Todos quedaron mirando la palabra que había aparecido en la carta.
"Cuidado..."
El silencio invadió la sala.
De repente, alguien tocó la puerta.
—¿Quién será a esta hora? —preguntó Nicol.
Steven abrió lentamente.
Frente a la puerta había una joven de unos dieciséis años. Tenía el cabello oscuro, una pequeña mochila y un collar con una luna plateada muy parecida a la que aparecía en las cartas de Irene.
La muchacha sonrió con ternura al ver a Aria.
—Feliz cumpleaños... mamá.
Toda la sala quedó completamente en silencio.
—¿...Mamá? —preguntó Aria confundida.
La joven se dio cuenta de lo que había dicho y sonrió nerviosa.
—Perdón... todavía no debía decirlo.
Antonella abrió mucho los ojos.
—¿Quién eres tú?
La muchacha respiró profundo.
—Mi nombre es Dana.
Steven frunció el ceño.
—Nunca te había visto.
Dana miró a Aria con los ojos llenos de emoción.
—Es normal... porque yo todavía no he nacido.
Todos se quedaron inmóviles.
—¿Qué...? —preguntó Nicol sin creer lo que escuchaba.
Dana levantó lentamente el collar que llevaba puesto.
—Vengo de muchos años en el futuro.
Aria la observaba sin entender nada.
—¿Del... futuro?
Dana asintió.
—Sí. Soy tu hija.
Aria comenzó a reír.
—¡Eso es imposible! ¡Solo tengo siete años!
Dana también sonrió.
—Lo sé... y por eso vine. Solo podía viajar una vez en el tiempo.
Miguel, Mike, Sonia, Lucila y los demás no podían creer lo que estaban escuchando.
Steven dio un paso al frente.
—¿Y por qué arriesgarte a venir?
Dana sacó un pequeño reloj de bolsillo con una luna grabada en la tapa.
—Porque la siguiente pista habla de este reloj.
Todos recordaron la carta de Irene.
"Busca donde las agujas nunca descansan..."
Dana abrió el reloj.
Dentro había una pequeña llave dorada.
—Las agujas del reloj no solo marcaban el tiempo... también señalaban el camino hacia esta llave.
Aria abrió los ojos con sorpresa.
—¿Entonces... esa era la pista?
Dana asintió.
—Pero hay algo más importante.
Guardó el reloj y miró a Aria con seriedad.
—Mamá... pase lo que pase, nunca dejes de confiar en las personas que de verdad te aman.
Porque muy pronto...
...alguien intentará cambiar tu destino.
En ese instante, el reloj comenzó a brillar con una intensa luz azul.
Dana miró el reloj preocupada.
—¡No... ya se acabó el tiempo!
Un fuerte viento llenó la casa.
La luz envolvió a Dana poco a poco.
Antes de desaparecer, sonrió una última vez.
—Feliz cumpleaños... mamá.
Y, en un abrir y cerrar de ojos...
Dana desapareció sin dejar rastro.
Lo único que quedó sobre el suelo fue la pequeña llave dorada.
Aria la recogió lentamente.
Sin saberlo, aquella llave no sólo abriría una puerta...
También abriría el secreto más grande que Irene había dejado escondido durante todos esos años.