Sentimientos

CAPITULO 18- Jaylin Evanson

Hay una diferencia enorme entre soñar algo y tener la oportunidad de hacerlo.

Cuando sueñas, todo parece emocionante.

Cuando la oportunidad llega...

Es aterrador.

Estoy sentada en mi cama mirando el correo por vigésima vez.

La dirección.

La hora.

Las instrucciones.

Todo sigue exactamente igual.

No desaparece.

No cambia.

No resulta ser una broma.

La audición es real.

Y es mañana.

Mañana.

Mañana.

Mañana.

Mi cerebro parece haberse quedado atrapado en esa palabra.

—Vas a desgastar la pantalla.

Levanto la vista.

Melody está apoyada en el marco de la puerta.

—¿Qué?

—Llevas media hora mirando el mismo correo.

—No es cierto.

—Llevo veinte minutos observándote.

—Eso es raro.

—Y tú estás aterrada.

—Eso también es cierto.

Suspira y entra en la habitación.

—¿Qué es lo peor que puede pasar?

—¿Quieres una lista en orden alfabético o cronológico?

Ella pone los ojos en blanco.

—Jaylin.

—¿Qué?

—Respira.

—Estoy respirando.

—Como una persona normal.

—Ah.

---

El problema no es la audición.

Bueno.

Sí es la audición.

Pero no solamente eso.

El problema es que tengo que ir sola.

Mis padres creen que mañana estaré en una actividad escolar.

Si descubren la verdad...

Prefiero no imaginarlo.

Así que todo depende de mí.

Y eso me asusta más de lo que quiero admitir.

---

Al día siguiente llego al colegio con el estómago hecho un nudo.

No tengo hambre.

No puedo concentrarme.

Y estoy bastante segura de que me aprendí las líneas tan bien que podría recitarlas mientras estoy inconsciente.

—Te ves como alguien que acaba de ver un fantasma.

Levanto la cabeza.

Cristopher.

Genial.

Justo la persona que menos necesito cuando estoy intentando ocultar un ataque de nervios.

—Hola.

—Eso sonó deprimente.

—Hola.

—Mejor.

Intento seguir caminando.

Él me sigue.

—¿Qué hiciste?

—¿Por qué asumes que hice algo?

—Porque siempre pones esa cara cuando hiciste algo.

—No hice nada.

—Entonces estás preocupada por algo.

Maldición.

Lo odio.

Lo odio porque siempre parece notar cosas.

—Estoy bien.

—Mentira.

—Estoy perfectamente bien.

—Mentira más grande.

—Cristopher.

—Jaylin.

—Déjame en paz.

—No.

Suspiré.

—Tengo una audición hoy.

Él parpadea.

—¿Hoy?

Asiento.

—¿La siguiente fase?

—Sí.

—¿Y por qué no me lo habías dicho?

—Porque no quería ponerme más nerviosa.

—¿Y funcionó?

—No.

—Lo imaginé.

---

Durante el almuerzo sigo repasando el guion.

Una y otra vez.

Y otra vez.

Hasta que alguien me arrebata las hojas.

—¡Oye!

Cristopher las sostiene fuera de mi alcance.

—Ya te las sabes.

—Necesito practicar.

—Llevas practicando tres semanas.

—Necesito practicar más.

—Jaylin.

—Cristopher.

—Si sigues así vas a memorizar hasta las comas.

Le arrebato los papeles.

—No entiendes.

Su expresión cambia.

—Entonces explícamelo.

Y ahí está el problema.

Porque sí entiende.

Demasiado.

—¿Y si me quedo en blanco?

—No lo harás.

—¿Y si sí?

—Improvisas.

—¿Y si me caigo?

—Te levantas.

—¿Y si se ríen de mí?

—Se ríen de todos.

—Eso no ayuda.

—Estoy intentando.

No puedo evitar sonreír un poco.

Y él lo nota inmediatamente.

—Ahí está.

—¿Qué?

—La persona que estaba escondida debajo del ataque de ansiedad.

—No estoy teniendo un ataque de ansiedad.

—Claro.

---

Las clases terminan.

Y ahora sí.

Ya no hay más excusas.

Es hora de ir.

Estoy guardando mis cosas cuando escucho una voz detrás de mí.

—Vamos.

Me giro.

—¿Qué?

Cristopher tiene la mochila colgada en un hombro.

—Vamos.

—¿A dónde?

—A tu audición.

Parpadeo.

—¿Qué?

—Te acompaño.

—No tienes que hacerlo.

—Lo sé.

—Entonces no lo hagas.

—Voy a hacerlo.

—Cristopher.

—Jaylin.

—¿Por qué eres así?

—Porque alguien tiene que asegurarse de que no salgas corriendo antes de entrar.

Lo miro.

Y odio admitir que tiene razón.

Porque sí lo he considerado.

Varias veces.

En las últimas dos horas.

---

El trayecto dura menos de lo que me gustaría.

Cada minuto nos acerca más al edificio.

Y cada minuto mis nervios aumentan.

—Voy a vomitar.

—No vas a vomitar.

—Voy a desmayarme.

—Tampoco.

—Voy a morir.

—Eso sí parece poco probable.

—No estás ayudando.

—Estoy ayudando muchísimo.

—Eres horrible.

—Lo sé.

Y por alguna razón...

Me río.

Solo un poco.

Pero suficiente para sentirme mejor.

---

Cuando llegamos, mis piernas dejan de funcionar correctamente.

El edificio parece enorme.

Demasiado enorme.

Hay personas entrando y saliendo.

Algunos candidatos.

Algunos representantes.

Algunos padres.

Y yo siento que no pertenezco aquí.

—Cristopher.

—¿Sí?

—Creo que cometí un error.

—No.

—Ni siquiera saben quién soy.

—Todavía.

—No soy tan buena.

—Eso tampoco lo sabes.

Trago saliva.

Porque esas palabras me recuerdan algo.

Algo que me dijo junto al lago.

—¿Y si sí lo eres?

Él sonríe.

Como si supiera exactamente lo que estoy recordando.

—Exactamente.

---

Entramos.

Una mujer está registrando a los participantes.

Mis manos están temblando.

Cristopher lo nota.

Y antes de que pueda decir nada...




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