Sentimientos

CAPITULO 28-Zacarias Allen

Hay errores que uno comete una vez.

Y aprende.

Y jamás vuelve a repetir.

Y luego están los errores que uno cree que jamás volverá a cometer.

Hasta que descubre que la vida tiene otros planes.

Estoy acostado en mi cama.

Son las dos de la mañana.

Y no puedo dormir.

Otra vez.

Porque cada vez que cierro los ojos veo a Melody tambaleándose en el gimnasio.

Veo cómo casi cae.

Veo su sonrisa.

Y escucho aquella respuesta.

"Estoy bien."

Mentira.

Lo sé.

Ella lo sabe.

Probablemente hasta los profesores lo saben.

Pero nadie dice nada.

Porque es más fácil fingir.

Más cómodo.

Más seguro.

Yo también lo hice una vez.

Y todavía me odio por eso.

Me incorporo.

Tomo el celular.

Y comienzo a buscar.

No debería hacerlo.

Lo sé.

Pero igual lo hago.

Trastornos alimenticios.

Síntomas.

Consecuencias.

Tratamientos.

Leo un artículo.

Luego otro.

Y otro más.

Mi estómago se retuerce.

Porque cada página parece describir a Melody.

Saltarse comidas.

Cansancio constante.

Mareos.

Pérdida de peso.

Conductas para aparentar que come.

Mi respiración se vuelve más lenta.

Porque recuerdo la cafetería.

La cuchara.

Suspenderla en el aire.

Acercarla a la boca.

Y después bajarla nuevamente.

Una y otra vez.

Como si comer fuera una actuación.

Como si estuviera interpretando un papel para todos los demás.

Cierro los ojos.

Porque de repente ya no estoy viendo una pantalla.

Estoy viendo otra mesa.

Muchos años atrás.

Y otra persona.

Mi hermana.

Al principio nadie se dio cuenta.

O quizás sí.

Y simplemente no entendimos lo que estaba ocurriendo.

Porque las señales eran pequeñas.

Demasiado pequeñas.

Una comida menos.

Una excusa.

Un "ya comí".

Un "no tengo hambre".

Un "estoy bien".

Siempre estaba bien.

Hasta que dejó de estarlo.

Aprieto la mandíbula.

Porque todavía recuerdo las discusiones.

Las lágrimas.

Las promesas.

Y también recuerdo algo peor.

La esperanza.

Porque todos creíamos que podíamos arreglarlo solos.

Que era una fase.

Que pasaría.

Que mañana sería mejor.

Esperamos demasiado.

Y el mañana nunca llegó.

Abro los ojos rápidamente.

Mi habitación vuelve a aparecer.

Pero el peso en mi pecho sigue ahí.

Más fuerte que antes.

Continúo leyendo.

Especialistas.

Terapias.

Programas de recuperación.

Centros médicos.

Y entonces encuentro algo.

Una clínica.

Una de las mejores.

Leo toda la información.

Las consultas.

Los tratamientos.

El seguimiento.

Y después veo los costos.

Mi corazón se hunde.

Porque es mucho dinero.

Muchísimo.

No para mi familia.

Pero sí para mí.

Porque el dinero de mis padres no es mío.

Y además...

¿Cómo explicaría por qué lo necesito?

No puedo decir:

"Hola, creo que la chica que me gusta necesita ayuda profesional y quiero pagarla."

Eso sería una conversación bastante extraña.

Muy extraña.

Me dejo caer contra el respaldo de la cama.

Y por primera vez admito algo.

No puedo hacer esto solo.

No importa cuánto la haga reír.

No importa cuántos mensajes le envíe.

No importa cuánto me quede a su lado.

Hay cosas que requieren más que buenas intenciones.

Mucho más.

Mi celular vibra.

Un mensaje.

Y ya sé quién es antes de mirar.

Melody.

Mi corazón hace algo estúpido.

Porque claramente no ha aprendido.

Abro el chat.

Melody: "Ya cené."

Solo eso.

Dos palabras.

Nada más.

Me quedo observando la pantalla.

Durante varios segundos.

Porque no sé si creerle.

Y odio no saberlo.

Odio haber llegado a ese punto.

Mis dedos permanecen inmóviles sobre el teclado.

Porque por primera vez no tengo una broma.

No tengo una respuesta ingeniosa.

No tengo una solución.

Solo tengo miedo.

Miedo de estar viendo la misma historia repetirse.

Miedo de llegar demasiado tarde otra vez.

Finalmente escribo.

Yo: "Me alegra."

Lo envío.

Y después dejo el celular a un lado.

Porque cualquier otra cosa sería una mentira.

Miro el techo.

Y una idea aparece lentamente.

Una idea que hace apenas unas semanas habría rechazado inmediatamente.

Una idea que tiene oficinas.

Reuniones.

Trajes.

Y el apellido Allen escrito por todas partes.

Las prácticas.

Siempre me parecieron una prisión elegante.

Una forma de convertirnos en copias de nuestros padres.

Pero ahora...

Ahora pienso en Andrew.

Pienso en Cristopher.

Pienso en mí.

Y por primera vez me pregunto si existe una razón lo suficientemente importante para aceptar.

Porque Melody necesita ayuda.

Ayuda de verdad.

Y la ayuda de verdad cuesta dinero.

Cierro los ojos.

Sin embargo, esta vez no estoy pensando en la empresa.

Ni en mi abuelo.

Ni en el legado Allen.

Estoy pensando en una chica que siempre dice que está bien.

Y en cuánto deseo que, por una vez...

Eso sea verdad.




Reportar




Uso de Cookies
Con el fin de proporcionar una mejor experiencia de usuario, recopilamos y utilizamos cookies. Si continúa navegando por nuestro sitio web, acepta la recopilación y el uso de cookies.