Sentimientos

CAPITULO 26- Christopher Allen

Mi problema es que pienso demasiado.

La gente cree que no.

Porque hago bromas.

Porque sonrío.

Porque parezco relajado.

Mentira.

Pienso demasiado.

Y cuando algo se mete en mi cabeza...

Se queda ahí.

Por ejemplo:

Jaylin.

Más específicamente...

Los números de aquella carpeta.

Los costos.

Los viajes.

Las fechas.

Todo eso lleva tres días viviendo gratis en mi cerebro.

Y honestamente me gustaría desalojarlo.

Pero no parece tener intención de irse.

—¿Por qué tienes cara de funeral?

Pregunta Zacarías.

Estamos en la cafetería.

Andrew está revisando algo en su celular.

Zacarías está robándome mis papas fritas.

Una situación completamente normal.

—No tengo cara de funeral.

—Sí la tienes.

—No.

—Sí.

—No.

—Cristopher.

—¿Qué?

—Llevas cinco minutos mirando una servilleta.

Bajo la vista.

Estoy mirando una servilleta.

Maldición.

—Quizás está muy interesante.

—Quizás necesitas ayuda profesional.

—Eso también.

Andrew levanta la vista.

—¿Qué ocurre?

—Nada.

—Mentira.

Dice Zacarías.

Traidor.

—No es nada.

—Es Jaylin.

Me atraganto.

Andrew suspira.

Zacarías sonríe como un psicópata.

—¿Ves?

—Voy a asesinarte.

—Eso es un sí.

—No es un sí.

—Definitivamente es un sí.

Odio a mi familia.

Mucho.

—Tiene problemas con algo.

Termino admitiendo.

—¿Qué tipo de problemas?

Pregunta Andrew.

—Dinero.

Los dos dejan de bromear inmediatamente.

Porque esa palabra cambia muchas cosas.

Les cuento lo básico.

El proyecto.

Los viajes.

Los gastos.

Y cuando termino...

Nadie habla.

—Ah.

Dice Andrew.

—Sí.

Respondo.

—Eso es complicado.

—Sí.

—¿Y qué va a hacer?

Pregunta Zacarías.

Miro mi bandeja.

—No lo sé.

Y esa es la parte que más me molesta.

Porque realmente no lo sé.

Porque por primera vez desde que conozco a Jaylin...

La vi rendirse un poco.

Y eso me asusta más de lo que debería.

Mucho más.

Esa tarde llego a casa.

Y encuentro a mi padre en su oficina.

Normalmente seguiría de largo.

Pero esta vez me detengo.

Porque sobre su escritorio hay varios documentos.

Y reconozco inmediatamente el logotipo.

Allen Corporation.

Mi estómago se tensa.

Siempre ocurre.

Siempre.

Porque la empresa me recuerda a él.

A mi hermano.

Y hay días en los que eso sigue doliendo igual que antes.

Mi padre levanta la vista.

—¿Necesitas algo?

—No.

Mentira.

—Entonces deja de mirar los papeles como si fueran explosivos.

Pongo los ojos en blanco.

—Tal vez lo son.

Él casi sonríe.

Casi.

—Tu abuelo preguntó por ustedes.

Genial.

Justo lo que necesitaba escuchar.

—¿Y?

—Quiere saber si alguno participará en el programa de formación.

Ahí está.

La famosa práctica.

La oportunidad Allen.

El futuro Allen.

Todo muy Allen.

—No lo sé.

Mi padre asiente.

Pero antes de que pueda irme...

Habla.

—Tu hermano tampoco quería hacerlo.

Me quedo inmóvil.

Porque no esperaba escuchar eso.

Jamás.

—¿Qué?

—Las prácticas.

Mi padre baja la mirada hacia los documentos.

—Tuvo exactamente la misma discusión con tu abuelo.

Silencio.

—Nunca me lo dijiste.

—Nunca preguntaste.

Eso duele más de lo que debería.

Porque tiene razón.

Nunca pregunté.

Nunca quise escuchar.

Durante años fue más fácil evitar cualquier conversación relacionada con él.

Mucho más fácil.

—¿Y qué pasó?

Mi padre sonríe levemente.

—Terminó aceptando.

—¿Porque cambió de opinión?

—No.

Levanto la vista.

—Entonces ¿por qué?

—Porque encontró una razón que valía la pena.

Mi respiración se detiene por un segundo.

Porque esas palabras se quedan atrapadas en mi cabeza.

Una razón que valía la pena.

Esa noche estoy acostado en mi cama.

Con el celular en la mano.

Mirando una conversación.

Jaylin.

La última vez que hablamos fue hace horas.

Nada importante.

Nada especial.

Y aun así...

Pienso en ella.

En el papel.

En los viajes.

En la forma en que intentó fingir que estaba bien.

Y por primera vez desde que mi abuelo mencionó aquellas prácticas...

No siento enojo.

No siento rechazo.

Solo una pregunta.

Una pregunta simple.

Si aceptar significara ayudar a alguien...

¿Seguiría siendo una decisión tan imposible?

No tengo una respuesta.

Todavía no.

Pero por primera vez...

Estoy dispuesto a escuchar la pregunta.




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