Mientras Aria se retorcía pensando, tocaron el timbre.
Por un instante, una idea cruzó su mente.
—¡Papi volvió después de tanto tiempo!
Sin pensarlo dos veces, salió corriendo de su cuarto y bajó las escaleras lo más rápido que pudo.
Abrió la puerta con una enorme sonrisa.
—¡Papi, volviste!
Pero no era lo que imaginaba.
Frente a ella había una señora de la edad de su abuela Nicol, con un vestido elegante y una pequeña maleta en la mano.
Aria dio un paso hacia atrás.
La sonrisa desapareció de su rostro.
Sin decir nada, cerró la puerta de golpe.
—¡Vete, señora!
La mujer se quedó inmóvil durante unos segundos y luego comenzó a tocar el timbre una y otra vez.
—¡Hola! ¿Hay alguien? ¡Abran, por favor!
Nicol salió rápidamente de la cocina y abrió la puerta.
—¡Sury! Vaya... perdón por la niña...
Sury cruzó los brazos, todavía sorprendida.
—¡La niña! ¡Esa niña me cerró la puerta en la cara! ¿No viste lo que hizo?
Nicol suspiró.
—Perdónala... ella creyó que quien tocaba era otra persona.
Sury frunció el ceño.
—¿Otra persona?
En ese momento, Aria apareció lentamente detrás de su abuela con los ojos llenos de lágrimas.
—Yo... pensé que era mi papi...
Toda la molestia de Sury desapareció de inmediato.
La mujer bajó la mirada y comprendió lo que había pasado.
Se agachó hasta quedar a la altura de Aria.
—Lo siento mucho, pequeña. No quería asustarte.
Aria se secó las lágrimas con la manga de su suéter.
—Es que... a veces sueño que él vuelve y toca la puerta.
Nicol abrazó a Aria con fuerza.
La sala quedó en silencio.
Por un momento, nadie encontró las palabras adecuadas.
Sury acarició con suavidad el cabello de Aria.
—Tu papá no puede volver, mi niña... pero eso no significa que dejara de quererte.
Aria levantó lentamente la mirada.
Aunque seguía sintiendo un vacío en su corazón, las palabras de Sury le dieron un poco de calma.
Sin embargo, aquella falsa esperanza de volver a ver a su padre hizo que la nostalgia invade nuevamente su corazón.