porque dicen que jamás tendré futuro con eso.

Porque dicen que estoy soñando demasiado.

Pero ellos no están aquí.

Y si nadie se entera...

No pasará nada.

¿Verdad?

Sin darme cuenta llego hasta un pequeño lago rodeado de flores silvestres.

El agua cristalina refleja el cielo anaranjado del amanecer.

Es perfecto.

Simplemente perfecto.

—Aquí será...

Mi corazón empieza a latir más rápido.

Coloco el celular sobre unas piedras.

Lo acomodo varias veces hasta que la cámara apunta correctamente.

Trago saliva.

Estoy nerviosa.

Ridículamente nerviosa.

Pero si no lo intento ahora, nunca lo haré.

Presiono grabar.

Retrocedo unos pasos.

Sonrío.

—Hola. Mi nombre es Jaylin Evanson. Tengo diecisiete años...

Mi voz tiembla.

Respiro.

Vuelvo a intentarlo.

—Hola. Mi nombre es Jaylin Evanson. Tengo diecisiete años. Mi color favorito es el azul eléctrico...

Esta vez sale mejor.

Mucho mejor.

Continúo hablando.

Sobre mis gustos.

Sobre mis películas favoritas.

Sobre mí.

Por primera vez en mucho tiempo me siento libre.

Como si pudiera ser quien realmente soy.

—Mi película favorita es Cruella...

—Efectivamente, Uniqua. Ya vi esa película.

—¡AHHH!

Me sobresalto.

Intento correr hacia el celular.

Mi pie resbala en una piedra húmeda.

Y el mundo desaparece bajo mis pies.

Caigo al agua.

El impacto me roba el aire.

El frío atraviesa cada parte de mi cuerpo.

Intento moverme.

Intento salir.

Intento respirar.

Pero algo dentro de mí se rompe.

Porque de repente ya no estoy viendo el lago.

Estoy viendo el mar.

Otra vez.

Tengo ocho años.

Estoy usando un bañador rosa.

Mis flotadores favoritos.

Escucho la voz de mi madre.

—No te alejes mucho, hija.

Pero me alejo.

Porque el mar se ve hermoso.

Porque no entiendo el peligro.

Porque soy una niña.

Y entonces llega la ola.

Una.

Dos.

Tres.

Y después nada.

Solo agua.

Mucha agua.

Demasiada agua.

No puedo respirar.

No puedo gritar.

No puedo moverme.

Y el miedo vuelve a invadirme igual que aquel día.

El mismo miedo que jamás desapareció.

El mismo que hizo que nunca aprendiera a nadar.

El mismo que todavía me persigue.

Todo se vuelve oscuro.

Hasta que una voz atraviesa la niebla.

—¡Jaylin!

Otra vez.

—¡Jaylin, respira!

Algo me sacude.

—¡Vamos!

Toso violentamente.

Agua sale de mi boca.

Mis pulmones arden.

Mis ojos se abren de golpe.

Y lo primero que veo son unos ojos marrones llenos de preocupación.

Cristopher.

—¿Estás bien?

Toso otra vez.

Luego otra.

Y otra más.

—¡Fue tu culpa!

—¿Qué?

—¡Tu culpa!

—¿Mi culpa?

—¡Sí! ¡Apareciste de la nada!

—¿Yo tenía que saber que ibas a lanzarte al agua?

—¡No me lancé!

—Bueno, técnicamente sí te lanzaste.

—¡Cristopher!

Él suspira.

—Lo siento.

Su voz cambia.

Más suave.

Más sincera.

—De verdad lo siento.

Me quedo callada.

Porque la verdad es que él también parece asustado.

Muy asustado.

Me quito el cabello mojado de la cara.

Empiezo a temblar.

Entonces siento algo sobre mis hombros.

Su chaqueta.

—Te vas a congelar.

—Gracias...

Nos quedamos en silencio unos segundos.

—¿Qué hacías aquí tan temprano?

Miro inmediatamente el celular.

Sigue grabando.

Maldita sea.

—Nada.

—Jaylin.

—Nada.

—Estabas grabando algo.

—No.

—Vi el video.

—¿QUÉ?

—Solo los primeros segundos.

Quiero desaparecer.

Ahora mismo.

Aquí mismo.

—No te burles.

—¿Por qué me burlaría?

Bajo la mirada.

Porque todos se burlan.

Siempre.

—Era para un casting.

Cristopher parpadea.

—¿Un casting?

Asiento.

—De actuación.

—¿Actuación?

Asiento otra vez.

—¿Quieres ser actriz?

Mi garganta se aprieta.

—Desde pequeña.

Espero escuchar una risa.

Espero escuchar un comentario cruel.

Espero escuchar exactamente lo mismo que escucho en casa.

Pero no llega.




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