Sentimientos

CAPITULO 27- Melody Miller

Mentir es más fácil de lo que la gente cree.

Especialmente cuando nadie quiere escuchar la verdad.

—¿Desayunaste?

—Sí.

Mentira.

—¿Almorzaste?

—Sí.

Mentira.

—¿Tienes hambre?

—No.

Mentira.

La mayoría de las personas creen que las mentiras son complicadas.

Que requieren preparación.

Que son difíciles de mantener.

No.

Las mejores mentiras son las más simples.

Las que nadie cuestiona.

Las que todos quieren creer.

Y últimamente...

Todos parecen querer creerme.

Excepto una persona.

Por supuesto.

Zacarías.

Porque mi vida claramente no era suficientemente complicada.

Estoy caminando por el pasillo cuando mi celular vibra.

Ya sé quién es antes de mirar.

Porque nadie más me escribe tantas tonterías.

Zacarías: "Reporte obligatorio de supervivencia."

Pongo los ojos en blanco.

Yo: "Sigo viva."

La respuesta llega inmediatamente.

Zacarías: "Excelente. Continúe con vida."

Yo: "Intentaré."

Zacarías: "No me decepciones."

Idiota.

Guardo el celular.

Y sonrío.

Solo un poco.

Lo cual también es un problema.

Porque me estoy acostumbrando a él.

Y eso nunca termina bien.

La siguiente clase es educación física.

Mi materia favorita.

Mentira.

Odio educación física.

Especialmente hoy.

Porque estoy cansada.

Más cansada de lo normal.

Aunque dormí.

O al menos eso creo.

Últimamente todo se siente extraño.

Como si mi cuerpo funcionara más lento.

Como si necesitara más esfuerzo hacer cosas simples.

Pero no importa.

Solo tengo que terminar la clase.

Nada más.

El profesor divide a todos en equipos.

Empiezan los ejercicios.

Correr.

Saltar.

Moverse.

Normal.

Completamente normal.

Hasta que deja de serlo.

Porque de repente el gimnasio gira.

Una vez.

Dos.

Parpadeo.

Intento concentrarme.

Pero el suelo parece moverse.

—¿Melody?

Escucho una voz.

Lejana.

Muy lejana.

—¿Estás bien?

Asiento.

Porque siempre asiento.

Porque siempre estoy bien.

Porque esa es la respuesta correcta.

Doy un paso.

Y mis piernas no parecen estar de acuerdo.

El mundo se inclina.

Y por un segundo estoy convencida de que voy a caer.

Pero una mano me sostiene.

—Whoa.

Parpadeo.

Zacarías.

Por supuesto.

Tenía que ser él.

—Estoy bien.

—No.

—Sí.

—No.

—Sí.

—Melody.

—Zacarías.

—Casi te caes.

—No me caí.

—Porque te sostuve.

Detalles.

Pequeños detalles.

—Estoy bien.

Repito.

Él me observa.

Y odio esa mirada.

Porque parece que puede ver más de lo que debería.

Mucho más.

—Ven.

—¿Qué?

—Siéntate.

—No necesito...

—Melody.

Maldición.

Odio cuando usa ese tono.

Porque por alguna razón...

Termino obedeciendo.

Nos sentamos en una banca al lado del gimnasio.

El resto de los estudiantes sigue con la clase.

Por unos segundos ninguno habla.

—¿Quieres decirme qué pasa?

Pregunta finalmente.

Mi corazón se acelera.

Porque esa pregunta es peligrosa.

Muy peligrosa.

—Nada.

—Claro.

—Nada.

—Melody.

—Estoy cansada.

No es una mentira.

Solo no es toda la verdad.

—¿Solo cansada?

—Sí.

Silencio.

—Está bien.

Dice finalmente.

Lo miro.

—¿Está bien?

—No te creo.

Ah.

Genial.

—Pero no voy a obligarte a hablar.

Parpadeo.

No esperaba eso.

—¿No?

—No.

Mira hacia la cancha.

—Solo quiero que sepas que cuando quieras hacerlo...

Puedes hacerlo.

Mi garganta se aprieta.

Porque nadie suele decir esas cosas.

Y mucho menos quedarse después.

Normalmente la gente pregunta una vez.

Y cuando respondes que estás bien...

Se marchan.

Eso es lo fácil.

Zacarías no parece interesado en hacer lo fácil.

Qué molesto.

—Gracias.

Murmuro.

Él sonríe.

—De nada.

Y por primera vez en mucho tiempo...

La idea de contarle la verdad no parece tan imposible.

Eso debería asustarme.

Probablemente.

Pero no lo hace.

Y quizás eso es lo que más miedo da.




Reportar




Uso de Cookies
Con el fin de proporcionar una mejor experiencia de usuario, recopilamos y utilizamos cookies. Si continúa navegando por nuestro sitio web, acepta la recopilación y el uso de cookies.