Hay personas que llegan a tu vida haciendo mucho ruido.
Personas que entran hablando demasiado.
Riendo demasiado fuerte.
Haciendo que todos sepan que están ahí.
Y luego están las personas como yo.
Las que observan.
Las que escuchan.
Las que recuerdan detalles que nadie más nota.
El problema de ser así...
Es que también notas cosas que preferirías no notar.
Como que Madison está intentando ser más fuerte de lo que se siente.
Como que Jaylin sonríe más desde el campamento.
Como que Cristopher y Jaylin ahora tienen una extraña habilidad para ponerse nerviosos cuando están cerca.
Y como que Zacarías lleva tres días intentando decirme algo.
Aunque claramente está fallando.
—¿Vas a seguir mirándome o vas a decirme qué pasa?
Zacarías levanta la mirada.
Está sentado frente a mí en la cafetería con una expresión de sorpresa.
—¿Qué?
—Llevas diez minutos mirando tu comida.
Mira su plato.
Después me mira a mí.
—Tal vez estoy pensando.
—Eso es preocupante.
Frunce el ceño.
—¿Por qué?
—Porque normalmente tú actúas antes de pensar.
—Eso fue ofensivo.
—Pero cierto.
Se queda callado.
Y después sonríe.
Odio cuando sonríe porque significa que está a punto de decir algo molesto.
—Me extrañaba que me insultaras.
—¿Perdón?
—Desde que volvimos del campamento has estado muy tranquila conmigo.
Cruzo los brazos.
—¿Y eso te preocupa?
—Muchísimo.
Ruedo los ojos.
—Eres imposible.
—Y aun así te sientas conmigo todos los días.
Silencio.
Odio cuando tiene pequeños momentos de inteligencia.
Porque no debería sorprenderme.
Pero lo hace.
La verdad es que Zacarías es complicado.
Es ruidoso.
Es impulsivo.
A veces habla sin pensar.
A veces hace cosas que hacen que todos quieran golpearlo.
Pero también es la primera persona que se da cuenta cuando alguien está triste.
La primera persona que intenta hacer reír a alguien.
La primera persona que se queda cuando todos los demás se van.
Y eso...
Eso es algo que pocas personas ven.
Porque es más fácil pensar que alguien es molesto.
Que aceptar que también puede ser bueno.
—Melody.
Levanto la mirada.
—¿Qué?
Su expresión cambia.
Más seria.
Eso me sorprende.
Porque Zacarías normalmente parece incapaz de estar serio durante más de treinta segundos.
—¿Tú eres feliz?
La pregunta me toma desprevenida.
Parpadeo.
—¿Qué clase de pregunta es esa?
—Una pregunta normal.
—No viniendo de ti.
Se encoge de hombros.
—Solo responde.
Lo miro.
Y por alguna razón no puedo responder rápido.
Porque debería decir que sí.
Tengo amigas increíbles.
Una familia.
Una vida que muchas personas considerarían perfecta.
Pero la verdad...
La verdad es más complicada.
—A veces.
Zacarías baja un poco la mirada.
—Eso pensé.
—¿Qué significa eso?
—Que siempre haces que todos estén bien.
Silencio.
—Pero nunca preguntas si tú estás bien.
Me quedo quieta.
Porque no esperaba eso.
No de él.
—No soy tan fácil de leer.
—Para los demás no.
Me mira.
—Para mí sí.
Mi corazón da un pequeño golpe extraño.
Odio cuando dice cosas así.
Porque no sé qué hacer con ellas.
Después de clases caminamos juntos hacia la salida.
No porque lo hayamos planeado.
Simplemente pasó.
Con Zacarías muchas cosas pasan así.
—Tengo una teoría.
—Tengo miedo de preguntar.
—Creo que sonríes cuando estás nerviosa.
Lo miro.
—No.
—Sí.
—No.
—Lo estás haciendo ahora.
Dejo de sonreír inmediatamente.
Él empieza a reír.
—Lo sabía.
—Eres insoportable.
—Pero tenía razón.
—Eso es lo peor.
Se ríe más fuerte.
Y aunque intento evitarlo...
También río.
Llegamos a la puerta del colegio.
Por un momento ninguno dice nada.
Hasta que Zacarías habla.
—Oye.
—¿Sí?
Mete las manos en los bolsillos.
Algo que hace cuando está nervioso.
—Si algún día necesitas hablar...
Lo miro.
—¿Sí?
Asiente.
—Puedes hacerlo conmigo.
Me quedo callada.
Porque estoy acostumbrada a ser la persona que escucha.
No la persona que necesita ser escuchada.
—Gracias.
Sonríe.
—De nada.
Camino unos pasos.
Entonces me detengo.
—Zacarías.
—¿Qué?
Lo miro.
—Tú también puedes hablar conmigo.
Su expresión cambia ligeramente.
Como si no esperara escuchar eso.
Después sonríe.
—Lo pensaré.
—Eso significa que no lo harás.
—Probablemente.
Río.
Porque esa respuesta es exactamente la que esperaba.
Esa noche estoy acostada mirando el techo.
Pienso en mis amigos.
En cómo todos tienen algo que están intentando superar.
Jaylin está aprendiendo a luchar por su sueño.
Madison está aprendiendo que sus sentimientos importan.
Y yo...
Supongo que estoy aprendiendo que no siempre tengo que fingir que todo está bien.
Mi celular vibra.
Un mensaje.
Zacarías.
Zacarías:
"No olvides que eres menos aterradora cuando sonríes."
Lo miro confundida.
Respondo:
Yo:
"¿Eso era un intento de cumplido?"
La respuesta llega rápido.
Zacarías:
"Sí."
Yo:
"Fue horrible."
Zacarías:
"Pero funcionó porque estás sonriendo."
Miro la pantalla.
Y odio admitirlo.
Pero tiene razón.
Otra vez.
Tal vez Zacarías no es tan molesto como pensé.
Editado: 12.08.2026