Sentimientos

CAPITULO 23- Zacarías Allen

Hay algo que nadie te dice sobre preocuparte por alguien.

Es agotador.

Especialmente cuando esa persona no sabe que te preocupa.

Y tú tampoco quieres que lo sepa.

Porque entonces tendrías que explicar por qué.

Y honestamente...

Ni yo mismo lo entiendo.

Han pasado tres días desde que Melody me escribió.

Tres.

No es mucho.

Pero es suficiente para que haya descubierto algo.

Melody responde los mensajes como si estuviera desactivando bombas.

Con extrema precaución.

Yo:
"¿Qué haces?"

Melody:
"Tarea."

Yo:
"¿Y ahora?"

Melody:
"Sigo haciendo tarea."

Yo:
"Eso es preocupante."

Melody:
"¿Por qué?"

Yo:
"Porque llevas tres horas haciendo tarea."

Melody:
"Porque tengo responsabilidades."

Insufrible.

Absolutamente insufrible.

Y aun así sigo escribiéndole.

No sé qué dice eso sobre mí.

Probablemente nada bueno.

Estoy caminando por los pasillos del colegio cuando veo a Andrew apoyado contra unos casilleros.

—Pareces deprimido.

Le digo.

—Y tú pareces molesto.

Responde.

—Yo siempre parezco molesto.

—Buen punto.

Me acerco.

—¿Qué haces?

—Esperando a Madison.

Sonrío inmediatamente.

—Ah.

Andrew cierra los ojos.

—No empieces.

—No he dicho nada.

—Pero lo vas a decir.

—Probablemente.

—Zacarías.

—Andrew.

Nos quedamos mirando unos segundos.

—Te gusta.

—Adiós.

Intenta irse.

Lo sujeto del brazo.

—¡Lo sabía!

—Suéltame.

—¡LO SABÍA!

—¿Quieres morir?

—Un poco.

Andrew suspira.

—Eres imposible.

—Y tú estás enamorado.

—No estoy enamorado.

—Claro.

—No lo estoy.

—Entonces ¿por qué la estás esperando?

Silencio.

—Porque sí.

—Ajá.

—Porque somos amigos.

—Ajá.

—Porque me preocupo por ella.

—AJÁ.

Andrew me empuja.

Y justo en ese momento aparece Madison.

Perfecto.

—Hola.

Dice ella.

—Hola.

Responde Andrew.

De inmediato.

Demasiado rápido.

Oh.

Esto es mejor de lo que imaginaba.

—Hola, Madison.

Ella sonríe.

—Hola, Zacarías.

—¿Sabías que Andrew te estaba esperando?

—ZACARÍAS.

—¿Qué?

Madison se ríe.

Andrew parece considerar seriamente empujarme por las escaleras.

Una reacción completamente exagerada.

Probablemente.

—Los dejo solos.

Digo.

—Por favor.

Responde Andrew.

Me alejo sonriendo.

Porque molestar a mis primos es una de las pocas alegrías gratuitas de la vida.

Llego a la cafetería unos minutos después.

Y entonces la veo.

Melody.

Está sentada sola.

Leyendo algo.

Normal.

Completamente normal.

Entonces ¿por qué me detengo?

No tengo idea.

Debería seguir caminando.

No lo hago.

Porque mi cerebro es un traidor.

—Hola.

Ella levanta la vista.

—Hola.

—¿Puedo sentarme?

—Ya lo hiciste.

Miro la silla.

Efectivamente.

—Buen punto.

Ella pone los ojos en blanco.

Y por alguna razón eso me hace sonreír.

—¿Qué lees?

—Biología.

—Qué aburrido.

—No todos podemos vivir de hacer bromas.

—Todavía no descarto esa opción profesional.

—Sorprendente.

—¿Por qué?

—Porque implica trabajar.

Me llevo una mano al pecho.

—Eso fue cruel.

—Fue verdad.

—Mucho más cruel.

Por un segundo parece que va a sonreír.

Solo un segundo.

Pero lo hace.

Y descubro algo.

Me gusta cuando sonríe.

Mucho.

Lo cual es un problema.

Porque normalmente cuando algo me gusta hago algo estúpido.

Y preferiría evitarlo.

Por una vez.

—Por cierto.

Dice ella.

—¿Sí?

—Gracias.

Parpadeo.

—¿Otra vez?

—Sí.

—¿Por qué exactamente?

Melody juega con la esquina de su cuaderno.

Y por primera vez parece incómoda.

—Porque la mayoría de las personas no preguntan dos veces.

Mi sonrisa desaparece un poco.

—Ah.

—Y tú sí.

No sé qué responder.

Porque de repente esto ya no parece una conversación cualquiera.

—Bueno...

Me rasco la nuca.

—Supongo que soy muy molesto.

Ella suelta una pequeña risa.

Pequeña.

Pero real.

Y eso se siente extrañamente como una victoria.

El timbre suena.

Melody cierra el libro.

—Tengo clase.

—Yo también.

Nos ponemos de pie.

Y comenzamos a caminar por el pasillo.

En silencio.

Lo cual normalmente sería incómodo.

Pero no lo es.

No realmente.

Cuando llegamos a la bifurcación donde nuestros salones se separan, ella se detiene.

—Nos vemos luego.

—Nos vemos.

Melody da unos pasos.

Y después se gira.

—Zacarías.

—¿Sí?

—Gracias por seguir preguntando.

Y antes de que pueda responder...

Se va.

Me quedo quieto unos segundos.

Observando cómo desaparece al doblar el pasillo.

Y por alguna razón...

Mi pecho se siente extraño.

Como si algo hubiera cambiado.

Como si una puerta se hubiera abierto apenas unos centímetros.

No lo suficiente para ver qué hay detrás.

Pero sí lo suficiente para querer mirar.

Y mientras entro a mi salón, una idea aparece en mi cabeza.

Tal vez Melody no necesita que alguien la arregle.

Tal vez no necesita consejos.

Tal vez no necesita que le diga qué hacer.

Tal vez...

Solo necesita que alguien se quede.

Y por alguna razón que todavía no entiendo...




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